- La futura Xbox integrará Windows 11 optimizado con una capa de interfaz tipo consola
- Funcionará como un híbrido entre PC y consola, con acceso a tiendas como Steam y Epic Games Store
- Montará un SoC AMD Magnus de nueva generación con GPU RDNA 5 y hasta 48 GB de memoria GDDR7
- Se esperan varios modelos y OEM asociados, un enfoque premium y lanzamiento objetivo en torno a 2027
Microsoft está preparando una nueva generación de Xbox que se apoyará directamente en Windows 11 y dejará atrás la idea clásica de consola cerrada. El proyecto, ligado al 25 aniversario de la primera Xbox, apunta a un dispositivo que quiere ser tanto un PC completo como una máquina de juegos de salón sencilla de usar.
El plan pasa por convertir la futura Xbox en un “PC consolizado” con Windows 11: un sistema que arranca con una interfaz tipo consola pensada para el televisor, pero que permite en cualquier momento saltar al escritorio de Windows para trabajar, navegar, usar aplicaciones o jugar como en un ordenador tradicional.
Un híbrido entre consola y PC basado en Windows 11

Según distintas filtraciones y reportes, la próxima Xbox utilizará un núcleo de Windows 11 profundamente optimizado para videojuegos. No será la misma instalación que encontramos en un PC de sobremesa, sino una versión recortada y ajustada que reduce servicios y procesos en segundo plano para liberar el máximo de recursos a los juegos.
Esta capa de Xbox se cargará por defecto en un modo “TV” con interfaz de consola, muy similar a lo que ya conocemos en Series X|S, pero con mejoras en fluidez, tiempos de respuesta y estabilidad. La idea es que el usuario sienta que está usando una consola tradicional, sin tener que lidiar con ventanas, escritorios ni configuraciones complejas.
Cuando el jugador lo desee, podrá salir de esa interfaz y acceder al Windows 11 completo, igual que ocurre en dispositivos como Steam Deck o algunos modelos portátiles con sistema de Microsoft. En ese entorno, la máquina funcionará como un PC normal: aplicaciones de ofimática, navegadores, programas de edición, plataformas de streaming y cualquier software compatible con Windows.
Para que este planteamiento funcione, Microsoft está trabajando en pulir a fondo el rendimiento y la estabilidad de Windows 11, un sistema operativo que en los últimos meses ha recibido bastantes críticas por actualizaciones problemáticas y funciones poco pulidas. La propia compañía ha reconocido que necesita recuperar la confianza de los usuarios y promete mejoras importantes en experiencia de uso.
Uno de los puntos clave será la gestión de recursos: la capa de Xbox debe reducir al mínimo el consumo de RAM y CPU reservado al sistema, de forma que el hardware pueda dedicarse casi por completo a los juegos. En modelos actuales como Xbox Series X se reservan varios gigas de memoria y parte de los núcleos solo para el sistema operativo; la nueva consola quiere recortar ese coste.
Un ecosistema abierto: Steam, Epic Games Store y más
Más allá del sistema operativo, la gran revolución está en el modelo de negocio. La próxima Xbox aspira a dejar de ser un entorno cerrado y convertirse en una plataforma abierta a distintas tiendas de juegos de PC. Eso significa que el usuario no tendrá que limitarse a la Microsoft Store para comprar y descargar títulos.
De hecho, Epic Games ya ha confirmado que su tienda, Epic Games Store, estará disponible desde el primer día en la nueva consola de Microsoft. Tim Sweeney, máximo responsable de la compañía, ha asegurado que planean estar presentes en el nuevo hardware y que están dispuestos a adaptar su plataforma para cumplir con los requisitos técnicos que marque Xbox.
Este paso abre la puerta a que otras tiendas como Steam, GOG, Ubisoft Connect o Battle.net funcionen también en la consola, aprovechando que por debajo hay un Windows 11 completo. La consola dejaría así de ser “una sola tienda” y se convertiría en un punto de acceso central a prácticamente todo el catálogo de juegos de PC.
Para los usuarios europeos, y especialmente en España, esto significa poder aprovechar ofertas, bundles y juegos gratuitos repartidos durante el año por distintas plataformas, en un único dispositivo conectado al televisor. El ejemplo más evidente es el de los más de 100 juegos gratis que Epic suele regalar anualmente, ahora potencialmente accesibles desde el sofá con el mando en la mano.
Este cambio de enfoque también tiene un impacto en el reparto de ingresos. Hoy en día, las principales tiendas de consolas y PC suelen quedarse alrededor de un 30% de comisión por cada juego vendido. Con varias tiendas compitiendo dentro del mismo hardware, habrá más margen para que los estudios elijan dónde lanzar sus títulos y en qué condiciones, y los jugadores podrán comprar donde más les convenga.
Retrocompatibilidad y continuidad del catálogo de Xbox
A pesar del giro hacia un modelo más cercano al PC, Microsoft no quiere renunciar a uno de los pilares de la marca: la retrocompatibilidad entre generaciones. La nueva Xbox está diseñada para seguir ejecutando juegos de Xbox Series X|S, Xbox One e incluso títulos de la Xbox original que ya sean compatibles hoy.
Las filtraciones apuntan a que los juegos de antiguas generaciones funcionarán tanto en formato digital como físico, sin necesidad de ajustes complejos por parte del usuario. La idea es mantener la experiencia actual: introducir el disco, o descargar el juego de la biblioteca, y jugar sin más pasos intermedios.
Este compromiso con la compatibilidad también influye en el diseño del hardware. La arquitectura de la consola, aunque más parecida a un PC moderno, tendrá una base común pensada para garantizar que los juegos actuales sigan funcionando sin problemas. Ese punto será clave si, como se espera, otros fabricantes lanzan sus propias variantes de la máquina.
Para quienes ya tienen una Xbox Series S o Series X, el mensaje es claro: no habrá un corte brusco ni se quedarán sin acceso a sus juegos de la noche a la mañana. Microsoft quiere estirar la vida útil de la generación actual y acompasarla con el salto a este nuevo modelo híbrido.
SoC AMD Magnus, RDNA 5 y memoria GDDR7
En el corazón de la próxima Xbox se situará un nuevo chip personalizado de AMD, conocido internamente como Magnus. Se trata de un SoC (system-on-chip) diseñado específicamente para la consola y fabricado por TSMC en su proceso N3P de 3 nanómetros, lo que permite combinar más potencia con un consumo contenido.
Magnus integra una CPU híbrida con núcleos Zen 6 de alto rendimiento junto a núcleos Zen 6c más eficientes, una estructura que recuerda a lo que estamos viendo en procesadores modernos con combinaciones de núcleos grandes y pequeños. Esa mezcla debería permitir que la consola gestione tanto juegos exigentes como las tareas propias de un PC con Windows 11.
La parte gráfica estará basada en la arquitectura RDNA 5 de AMD, con una iGPU que, en su configuración más ambiciosa, podría contar con hasta 68 unidades de cómputo y miles de shaders. Sobre el papel, esto supondría un salto considerable respecto a la generación actual de Xbox, con capacidad para mover juegos en 4K nativo y trazado de rayos con un nivel de detalle y fluidez muy superior.
En cuanto a la memoria, los informes más recientes señalan configuraciones de entre 32 GB y 48 GB de memoria GDDR7 compartida, con un bus de 192 bits. Una opción intermedia que se menciona con fuerza es la de 48 GB, pensada para equilibrar las necesidades del sistema: juegos de nueva generación, trazado de rayos, multitarea en entorno Windows y aplicaciones en segundo plano.
El almacenamiento seguirá la línea actual, pero subiendo el listón: se espera una unidad SSD de alto rendimiento de al menos 1 TB, con diferentes opciones de capacidad y la posibilidad de ver modelos con y sin unidad óptica. La variante sin lector podría apuntar a precios algo más ajustados, mientras que la opción con unidad física mantendría la compatibilidad directa con discos.
Nuevas tecnologías de imagen e IA aplicadas al juego
El uso de una GPU RDNA 5 permitirá a la nueva Xbox aprovechar núcleos dedicados a trazado de rayos y aceleración de IA de última generación. Sobre esa base, Microsoft y AMD estarían trabajando en un conjunto de tecnologías derivadas del ecosistema FSR Redstone adaptadas específicamente a la consola.
Todo apunta a que veremos técnicas avanzadas de reconstrucción y reescalado de imagen similares o superiores a FSR 4, capaces de renderizar el juego a una resolución interna más baja y escalarlo a 4K manteniendo una calidad visual elevada. Esto permitiría ganar rendimiento sin sacrificar demasiados detalles.
También se barajan mejoras específicas para el trazado de rayos, orientadas a reducir el consumo de recursos gráficos y de memoria, y hacer más viable su uso en títulos exigentes. La combinación de hardware dedicado y algoritmos optimizados en consola debería traducirse en reflejos, sombras e iluminación más naturales sin caídas bruscas de rendimiento.
No está descartada la incorporación de tecnologías de generación de fotogramas por IA, que añadirían imágenes intermedias calculadas por la inteligencia artificial para aumentar la fluidez. Bien implementadas, estas funciones podrían aprovechar las pantallas con tasa de refresco variable (VRR), ofreciendo experiencias más suaves incluso cuando los juegos no alcanzan constantemente los 60 o 120 FPS.
En paralelo, Microsoft estudia qué hacer con las funciones de IA integradas en Windows 11 cuando el sistema se usa en modo consola. La opción más lógica sería desactivar la mayoría de estas características en el perfil de juego para priorizar rendimiento y reactivarlas solo cuando el usuario acceda al escritorio completo.
Varios modelos, OEM asociados y enfoque premium
Uno de los cambios más llamativos respecto a generaciones anteriores es que Microsoft no será el único fabricante de la próxima Xbox. La compañía está negociando con distintos socios OEM, con nombres como ASUS sobre la mesa, para que puedan lanzar sus propias versiones de la consola con configuraciones de hardware diferentes.
Este planteamiento recuerda a lo que se ha hecho en el mundo del PC durante décadas: una base común de plataforma y estándares, y varios modelos con más o menos potencia dirigidos a distintos bolsillos. Todas las variantes tendrían que respetar unas especificaciones mínimas para garantizar la compatibilidad total con los juegos, tanto nuevos como retrocompatibles.
Sobre esa base, se barajan tres grandes escalones: un modelo de entrada como sucesor espiritual de Xbox Series S, optimizado para juegos en 1080p; un modelo intermedio, heredero directo de Series X, pensado para 1440p o 4K mediante reescalado; y una versión tope de gama orientada al 4K nativo con las máximas prestaciones.
La experiencia de ASUS con dispositivos como ROG Ally, que ya combinan Windows 11 con una capa de interfaz tipo consola, encaja bien con este enfoque. Microsoft busca crear una familia de máquinas con “sabor Xbox” pero fabricadas por distintos socios, de manera similar a lo que en su día intentaron plataformas como 3DO o, en menor medida, algunos proyectos de SEGA.
En cuanto al posicionamiento, todo indica que la próxima Xbox se situará en la gama alta del mercado. Hay rumores insistentes que hablan de precios cercanos a los 1.000 euros para la variante más potente, aunque este dato todavía está lejos de ser definitivo. Los modelos de terceros, con hardware recortado, podrían bajar esa barrera a costa de ofrecer menos músculo gráfico.
Windows 11, críticas recientes y reto de experiencia de usuario
El hecho de que la nueva Xbox dependa tan directamente de Windows 11 supone una ventaja técnica, pero también un desafío. El sistema operativo ha sido objeto de numerosas críticas en los últimos meses por actualizaciones problemáticas, cambios poco claros en la interfaz y decisiones discutibles en privacidad y componentes en segundo plano.
Responsables de Microsoft como Pavan Davuluri han reconocido que la prioridad a corto plazo es mejorar la estabilidad y la percepción de Windows 11, y que están trabajando codo con codo con el equipo de Xbox para ofrecer una experiencia “de consola” cuando el sistema se ejecuta en la futura máquina de juego.
El objetivo es que el usuario que solo quiere jugar no se tenga que pelear con el sistema operativo: la consola debe encenderse, mostrar la interfaz simplificada de Xbox y cargar juegos sin distracciones ni ventanas emergentes. Todo lo relacionado con drivers, parches y mantenimiento quedaría oculto en segundo plano.
En paralelo, quienes sí quieran aprovechar la faceta de PC encontrarán un Windows 11 completo accesible en cualquier momento, con la posibilidad de instalar programas de edición, herramientas de streaming, emuladores legales y cualquier aplicación de productividad. El reto está en equilibrar ambas caras sin que una entorpezca a la otra.
Si Microsoft logra esa integración de forma limpia, la nueva Xbox podría convertirse en un dispositivo muy atractivo para usuarios que quieren un único aparato en el salón capaz de sustituir al PC de escritorio en muchas tareas. Si, por el contrario, la experiencia se ve lastrada por los problemas habituales de Windows, se corre el riesgo de que parte del público prefiera seguir con consolas más tradicionales.
Calendario previsto y situación de la generación actual
En el terreno de las fechas, la información es menos clara. Algunas declaraciones, como las de la CEO de AMD, Lisa Su, apuntan a que el nuevo SoC Magnus y la consola asociada podrían estar listos en torno a 2027. Sin embargo, fuentes internas de Microsoft habrían recibido esos plazos con cierta cautela y los ven más como un escenario optimista que como algo cerrado.
La propia hoja de ruta interna de Xbox situaría la próxima generación en torno a ese año, pero condicionada a varios factores: la madurez de Windows 11 como entorno de consola, la disponibilidad y el precio de componentes clave como la RAM GDDR7 y los SSD, y la situación del mercado de videojuegos en general.
Mientras tanto, la estrategia de Microsoft pasa por alargar la vida útil de Xbox Series X|S más allá de lo que hemos visto en generaciones anteriores. Esto encaja con la idea de un hardware premium que no pretende sustituir de golpe a la base instalada, sino convivir con ella y ofrecer una opción de gama alta para quienes quieran dar el salto.
En la práctica, eso significa que no se espera una ruptura repentina en el soporte a la generación actual. Los lanzamientos intergeneracionales seguirán siendo habituales durante un tiempo, y el nuevo hardware se presentará más como una ampliación del ecosistema que como una obligación inmediata de cambio.
Los movimientos de otros actores del sector, como Valve con Steam Machine o Sony con su futura consola, también influirán en la ventana de lanzamiento definitiva. Microsoft quiere llegar con una propuesta sólida, incluso si eso implica retrasar algunos meses la fecha marcada inicialmente.
Todo este plan sitúa a la próxima Xbox como una apuesta muy ambiciosa: un híbrido entre consola y PC con Windows 11, abierto a múltiples tiendas de juegos, compatible con generaciones anteriores y apoyado en un hardware AMD de última hornada. Si la integración entre la interfaz de consola y el entorno de escritorio funciona de forma fluida, y el precio de las distintas configuraciones se mantiene dentro de márgenes razonables para Europa, la nueva máquina puede convertirse en una opción especialmente interesante para quienes buscan centralizar ocio y trabajo digital en un solo dispositivo del salón.