Windows 11 supera los 1.000 millones de usuarios en tiempo récord pese a sus fallos

Última actualización: enero 30, 2026
Autor: Isaac
  • Windows 11 alcanza los 1.000 millones de dispositivos activos en 1.576 días, adelantando a Windows 10
  • El fin del soporte de Windows 10 y el empujón navideño de ventas de PC disparan la adopción
  • Actualizaciones recientes de Windows 11 provocan errores graves de arranque, apagado y rendimiento
  • Microsoft prioriza la IA en Windows 11, aunque menos del 2% de PCs pueden aprovecharla plenamente

Windows 11 mil millones de usuarios

Windows 11 ha cruzado oficialmente la barrera de los 1.000 millones de usuarios activos en todo el mundo, consolidándose como el sistema operativo de referencia en el ecosistema PC. El hito llega en un momento peculiar: mientras Microsoft presume de cifras históricas, una parte importante de la comunidad sigue señalando problemas de estabilidad, errores tras las últimas actualizaciones y dudas sobre el rumbo del sistema.

La propia Microsoft, a través de su CEO Satya Nadella, ha sido la encargada de poner la cifra sobre la mesa durante la presentación de sus últimos resultados financieros. Según los datos compartidos por la compañía, Windows 11 ha alcanzado este volumen de usuarios más rápido que Windows 10, a pesar de los requisitos de hardware más estrictos, el rechazo inicial de muchos usuarios y un arranque marcado por la polémica.

Un hito histórico: mil millones de usuarios en menos tiempo que Windows 10

Microsoft confirma los problemas de actualización de Windows 11 de enero de 2026, al menos soluciona el problema
Artículo relacionado:
Microsoft confirma fallos en la última actualización de Windows 11 y lanza arreglos parciales

De acuerdo con la información revelada por Microsoft, Windows 11 ha necesitado 1.576 días para superar los 1.000 millones de dispositivos activos. Esta cifra supone un nuevo récord dentro de la propia familia Windows si se compara con Windows 10, que requirió 1.706 días para alcanzar la misma marca. Es decir, la versión más reciente ha llegado a ese número de instalaciones unos cuatro meses antes que su predecesora.

El dato contrasta con la percepción que mucha gente tenía del sistema. Desde su lanzamiento, Windows 11 ha sido visto como una versión más exigente y con menos margen para equipos antiguos, principalmente por la obligatoriedad de contar con TPM 2.0 y otros requisitos de seguridad. Pese a ello, la velocidad de adopción ha sido mayor que la de Windows 10, incluso cuando este último ofrecía una actualización mucho más abierta a casi cualquier PC que estuviera en servicio.

En la llamada con inversores, Nadella explicó que este salto se traduce en un crecimiento interanual de alrededor del 45 % para Windows 11, tomando como referencia los datos de 2025. En otras palabras, durante ese año el sistema sumó casi la mitad de usuarios adicionales respecto al año anterior, un ritmo difícil de ignorar incluso en un contexto de críticas constantes.

Desde medios especializados hasta informes de consultoras tecnológicas apuntan a que una parte de este éxito obedece a factores externos: el ciclo natural de renovación de equipos, la presión por requisitos de seguridad más modernos y la propia estrategia de Microsoft de acotar el futuro de Windows 10. El resultado es que, aunque el ruido alrededor de los fallos es notable, la base instalada sigue creciendo.

En Europa y España, donde el parque de PCs profesionales y domésticos sigue dependiendo mayoritariamente de Windows, este cambio de versión se está notando especialmente en empresas, administraciones y centros educativos. La necesidad de cumplir con políticas de seguridad actualizadas y el temor a quedarse sin parches críticos están empujando migraciones masivas incluso en entornos donde la satisfacción con Windows 10 era alta.

Relacionado:  Solución para error 0xc0000135 en Windows 11 al iniciar aplicaciones

Windows 11 adopcion global

Navidades, miedo al encarecimiento del hardware y fin de soporte de Windows 10

Uno de los elementos que mejor explican este salto es el último trimestre navideño. Según los datos que se han hecho públicos, la marca de los 1.000 millones de usuarios se habría alcanzado justo durante la campaña de fin de año, un periodo que tradicionalmente concentra una gran parte de las ventas de ordenadores nuevos a nivel mundial.

Este año, sin embargo, a la campaña navideña se ha sumado la preocupación por el aumento de precios del hardware. En los meses previos, diferentes informes alertaban de incrementos repentinos en componentes clave como memorias, almacenamiento o chips, lo que empujó a muchos consumidores a adelantar la compra o renovación de sus equipos antes de que el coste subiera aún más. Al tratarse de PCs nuevos, la inmensa mayoría llegaba ya con Windows 11 preinstalado.

La otra gran pieza del puzzle es la situación de Windows 10 y el fin de su soporte oficial. Microsoft fijó el 14 de octubre de 2025 como la fecha en la que el sistema dejaba de recibir actualizaciones de seguridad estándar, una decisión que ha tenido un impacto directo en empresas y usuarios domésticos europeos. Para muchos, seguir con Windows 10 más allá de ese punto suponía asumir riesgos de seguridad que resultan difíciles de justificar, especialmente en entornos corporativos o institucionales.

Ante la presión de clientes, organismos reguladores y socios tecnológicos, la compañía habilitó un programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU) para prolongar durante un año más el suministro de parches críticos. En la Unión Europea, este soporte extendido se ha comunicado como gratuito para los usuarios elegibles, mientras que en otros mercados requiere un pago adicional, algo que ha generado malestar entre parte de la comunidad internacional.

Pese a ese balón de oxígeno, muchos administradores de sistemas y responsables de TI en España y el resto de Europa han comenzado ya proyectos de migración progresiva hacia Windows 11, conscientes de que el soporte extendido es solo una solución temporal. El riesgo de quedarse definitivamente sin actualizaciones empuja a más organizaciones a dar el salto, incluso cuando no todos los equipos están preparados para cumplir al 100 % los requisitos recomendados por Microsoft.

Un éxito de adopción con fama de sistema problemático

El contraste entre las cifras y la percepción pública ha llevado a algunos analistas a describir a Windows 11 como “el sistema más exitoso y a la vez más criticado” de la historia de la plataforma. Mientras versiones como Windows Vista o Windows 8 nunca llegaron a acercarse al umbral de los mil millones de usuarios, el actual sistema ha alcanzado esa meta a pesar de dos factores en teoría adversos: requisitos de hardware más duros y una imagen pública deteriorada.

El punto más delicado en la reputación reciente de Windows 11 tiene que ver con los fallos introducidos por las actualizaciones de seguridad más recientes, especialmente las que se desplegaron a comienzos de año. En diversas regiones, incluidos países europeos, se han documentado casos de equipos que dejaron de arrancar con normalidad tras instalar los parches mensuales, mostrando pantallas de error y forzando procesos de recuperación manual.

Algunos usuarios se han encontrado con el mensaje de que “el dispositivo ha experimentado un problema y necesita reiniciarse”, acompañado de códigos de error relacionados con UNMOUNTABLE_BOOT_VOLUME. En estos escenarios, el sistema queda incapaz de iniciar de forma convencional y los administradores deben recurrir a herramientas de reparación avanzadas, restauración de puntos anteriores o incluso a reinstalaciones completas para devolver el equipo a un estado funcional.

Relacionado:  Comprobando la RAM en Windows 11/10

Microsoft ha reconocido que ciertos problemas se deben a la combinación de la actualización de seguridad de enero con equipos que habían omitido o revertido el parche de diciembre. Esta situación generó un contexto técnico desfavorable que disparaba el riesgo de fallo al intentar aplicar las nuevas versiones del software. A día de hoy, la compañía ha liberado correcciones parciales, pero ha admitido que no todos los casos quedan cubiertos y que siguen trabajando en soluciones adicionales.

Más allá de los errores de arranque, las quejas por fallos cotidianos también se han ido acumulando. Se han reportado problemas al intentar abrir aplicaciones nativas como el bloc de notas, incidencias en Outlook clásico, fondos de pantalla que se vuelven negros de forma repentina o errores en el Explorador de archivos. Para usuarios que solo quieren encender el ordenador y trabajar sin complicaciones, estos contratiempos generan la sensación de que el sistema se ha vuelto menos fiable de lo que cabría esperar en un producto tan extendido.

Problemas y actualizaciones en Windows 11

Actualizaciones conflictivas: errores en 23H2, 24H2 y 25H2

Los problemas no se limitan a incidentes aislados. Durante las primeras semanas del año, varias compilaciones recientes de Windows 11, como las versiones 23H2, 24H2 y 25H2, han estado en el centro de las críticas por fallos derivados de la actualización de seguridad del 13 de enero. En particular, los parches identificados como KB5073455 y KB5074109 han sido señalados por usuarios y administradores de sistemas por provocar comportamientos anómalos.

Entre los errores más comentados se encuentran fallos al apagar o hibernar el equipo, obligando a muchos usuarios a recurrir al reinicio como única vía para cerrar sesión o aplicar cambios. En entornos corporativos, donde la gestión de energía y el trabajo remoto son clave, este tipo de limitaciones supone un quebradero de cabeza adicional para departamentos de TI ya saturados.

A ello se suman incidencias en Azure Virtual Desktop y Windows 365, con cortes de conexión, problemas de autenticación y errores recurrentes al solicitar credenciales en aplicaciones de acceso remoto. Para empresas que dependen de escritorios virtuales o de servicios en la nube para su actividad diaria, estos fallos han obligado a posponer despliegues, revertir parches o limitar temporalmente el uso de determinadas funciones.

Otros usuarios han notado impactos en el rendimiento de tarjetas gráficas NVIDIA después de algunas actualizaciones, así como desactivación de módems y dispositivos de red que dejaron de funcionar correctamente sin una causa aparente. En los casos más graves, los equipos directamente no conseguían iniciar Windows tras instalar los parches, lo que ha llevado a centros de soporte, tanto oficiales como de terceros, a recibir un volumen significativo de consultas.

Microsoft ha optado en varias ocasiones por publicar actualizaciones fuera de banda (OOB) para intentar controlar la situación, lanzando parches de emergencia destinados a corregir los errores introducidos por las propias actualizaciones mensuales. Sin embargo, el ritmo de aparición de nuevas incidencias ha alimentado la sensación de que el proceso de control de calidad de Windows 11 no siempre está a la altura del alcance que tiene el sistema, sobre todo cuando se despliega en millones de dispositivos de trabajo en Europa y el resto del mundo.

Relacionado:  Modo seguro en Windows 11: Métodos de inicio y configuración

La apuesta por la IA y el choque con el hardware real

Mientras tanto, la hoja de ruta pública de Microsoft para Windows 11 está cada vez más centrada en la integración de funciones de inteligencia artificial. La compañía ha presentado el sistema como una plataforma diseñada para aprovechar capacidades avanzadas de IA, desde asistentes contextuales hasta mejoras en productividad, creatividad o gestión de ventanas. Sobre el papel, esa visión encaja con la estrategia general del sector tecnológico.

El problema es que, a día de hoy, menos del 2 % de los ordenadores en uso contaría con el hardware necesario para sacar partido a buena parte de estas funciones, especialmente en lo relativo a la presencia de una NPU (unidad de procesamiento neuronal) integrada en la CPU o en el SoC. En grandes mercados europeos, donde el parque de dispositivos suele tener varios años de antigüedad, esta brecha entre el discurso y la realidad del hardware se hace todavía más evidente.

Esta situación provoca que muchos usuarios perciban que se están priorizando novedades llamativas pero poco útiles en su día a día, mientras algunos problemas básicos, como la estabilidad tras las actualizaciones o el funcionamiento de herramientas clave, no se resuelven con la rapidez esperada. En España, por ejemplo, no es raro encontrar a usuarios que han actualizado obligados por requisitos laborales o educativos y que comentan que “no notan gran diferencia” salvo cambios visuales y algún que otro contratiempo tras instalar parches.

Por otra parte, Microsoft también insiste en que Windows 11 seguirá siendo una plataforma pensada para todo tipo de perfiles: desarrolladores, jugadores, profesionales de oficina y usuarios domésticos. Tras las quejas por la deriva del sistema, la compañía ha prometido “cambios profundos en la plataforma” para mejorar la estabilidad y responder a las críticas. No obstante, por ahora la percepción en parte de la comunidad técnica es que esas promesas necesitan traducirse en resultados tangibles y sostenidos en el tiempo.

La paradoja es que, aunque en redes sociales y foros especializados abunda el descontento, las cifras de uso indican que el rechazo quizá no es tan masivo como puede parecer desde la llamada “burbuja tecnológica”. Para muchos usuarios que no siguen la actualidad del sector, Windows 11 es simplemente el sistema que viene con su nuevo ordenador, y mientras les permita trabajar, estudiar o jugar sin grandes dramas, no sienten una animadversión especial hacia él.

En conjunto, el panorama que deja este hito es complejo: Windows 11 se afianza como la versión más extendida y a la vez más discutida de la historia reciente de Microsoft. El empuje del fin de soporte de Windows 10, las campañas navideñas de venta de PC y las exigencias de seguridad han llevado al sistema a superar la marca de los 1.000 millones de usuarios en un tiempo récord. Pero los fallos recurrentes, las actualizaciones problemáticas y el énfasis en la IA en un parque de hardware que aún no está preparado obligan a la compañía a demostrar que puede cuidar mejor de una base de usuarios tan enorme, especialmente en regiones como España y el resto de Europa, donde Windows sigue siendo la columna vertebral de la informática personal y profesional.