- Microsoft introduce una mejora de rendimiento silenciosa mediante la actualización opcional KB5089573.
- La tecnología utiliza picos temporales de frecuencia en la CPU para agilizar la apertura de menús y aplicaciones.
- Los equipos con menos recursos son los que más notarán este incremento en la fluidez del sistema.
- La función se activará de forma obligatoria para todos los usuarios con el parche de seguridad de junio.
Desde hace unos días, los usuarios que suelen estar al tanto de las novedades de Microsoft se han topado con una sorpresa interesante. Se trata de un movimiento estratégico por parte de la compañía para intentar que su sistema operativo sea un poco más ligero a la vista y al tacto, algo que muchos venían reclamando desde hace tiempo. A través de la actualización opcional identificada como KB5089573, se ha empezado a desplegar lo que internamente llaman Perfil de Baja Latencia, una función que promete quitarle esas telarañas a la interfaz que a veces nos desesperan.
Aunque en un principio las notas del parche hablaban de forma algo vaga sobre mejoras generales, la realidad es que estamos ante un cambio en la forma en que el ordenador gestiona su potencia. La idea no es que el equipo corra más en juegos o programas pesados, sino que las acciones más cotidianas y básicas, como desplegar el menú de Inicio o hacer clic derecho, dejen de tener ese pequeño retraso que a veces parece que el PC se lo está pensando dos veces antes de obedecer.
¿Cómo funciona realmente este nuevo perfil del procesador?

Lo que Microsoft ha implementado es una técnica que los expertos denominan «Race to Sleep». Esto significa que, en lugar de dejar que el procesador suba de vueltas poco a poco, el sistema le mete un pequeño chute de energía instantáneo que dura entre uno y tres segundos. De este modo, el procesador alcanza su máxima frecuencia de reloj justo cuando necesitas abrir una ventana o lanzar una aplicación como Outlook o Edge, volviendo a su estado de reposo inmediatamente después para no fundir la batería de los portátiles ni calentar el equipo innecesariamente.
Las cifras que se manejan son bastante llamativas, ya que se habla de una mejora de hasta el 70% en la apertura de menús y un 40% más de rapidez al arrancar aplicaciones. Es de agradecer que se centren en estos detalles, porque al final es lo que marca la diferencia entre un sistema que se siente moderno y uno que parece que va a pedales. Para los que tengan un ordenador de gama alta con mucha potencia de sobra, puede que este cambio pase algo desapercibido, pero en equipos más modestos o antiguos, esta optimización es pura vida y se nota desde el primer momento.
Disponibilidad y trucos para los más impacientes
Como suele ser habitual en la casa de Redmond, este despliegue no llega a todo el mundo a la vez. Aunque instales el parche manual desde Windows Update, es posible que Microsoft mantenga la función desactivada de forma remota para ir comprobando que todo va como la seda. No obstante, para los que no quieren esperar ni un minuto, existe la posibilidad de forzar el encendido utilizando herramientas externas como ViveTool mediante comandos en la consola del sistema, concretamente activando el identificador 58989092 para que el perfil empiece a trabajar tras reiniciar el equipo.
Si no te apetece andar trasteando con comandos y prefieres ir sobre seguro, solo tienes que tener un poco de paciencia. Está previsto que esta funcionalidad se integre de forma nativa y obligatoria en el próximo parche de seguridad de junio, que aterrizará en España y el resto de Europa el segundo martes de mes. De esta forma, lo que hoy es una prueba opcional pasará a ser el estándar del sistema operativo, asegurando que todos los usuarios disfruten de una experiencia mucho más suave sin tener que configurar absolutamente nada por su cuenta.
En definitiva, nos encontramos ante una evolución necesaria que prioriza la sensación de fluidez visual frente a la potencia bruta sin control. Gracias al uso inteligente de los picos de frecuencia, Windows 11 consigue una respuesta casi instantánea en las tareas más repetitivas del día a día sin comprometer la estabilidad ni la autonomía del hardware. Es un paso adelante para lograr que el escritorio se sienta tan ágil como una interfaz móvil, eliminando esos pequeños tirones que, aunque parezcan insignificantes, acaban lastrando la experiencia de usuario en un entorno de trabajo moderno.

