El modus operandi es cada vez más sofisticado: los estafadores se hacen pasar por reclutadores, contactan a sus víctimas a través de LinkedIn y les proponen una prueba técnica de programación. Al descargar el archivo de la supuesta evaluación, la víctima instala sin saberlo un software malicioso que roba tokens de sesión y permite eludir la autenticación de múltiples factores (MFA). Así, los atacantes consiguen acceder a cuentas y repositorios de código, y en el caso de Singapur, incluso manipular los controles de transferencia de criptomonedas.
El modus operandi de la estafa
La Agencia de Ciberseguridad de Singapur (CSA) y la Policía de Singapur (SPF) han detallado cómo se desarrolla este engaño. Todo comienza con un perfil falso de reclutador que ofrece un puesto atractivo en una empresa de criptomonedas o tecnología. Tras varias entrevistas, el candidato recibe una prueba de código que resulta ser un archivo malicioso. Al ejecutarlo, el malware se instala en el equipo y roba el token de sesión del navegador, una credencial que permite al atacante actuar como si fuera el usuario legítimo sin necesidad de introducir contraseñas ni códigos de verificación.
Con ese token, los ciberdelincuentes pueden eludir la autenticación multifactor y acceder a servicios internos como repositorios de código. En el caso de Singapur, lograron modificar las instrucciones de implementación de software para infiltrarse en la infraestructura de la empresa y, finalmente, sobrepasar los límites de transacción en las transferencias de criptomonedas. Las pérdidas totales alcanzaron los 11,8 millones de dólares, una cifra que refleja el daño que puede causar una sola brecha de seguridad.
Recomendaciones de las autoridades
Ante el aumento de este tipo de fraudes, la CSA y la SPF han publicado una serie de consejos para que tanto trabajadores como empresas puedan protegerse. La primera recomendación es desconfiar de ofertas laborales no solicitadas que pidan instalar software o ejecutar scripts en el equipo. También es fundamental verificar la identidad del reclutador a través de canales oficiales, como el sitio web de la empresa, y no fiarse solo del mensaje recibido en LinkedIn.
Otra medida clave es ejecutar cualquier prueba de código en entornos aislados, como máquinas virtuales, y nunca en dispositivos con acceso a sistemas corporativos. Además, se recomienda cerrar sesiones activas y rotar credenciales ante cualquier sospecha, ya que un token robado puede seguir siendo válido durante un tiempo. Las empresas, por su parte, deberían acortar la vida útil de los tokens de sesión, monitorear accesos anómalos a repositorios y no confiar únicamente en el MFA como barrera final.
Este caso pone de manifiesto que la ingeniería social sigue siendo una de las vías más efectivas para los ciberdelincuentes. La confianza que depositamos en plataformas como LinkedIn puede convertirse en una puerta de entrada si no se toman las precauciones adecuadas. La pérdida de 11,8 millones de dólares no es un hecho aislado, sino un recordatorio de que la seguridad en línea depende tanto de la tecnología como de la formación de los usuarios. Las autoridades continúan investigando el incidente, pero la mejor defensa es la prevención y el sentido común.

