Windows 11 queda a la cola en una comparativa de velocidad frente a seis generaciones de Windows

Última actualización: enero 5, 2026
Autor: Isaac
  • Un canal de YouTube ha enfrentado seis versiones de Windows, desde XP hasta 11, en portátiles Lenovo idénticos.
  • Windows 11 se sitúa en último lugar en la mayoría de pruebas de velocidad y consumo de recursos.
  • Windows 8.1 y Windows XP destacan por su rapidez en arranque, gestión de RAM y número de pestañas abiertas.
  • Los resultados están condicionados por el uso de hardware antiguo con HDD, poco representativo de los equipos actuales.

Comparativa de rendimiento entre distintas versiones de Windows

En los últimos meses, Microsoft lleva presionando a los usuarios para que den el salto definitivo a Windows 11, ya sea desde Windows 10 o desde versiones anteriores. Sin embargo, muchos siguen resistiéndose, y no parece que lo vayan a tener más fácil tras hacerse público un experimento en el que la versión más reciente del sistema operativo sale especialmente mal parada.

La prueba, realizada por el canal de YouTube TrigrZolt, especializado en tecnología y en el ecosistema Windows, compara el rendimiento de seis generaciones distintas del sistema operativo de Microsoft. El resultado ha reavivado el debate: en un escenario controlado, Windows 11 termina siendo el más lento y el menos eficiente de todos los participantes.

El experimento enfrenta a Windows XP, Windows Vista, Windows 7, Windows 8.1, Windows 10 y Windows 11 bajo condiciones lo más similares posibles. El objetivo es medir, de forma práctica, cómo han cambiado la velocidad, el consumo de recursos y la agilidad general del sistema a lo largo de unos 25 años de evolución.

Para evitar ventajas injustas de hardware, TrigrZolt recurrió a seis portátiles Lenovo ThinkPad X220 idénticos, un modelo veterano pero todavía muy extendido en entornos profesionales y de segunda mano, también en Europa. Cada uno de ellos monta un procesador Intel Core i5-2520M, 8 GB de memoria RAM y una unidad de 256 GB.

Un detalle clave es que el almacenamiento empleado es un disco duro mecánico (HDD), no un SSD moderno. Esto supone un fuerte cuello de botella para las versiones más recientes de Windows, diseñadas pensando en unidades SSD, especialmente NVMe. Aun así, la comparativa es muy ilustrativa de cómo se comportan estos sistemas en equipos que siguen siendo habituales en muchos hogares y pequeñas oficinas.

Arranque del sistema: Windows 8.1 se impone y Windows 11 cierra la tabla

El primer golpe para el sistema más reciente de Microsoft llega nada más pulsar el botón de encendido. En la prueba de tiempo de arranque, Windows 8.1 consigue iniciar el sistema más rápido que el resto, demostrando una agilidad que, en su día, pasó bastante desapercibida ante las críticas a su interfaz.

En esa misma medición, Windows 10 se sitúa en una posición bastante digna, llegando a igualar a Windows XP en el tiempo necesario para estar listo para usar. Por detrás se colocan Windows 7 y Windows Vista, mientras que Windows 11 es el que más tarda en arrancar pese a contar, igual que 8.1, con la función de inicio rápido que no está disponible en las versiones más antiguas.

Según recuerda el medio especializado Tom’s Hardware, tanto Windows 8.1 como Windows 11 incluyen un modo de arranque rápido que en teoría debería ofrecerles ventaja respecto a XP, Vista o 7. Sin embargo, la realidad de esta comparativa muestra que la edición más reciente no consigue aprovechar esa característica en hardware veterano.

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Además, el canal señala que Windows 11 no solo necesita más tiempo para llegar al escritorio, sino que también tarda más en cargar elementos básicos como la barra de tareas. Este retraso, que muchos usuarios llevan notando desde el lanzamiento del sistema, sigue presente y no parece haberse solucionado del todo con las actualizaciones.

En este escenario, la sensación general es que Windows 11 arrastra más procesos en segundo plano que el resto de versiones, lo que penaliza claramente la experiencia de uso inicial, sobre todo en un equipo con disco duro mecánico.

Uso de almacenamiento: XP es el más ligero y 11 duplica su espacio ocupado

Otro de los puntos examinados tiene que ver con cuánto espacio de almacenamiento ocupa cada sistema operativo con las aplicaciones básicas instaladas. Aquí la comparativa revela diferencias llamativas entre generaciones.

En esta prueba, Windows XP vuelve a lucirse al necesitar únicamente 18,9 GB para el sistema y el conjunto de programas instalados en el test. Es, con diferencia, el sistema más contenido en términos de peso en disco, algo lógico si se tiene en cuenta la época para la que fue diseñado.

En el extremo opuesto, Windows 11 ocupa 37,3 GB en el mismo equipo, prácticamente el doble que XP. Aun así, no es el que más espacio reclama: Windows 7 se sitúa en la parte alta de la tabla con unos 44,6 GB, por encima incluso de las versiones más modernas.

También se observa que Windows 8.1 logra un equilibrio interesante, situándose con unos 27,9 GB aproximadamente, mientras que Windows Vista y Windows 10 rondan los 37 GB. En conjunto, la imagen que se desprende es la de una creciente acumulación de componentes, servicios y características en las versiones posteriores.

Para usuarios europeos que siguen aprovechando portátiles antiguos con discos duros de 256 GB o menos, estas diferencias pueden marcar la línea entre un sistema relativamente suelto y otro que deja poco margen para instalar juegos, herramientas de trabajo o bibliotecas multimedia.

Gestión de memoria RAM y multitarea: los clásicos consumen menos, 8.1 arrasa con las pestañas

Donde la brecha entre generaciones se hace todavía más evidente es en el consumo de memoria RAM en reposo. Con todos los sistemas configurados de forma similar, Windows XP vuelve a demostrar su ligereza con solo 0,8 GB de RAM utilizados una vez iniciado.

Justo detrás aparece Windows 8.1, que se mantiene en torno a 1,3 GB, seguido muy de cerca por Windows 7, con unos 1,4 GB de uso, y Windows Vista, que ronda los 1,5 GB. Windows 10 ya da un salto mayor, llegando a unos 2,3 GB.

En el extremo de la tabla, Windows 11 destaca por consumir alrededor de 3,3 GB de RAM de media

Para ilustrar de manera práctica ese impacto, TrigrZolt realizó una segunda prueba centrada en la multitarea con navegador web. Utilizando Supermium, un navegador compatible con todas las versiones probadas, se propuso abrir tantas pestañas como fuera posible hasta alcanzar los 5 GB de uso de memoria.

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Los resultados fueron muy claros: Windows 8.1 se impuso con mucha diferencia al lograr abrir 252 pestañas antes de llegar al límite fijado. Windows 10 se comportó también de forma notable, multiplicando ampliamente las cifras de las versiones más antiguas.

En la parte baja de la clasificación, Windows 11 terminó de nuevo en último lugar, quedándose en 49 pestañas abiertas antes de colapsar, justo por detrás de Windows XP, que fue capaz de mantener 50 pestañas activas. En el caso de XP, los problemas vinieron más bien por el archivo de paginación que por la memoria física.

Este tipo de prueba, aunque no es un estándar científico, refuerza la sensación de que los sistemas modernos cargan con más procesos y necesitan recursos adicionales incluso para tareas que, a simple vista, parecen sencillas, como la navegación web intensiva.

Duración de la batería y tareas básicas: diferencias pequeñas, pero 11 suele ir el último

En otro bloque de pruebas se quiso comprobar cómo afectaban las distintas versiones de Windows a la autonomía de los Lenovo ThinkPad X220. Dado que se trata de portátiles con una batería ya veterana, el margen de maniobra era limitado.

En esa medición, Windows XP volvió a situarse como el sistema ligeramente más eficiente, mientras que Windows 11 fue el primero en agotar la batería. No obstante, la distancia real entre el mejor y el peor fue de apenas unos dos minutos, una diferencia tan pequeña que, en el uso diario, resulta casi anecdótica.

Más reveladoras fueron las pruebas de apertura de aplicaciones comunes y tareas básicas. Para ello se emplearon programas como Adobe Reader, VLC Media Player, MS Paint, la Calculadora y el Explorador de archivos, todos ellos en versiones compatibles con las seis generaciones de Windows.

En este escenario, Windows 11 volvió a quedar sistemáticamente en última posición, tardando más que el resto en abrir tanto aplicaciones nativas como herramientas de terceros. Los sistemas más antiguos, pese a sus limitaciones, se percibieron más ágiles en arrancar estas utilidades en un equipo con disco duro mecánico.

También se probaron tareas multimedia como la exportación de audio con Audacity y la conversión de vídeo. En el caso del audio, Windows 11 acabó ocupando el quinto lugar, mientras que en la exportación de vídeo fue Windows 10 el que se llevó la victoria. XP y Vista quedaron fuera de algunas de estas mediciones por incompatibilidades con las versiones modernas del software.

En navegación web básica, como la carga de imágenes o páginas relativamente ligeras, Windows 11 logró algún tercer puesto puntual, pero volvió a descender cuando se accedía a sitios más complejos, como páginas de inicio de sesión de cuentas Microsoft o secciones con abundante contenido gráfico, lo que puede requerir comprobar la velocidad de descarga y carga.

Pruebas sintéticas y contexto del experimento: una derrota clara, pero con matices

Además de las pruebas prácticas, TrigrZolt recurrió a benchmarks sintéticos para medir rendimiento de CPU y almacenamiento. Aunque este tipo de test no refleja siempre la experiencia real, ayuda a completar el cuadro comparativo.

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En CPU-Z, Windows XP logró imponerse en rendimiento mononúcleo, mientras que en el apartado multinúcleo el ganador fue Windows 7. Windows 11 se situó en cuarta posición en ambos casos, por detrás de varias de sus predecesoras.

En Geekbench, cuando se comparó de manera directa Windows 10 frente a Windows 11, la versión más moderna consiguió una ligera ventaja en rendimiento de un solo núcleo, pero quedó por debajo en el test multinúcleo, lo que refuerza la idea de un comportamiento algo irregular en este tipo de hardware.

Las pruebas de disco y renderizado, como CrystalDiskMark o Cinebench R10, volvieron a destacar el papel de Windows 8.1, que se movió con soltura y ofreció resultados muy equilibrados. Windows 11, por su parte, se mantuvo en posiciones intermedias o directamente bajas, sin llegar a liderar ninguna categoría.

Con todos estos datos sobre la mesa, el propio creador del vídeo reconoce que aunque Windows 11 no gana ninguna prueba y queda último en bastantes de ellas, la comparativa no puede considerarse una referencia absoluta. El test tiene más valor histórico y divulgativo que científico, sobre todo porque se ha llevado a cabo en un entorno claramente desfavorable para el sistema más reciente.

No hay que olvidar que Windows 11 no cuenta con soporte oficial para hardware tan antiguo como el de los ThinkPad X220 empleados. Su arquitectura está pensada para sacar partido a procesadores más modernos, unidades SSD rápidas y tecnologías de seguridad que, directamente, no existen en estos equipos.

En un PC actual con almacenamiento NVMe, más núcleos de CPU y mayor cantidad de RAM, es probable que la situación se invierta y Windows 11 ofrezca una experiencia notablemente más fluida que XP, Vista o incluso Windows 7. Sin embargo, la prueba de TrigrZolt sirve para recordar que, en máquinas veteranas, actualizar al último sistema no siempre implica ganar velocidad.

El veredicto global del experimento es claro: Windows 8.1 se proclama como el gran ganador de la comparativa, combinando tiempos de arranque muy rápidos, un consumo de memoria ajustado y un rendimiento sobresaliente en multitarea con navegador. Por contra, Windows 11 queda relegado al último puesto en muchas categorías, reforzando la percepción de que, al menos en hardware antiguo y sin SSD, es el sistema que peor parado sale.

Para quienes en España o en otros países europeos aún conservan portátiles con características similares a las de estos Lenovo, la lección que deja el experimento es bastante sencilla: si el equipo no cumple sobradamente con los requisitos de Windows 10 ligero y sigue dependiendo de un disco duro mecánico, mantenerse en Windows 10 u optar por versiones ligeras o alternativas puede ofrecer una experiencia más ágil que actualizar por inercia al último sistema disponible.

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