- Elon Musk reclama entre 79.000 y 134.000 millones de dólares a OpenAI y Microsoft por supuestas "ganancias indebidas".
- Musk alega que aportó el 60% de la financiación inicial de OpenAI, además de reputación, contactos y asesoramiento estratégico.
- OpenAI y Microsoft niegan las acusaciones, califican la demanda de infundada y cuestionan los cálculos del experto financiero de Musk.
- El caso irá a juicio con jurado en California y podría redefinir el marco legal de las organizaciones de IA sin ánimo de lucro.
La pugna judicial entre Elon Musk, OpenAI y Microsoft ha alcanzado unas cifras que rompen todos los moldes en el sector tecnológico. El fundador de empresas como Tesla y SpaceX reclama ahora una compensación multimillonaria por lo que considera beneficios obtenidos de forma indebida gracias a su implicación en los primeros años de OpenAI.
Según la documentación presentada ante los tribunales estadounidenses, Musk sostiene que tiene derecho a una parte relevante del valor actual de OpenAI, hoy estimada en torno a los 500.000 millones de dólares, al haber contribuido de forma decisiva a su creación cuando aún se presentaba como una entidad sin ánimo de lucro centrada en la seguridad de la inteligencia artificial.
Una reclamación que podría llegar a los 134.000 millones
En los últimos escritos judiciales, los abogados de Musk detallan que el empresario busca recuperar entre 79.000 y 134.000 millones de dólares en concepto de ganancias que, a su juicio, OpenAI y Microsoft no deberían haberse quedado. El cálculo, elaborado por un equipo de expertos financieros, se basa en la proporción de valor que habría generado la implicación de Musk en la etapa inicial del proyecto.
La reclamación desglosa que OpenAI habría obtenido entre 65.500 y 109.400 millones de dólares ligados a las contribuciones de Musk desde 2015, mientras que Microsoft habría ingresado entre 13.300 y 25.100 millones gracias a los acuerdos posteriores con la empresa creadora de ChatGPT. La suma total sitúa este litigio como uno de los más voluminosos de la historia reciente de Silicon Valley.
El documento judicial subraya que Musk aportó aproximadamente 38 millones de dólares, lo que representaría alrededor del 60% de la financiación inicial de OpenAI. Además de ese capital, la demanda recalca que el magnate habría jugado un papel clave en el reclutamiento de personal fundamental, en la conexión con inversores y socios estratégicos y en dotar al proyecto de credibilidad en sus primeros pasos.
La defensa de Musk compara su situación con la de un inversor temprano en una startup que, años después, puede ver cómo el valor de su participación se multiplica de forma exponencial. En esa línea, argumentan que las “ganancias indebidas” que atribuyen a OpenAI y Microsoft serían muy superiores a la aportación inicial precisamente por el éxito masivo de los modelos de IA generativa.
Dentro de la estrategia legal, el equipo del empresario recurre al testimonio de C. Paul Wazzan, un economista financiero presentado como perito experto, encargado de cuantificar el impacto económico que habrían tenido las contribuciones de Musk en la evolución de OpenAI y, por extensión, en los acuerdos comerciales con Microsoft.
La acusación de traición a la misión original de OpenAI
Más allá de las cifras, uno de los puntos centrales de la demanda es la acusación de que OpenAI habría abandonado su misión fundacional sin ánimo de lucro. Musk sostiene que la organización, concebida inicialmente para investigar IA de forma segura y abierta, se transformó en una estructura orientada al beneficio económico, especialmente tras estrechar lazos con Microsoft.
Para el también responsable de la compañía xAI, esta transformación supondría no solo una ruptura ética, sino un incumplimiento de los acuerdos y entendimientos iniciales entre los fundadores. La demanda insiste en que el giro hacia un modelo con ánimo de lucro habría favorecido, sobre todo, a Microsoft, convertida en socio preferente y gran beneficiaria del potencial comercial de la tecnología desarrollada por OpenAI.
La presentación judicial recuerda que Musk abandonó OpenAI en 2018, en un momento en el que el proyecto ya empezaba a ganar notoriedad. Desde entonces, ha impulsado su propia apuesta por la inteligencia artificial con xAI y su chatbot Grok, que compite de forma directa con ChatGPT. Este contexto alimenta la tensión entre las partes y añade un componente de rivalidad empresarial al conflicto legal.
En la argumentación de Musk se insiste en que, sin su respaldo económico y reputacional, OpenAI no habría alcanzado la relevancia actual, ni habría estado en disposición de sellar acuerdos multimillonarios con Microsoft. De ahí que el empresario entienda que se le debe compensar por la parte del valor de mercado que atribuye a su contribución.
Además de los daños económicos, la demanda deja abierta la puerta a solicitar daños punitivos y otras sanciones si el jurado declara responsables a OpenAI y Microsoft. Entre las medidas posibles se menciona la opción de una orden judicial, aunque los escritos no detallan aún en qué podría consistir de forma concreta.
La respuesta de OpenAI y Microsoft: acusaciones de «campaña de acoso»
OpenAI ha reaccionado con contundencia a las pretensiones de Musk. En una declaración pública, la compañía ha calificado la reclamación como una “exigencia poco seria” y la ha enmarcado en lo que describe como una “campaña de acoso” por parte del multimillonario, con la que, según su versión, trataría de frenar el avance de un competidor directo mientras impulsa su propia empresa de inteligencia artificial.
La empresa con sede en San Francisco sostiene que la demanda es “infundada” y defiende que su evolución hacia estructuras con fines comerciales se ha realizado dentro del marco legal y con el objetivo de asegurar la financiación necesaria para seguir desarrollando tecnologías avanzadas de IA. Desde su punto de vista, no existiría obligación alguna de transferir a Musk una parte de los ingresos generados años después de su salida.
Microsoft, por su parte, ha negado cualquier tipo de conducta irregular. Un abogado de la compañía afirmó que no hay pruebas de que la multinacional “ayudara o instigara” a OpenAI en ninguna violación de los supuestos acuerdos fundacionales. La tecnológica también se ha sumado a la impugnación de las cantidades reclamadas por Musk.
En una presentación separada, OpenAI y Microsoft pidieron al juez que limite de forma estricta aquello que el experto financiero de Musk puede exponer ante el jurado. Ambas empresas califican su análisis como “inventado, inverificable y sin precedentes”, y alertan del riesgo de que las cifras puedan inducir a error a los miembros del jurado por plantear una transferencia “inverosímil” de miles de millones de una organización sin ánimo de lucro a un antiguo donante convertido en competidor.
Las dos compañías cuestionan además de forma general el enfoque metodológico empleado por el perito, al considerar que sus proyecciones se apoyan en supuestos que, desde su punto de vista, no se sostienen ni en la práctica empresarial habitual ni en el marco legal que regula a las organizaciones sin ánimo de lucro y sus transformaciones posteriores.
Un juicio con jurado que puede marcar un precedente en la era de la IA
El caso se tramita en un tribunal federal de Oakland, California, y ya cuenta con una primera decisión relevante: un juez ha determinado que será un jurado quien conozca los detalles del litigio y decida sobre la responsabilidad de OpenAI y Microsoft. El inicio del juicio se prevé para el mes de abril, salvo cambios en el calendario judicial.
La dimensión económica y el peso de los protagonistas convierten este procedimiento en uno de los más observados en la actualidad por la industria tecnológica, tanto en Estados Unidos como en Europa y España. Las empresas europeas de IA, así como los reguladores comunitarios que trabajan en marcos como la Ley de Inteligencia Artificial de la UE, siguen de cerca la evolución del caso por sus posibles implicaciones.
Uno de los aspectos que podría resultar más relevantes para el entorno europeo es la discusión sobre cómo deben gestionarse las organizaciones nacidas como entidades sin ánimo de lucro que, con el tiempo, acaban vinculadas a estructuras comerciales complejas. La forma en que los tribunales estadounidenses valoren los derechos de fundadores, donantes y socios iniciales puede servir de referencia, aunque no sea vinculante, para debates similares en otras jurisdicciones.
Si Musk lograra una victoria significativa, no solo obtendría una compensación económica sin precedentes, sino que podría incentivar que otros antiguos socios o donantes de proyectos tecnológicos planteen reclamaciones parecidas cuando perciban que la evolución comercial de una entidad ha dejado atrás los compromisos originales. En un contexto de fuerte competencia en IA generativa, esa posibilidad preocupa a más de un actor del sector.
Por el contrario, si el jurado rechaza las tesis de Musk y respalda la posición de OpenAI y Microsoft, se reforzaría la idea de que las transformaciones de entidades sin ánimo de lucro hacia estructuras con fines lucrativos disponen de un amplio margen de maniobra, siempre que se ajusten a la normativa vigente. Esto daría mayor seguridad jurídica a modelos híbridos similares que puedan surgir en Europa.
En cualquier caso, el litigio pone de manifiesto la creciente fractura entre los fundadores originales de OpenAI y la dirección actual, cada vez más integrada en el ecosistema de Microsoft. El desenlace legal podría reconfigurar no solo las relaciones entre estas compañías, sino también la forma en que se conciben las alianzas estratégicas en el campo de la inteligencia artificial avanzada.
Todo este conflicto cristaliza en una demanda que combina cifras mareantes, acusaciones de traición a la misión fundacional y un pulso por el control del futuro de la IA, donde Elon Musk, OpenAI y Microsoft se enfrentan en un escenario judicial que puede redefinir las reglas del juego para las grandes plataformas tecnológicas tanto a nivel global como en el mercado europeo.
