- La actualización KB5074109 de Windows 11 está causando importantes caídas de rendimiento en tarjetas gráficas NVIDIA GeForce, con pérdidas de hasta 20 FPS en juegos exigentes.
- El parche corrige 114 vulnerabilidades de seguridad y un fallo de consumo en la NPU, pero introduce errores en Azure Virtual Desktop y en el formateo de unidades USB en FAT32.
- Por ahora, la única solución efectiva para recuperar el rendimiento es desinstalar KB5074109 o restaurar el sistema a un punto anterior a la actualización.
- Los usuarios se ven obligados a elegir entre mantener un sistema más seguro o preservar la fluidez en juegos y entornos profesionales basados en GPU NVIDIA.
Una vez más, una actualización de Windows 11 ha terminado generando un dolor de cabeza para muchos usuarios de PC, especialmente para quienes juegan en ordenador con una tarjeta gráfica NVIDIA GeForce. Lo que en principio debía ser un parche de mantenimiento centrado en la seguridad y en mejorar la gestión energética de los nuevos equipos con NPU, se ha convertido en el origen de una notable pérdida de rendimiento en juegos y otros fallos nada menores.
La actualización en cuestión es Windows 11 KB5074109, distribuida como acumulativa y catalogada como crítica por el elevado número de vulnerabilidades que corrige. Sin embargo, tras su instalación han empezado a multiplicarse los informes de caídas fuertes en los FPS, errores de conexión en Azure Virtual Desktop y problemas para manejar unidades USB con sistema de archivos FAT32. El resultado es un escenario incómodo para los usuarios, que tienen que optar entre proteger su sistema o mantener la fluidez y estabilidad a la que estaban acostumbrados.
Una actualización de seguridad que complica el rendimiento
KB5074109 llegó a mediados de semana como una de esas descargas que, sobre el papel, nadie debería retrasar: incluye parches para unas 114 vulnerabilidades de seguridad, muchas de ellas clasificadas como críticas, lo que convierte este lanzamiento en una pieza clave para administradores de sistemas, empresas y usuarios preocupados por la ciberseguridad en Europa y el resto del mundo.
Además, el parche incorporaba una corrección específica para los denominados «AI PCs» equipados con NPU. Hasta ahora, un error en Windows 11 hacía que la unidad de procesamiento neuronal permaneciese activa de forma constante, incluso cuando no se utilizaba, lo que aumentaba de forma innecesaria el consumo energético y elevaba las temperaturas. En portátiles, este fallo se traducía en una importante pérdida de autonomía, algo especialmente delicado en entornos de movilidad y teletrabajo muy extendidos en España.
Con la instalación de KB5074109, la NPU debería pasar a comportarse de forma más lógica, activándose únicamente cuando las aplicaciones la requieren. Sin embargo, el arreglo ha llegado acompañado de nuevos problemas no documentados que están afectando directamente a los usuarios con GPU NVIDIA GeForce. Y ahí es donde el entusiasmo inicial por la actualización ha dado paso a la preocupación.
Varios hilos en foros especializados, comunidades técnicas y redes sociales han empezado a coincidir en un mismo patrón: tras instalar KB5074109, los juegos pierden fluidez de manera inmediata, incluso en equipos de gama alta que antes funcionaban sin ningún tipo de limitación aparente.
Caídas de hasta 20 FPS en tarjetas NVIDIA GeForce
Los testimonios recabados en distintas plataformas apuntan a una pérdida de rendimiento que, en muchos casos, oscila entre 15 y 20 FPS en títulos exigentes. No se trata de una pequeña variación difícil de percibir, sino de una bajada lo suficientemente notable como para convertir una experiencia antes suave en algo lleno de tirones y microparones.
En algunos equipos, un juego que se mantenía cómodamente por encima de los 60 FPS ha pasado a rondar los 40 FPS o incluso menos, lo que en pantallas de alto refresco se traduce en una sensación de inestabilidad muy evidente. De forma llamativa, el comportamiento se repite en diferentes configuraciones con tarjetas GeForce, tanto en sobremesas como en portátiles gaming, lo que descarta que se trate de casos aislados o problemas de hardware defectuoso.
Por ahora, no hay un parche específico ni una solución oficial publicada por Microsoft que aborde de frente estas caídas de rendimiento. Tampoco se ha detallado si el origen está en cambios internos del sistema, en la interacción con los controladores de NVIDIA o en alguna optimización relacionada con las nuevas funciones ligadas a la NPU y a la seguridad.
La situación deja a muchos usuarios en una posición bastante incómoda: si mantienen la actualización, el sistema queda mejor protegido, pero los juegos dejan de ir tan finos como antes; si la eliminan, recuperan los FPS pero renuncian a un paquete de parches críticos que corrigen más de un centenar de vulnerabilidades. Un equilibrio complicado para cualquiera que utilice su PC tanto para ocio como para tareas profesionales.
Hasta el momento, los informes se centran en GPUs NVIDIA, aunque algunos técnicos advierten de que no se puede descartar que otros fabricantes como AMD o Intel puedan verse afectados de forma similar, especialmente a medida que la actualización se vaya desplegando más ampliamente en parques informáticos corporativos y domésticos.
Sin arreglo oficial: desinstalar la actualización como salida de emergencia
Ante la ausencia de una solución directa por parte de Microsoft, la comunidad se ha visto obligada a buscar alternativas temporales. La que mejor resultado está dando es, sencillamente, eliminar el parche. Al desinstalar el parche o restaurar el equipo a un punto anterior a su instalación, el rendimiento de la GPU NVIDIA vuelve a los niveles habituales.
Esta medida, aunque efectiva, no deja de ser un remedio provisional con un coste evidente: el sistema vuelve a quedar expuesto a las vulnerabilidades que la actualización pretendía corregir. En empresas, administraciones públicas y entornos con datos sensibles, esta solución puede resultar poco realista, pero en equipos domésticos y PC de juego se está convirtiendo en la opción más extendida.
Para quienes no quieran llegar tan lejos, algunos expertos recomiendan, al menos, pausar las actualizaciones automáticas de Windows 11 hasta que Microsoft proporcione más información o publique un nuevo parche que repare los fallos actuales. Esta práctica se está volviendo cada vez más habitual entre usuarios avanzados, que prefieren esperar unos días y comprobar la experiencia de otros antes de aplicar cualquier gran actualización.
En el ámbito europeo y español, donde el uso de Windows 11 va creciendo poco a poco tanto en hogares como en pymes, esta situación refleja una cierta desconfianza en el control de calidad de las actualizaciones. No es la primera vez que un parche orientado a la seguridad termina generando problemas de rendimiento, y muchos recuerdan incidentes previos en los que GPUs NVIDIA ya se habían visto perjudicadas tras cambios en el sistema.
La sensación general en foros y comunidades locales es que, aunque Microsoft insiste en estar trabajando en los «fundamentos de rendimiento» de Windows 11, la optimización sigue siendo una asignatura pendiente, sobre todo en un contexto en el que los juegos para PC y las aplicaciones creativas dependen cada vez más de la GPU.
Con todo lo ocurrido alrededor de KB5074109, la sensación que queda es que, aunque el refuerzo de la seguridad y la corrección del fallo de la NPU eran necesarios, el impacto ha generado efectos secundarios difíciles de obviar en muchos sistemas con GPU NVIDIA GeForce y servicios asociados.
Impacto más allá del gaming: Azure Virtual Desktop y USB en el punto de mira
El problema no se limita a los jugadores. KB5074109 también ha introducido fallos que afectan de lleno a entornos profesionales basados en Azure Virtual Desktop (AVD) y servicios de GPU NVIDIA en la nube, una solución ampliamente empleada en empresas europeas para entornos de trabajo remotos y escritorios virtuales.
Diferentes usuarios y administradores han informado de un error de autenticación crítico con código 0x8008005 al intentar conectarse a través de AVD tras instalar la actualización. Este fallo impide iniciar sesión con normalidad, bloquea el acceso a los escritorios remotos y, en la práctica, puede llegar a detener flujos de trabajo completos en organizaciones que dependen de este servicio para su operativa diaria.
En algunos departamentos de TI, la única forma de recuperar la actividad ha sido, otra vez, desinstalar el parche en los equipos afectados. Esto supone un esfuerzo logístico añadido en redes con decenas o cientos de ordenadores, además de obligar a replantear las políticas de actualización automática hasta contar con una respuesta oficial clara por parte de Microsoft.
A estos problemas se suma un bug adicional que, aunque menos crítico, resulta bastante llamativo: tras la instalación de la actualización, Windows 11 puede fallar al formatear memorias USB en FAT32. El sistema simplemente no completa el proceso en algunas unidades flash, lo que afecta a una tarea básica que, en muchos casos, se utiliza para compartir archivos entre diferentes dispositivos o para crear medios de instalación.
Este conjunto de errores —bajadas de rendimiento en GPU NVIDIA, problemas en Azure Virtual Desktop y fallos en el manejo de USB— hace que esta actualización esté siendo vista como una de las actualizaciones más problemáticas de los últimos meses. Y todo ello a pesar de que su objetivo inicial era reforzar la seguridad y mejorar el comportamiento de la NPU.
Choque con la nueva generación de tecnologías gráficas de NVIDIA
La situación resulta todavía más paradójica si se tiene en cuenta el momento elegido para este parche. Mientras NVIDIA impulsa nuevas tecnologías de escalado basadas en inteligencia artificial pensadas para exprimir cada fotograma disponible, Windows 11 está restando buena parte de ese margen mediante una actualización del sistema operativo.
En las últimas semanas, la compañía de gráficos ha estado promocionando una nueva versión de sus tecnologías de superresolución, diseñada para mejorar el rendimiento sin sacrificar la calidad de imagen en títulos modernos. La premisa es clara: lograr más FPS a partir de técnicas avanzadas de IA para que los jugadores puedan disfrutar de experiencias más fluidas sin necesidad de renovar todo su hardware.
Sin embargo, el despliegue de KB5074109 va justo en la dirección contraria para muchos usuarios de tarjetas GeForce. Aunque estas tecnologías de escalado ofrecen un aumento teórico de rendimiento, las pérdidas introducidas por el sistema operativo compensan o incluso superan las ganancias, dejando a los jugadores europeos —y de cualquier región— con una sensación de oportunidad desperdiciada.
En la práctica, los propietarios de GPU NVIDIA que esperaban sacar partido de las últimas novedades de la marca se encuentran con que el propio Windows 11 actúa como cuello de botella. Tienen acceso a herramientas pensadas para subir los FPS, pero el rendimiento cae tras instalar un parche que, en teoría, no debería tocar nada relacionado con el aspecto gráfico en juegos.
Esta contradicción refuerza la crítica de buena parte de la comunidad, que considera que Microsoft debería extremar las pruebas y validaciones en escenarios reales antes de lanzar actualizaciones tan amplias, especialmente cuando millones de equipos dependen de un equilibrio delicado entre seguridad, rendimiento y estabilidad.
Con todo lo ocurrido alrededor de KB5074109, la sensación que queda es que, aunque el refuerzo de la seguridad y la corrección del fallo de la NPU eran necesarios, el precio a pagar en rendimiento y fiabilidad está resultando demasiado alto para muchos usuarios con GPU NVIDIA GeForce y para quienes emplean servicios como Azure Virtual Desktop o dispositivos USB en su día a día. Hasta que llegue un nuevo parche que ponga orden, la recomendación más prudente pasa por revisar qué actualizaciones se instalan, valorar el impacto real en cada equipo y no dar por hecho que todas las descargas de Windows 11 van a mejorar la experiencia desde el primer día.