- Desmantelamiento de una red de servidores en 27 países coordinado por Europol, el FBI y diversas fiscalías europeas.
- La plataforma era utilizada por al menos 25 bandas de ransomware y miles de criminales para ocultar su rastro.
- Detención del administrador principal en Ucrania y el secuestro de datos de más de 5.000 cuentas activas.
- El servicio se promocionaba activamente en foros clandestinos prometiendo un anonimato total e infranqueable.

Una ambiciosa operación de seguridad global ha logrado poner fin a las actividades de First VPN, un servicio de red privada virtual que se había convertido en el refugio tecnológico de miles de ciberdelincuentes. Esta intervención, coordinada principalmente por las autoridades judiciales de Francia y los Países Bajos, contó con la participación activa de entidades como Europol y Eurojust, además de la colaboración estratégica de España y otros países europeos.
El objetivo del operativo no era simplemente cerrar una web, sino golpear el corazón de una infraestructura que permitía a los criminales operar desde la sombra. El administrador principal del servicio, ubicado en Ucrania, ya ha sido interrogado por investigadores especializados en lucha contra la ciberdelincuencia, marcando un paso decisivo en la desarticulación de esta red que facilitaba ataques de ransomware y fraudes masivos.
Una herramienta diseñada para el delito
A diferencia de las VPN convencionales que buscan proteger la privacidad del usuario medio, First VPN estaba integrada profundamente en el ecosistema criminal. El servicio no se ofrecía al público general, sino que se promocionaba exclusivamente en foros de hackers y mercados rusos, donde aseguraban que no guardaban registros de actividad para garantizar que sus clientes fueran intocables.
Esta plataforma ofrecía planes escalonados según el nivel de anonimato deseado, funcionando básicamente como un soporte logístico para el crimen. Gracias a ella, los atacantes podían redirigir sus conexiones a través de servidores intermedios, lo que hacía que rastrear el origen de un ataque fuera una tarea casi imposible para las fuerzas de seguridad hasta ahora.
Entre las amenazas más destacadas vinculadas a este servicio se encuentra el ransomware Phobos, un software malicioso que desde 2018 ha sido un dolor de cabeza para las empresas y sus servidores. Según los datos recogidos, al menos 25 bandas especializadas en secuestro de datos utilizaban esta infraestructura para desplegar sus campañas maliciosas sin ser detectadas.
El despliegue del operativo internacional
La investigación, que arrancó en diciembre de 2021 tras detectarse ataques reiterados contra víctimas en territorio francés, culminó con la incautación de 33 servidores distribuidos por Europa. El FBI ha señalado que la red operaba servidores en un total de 27 países, lo que demuestra la complejidad de la arquitectura digital que los delincuentes habían montado para evitar la justicia.
El resultado de este trabajo conjunto ha sido masivo: se han transmitido 83 expedientes que afectan a 506 usuarios identificados, aunque se estima que la plataforma fue utilizada por más de 5.000 cuentas. Un detalle que ha dejado boquiabiertos a muchos es que Europol notificó a los usuarios del cierre, advirtiéndoles que sus identidades han sido reveladas, rompiendo así la promesa de anonimato absoluto que vendía la empresa.
El operativo no solo ha implicado a Francia, Países Bajos y España, sino que ha sumado esfuerzos de Suecia, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Suiza, Reino Unido, Luxemburgo y Rumanía. Esta acción conjunta refleja un cambio de estrategia: ya no se trata solo de perseguir al hacker individual, sino de destruir la infraestructura compartida que sostiene a múltiples organizaciones criminales.
Impacto en el ecosistema del cibercrimen
La caída de First VPN supone un golpe duro para la logística de las mafias digitales. Al perder este escudo, los grupos criminales ven aumentados sus costes operativos y reducida su capacidad de ejecutar ataques a gran escala. La operación demuestra que, aunque el cifrado sea avanzado, la cooperación internacional puede mapear las conexiones y exponer a quienes se crean invisibles en la red.
Este caso pone sobre la mesa el debate sobre las herramientas de privacidad. Mientras que las VPN son esenciales para periodistas o ciudadanos que cuidan sus datos, First VPN cruzó la línea al convertirse en un habilitador delictivo activo. El hecho de que el servicio ofreciera pagos anónimos y soporte técnico para hackers confirma que su única finalidad era el soporte al crimen.
La detención del administrador y el acceso a las bases de datos de usuarios representan una victoria significativa. No se trata de una simple interrupción técnica, sino de un desmantelamiento estructural que permite a las agencias de seguridad entender mejor cómo se organizan estas bandas y cómo fluye la información en los mercados clandestinos de la internet profunda.
La desaparición de este servicio, junto con la identificación de miles de usuarios vinculados a actividades ilícitas, supone un freno importante para las campañas de ransomware y el fraude digital. Al golpear la base tecnológica que permitía el anonimato, las autoridades han logrado desestabilizar la operativa de decenas de grupos criminales que operaban globalmente desde la seguridad de una red privada virtual.