- WhatsApp prepara contraseñas alfanuméricas largas y un código de acceso ligado al dispositivo para frenar el robo de cuentas.
- La nueva clave no sustituye al PIN ni a la verificación en dos pasos, sino que añade otra capa de seguridad.
- La función está en fase beta y refuerza la protección frente a fraudes, clonaciones y suplantaciones de identidad.
- Los buenos hábitos de seguridad del usuario seguirán siendo clave para evitar ataques y engaños.

En la era de la hiperconectividad, proteger tus cuentas digitales se ha convertido en algo tan delicado como poner llave a tu casa o guardar a buen recaudo tus documentos de identidad. Servicios como WhatsApp y el correo electrónico son hoy la puerta de entrada a información personal, profesional y hasta financiera, por lo que cualquier descuido puede salir caro.
Un acceso no autorizado a estas plataformas puede derivar en fraudes, suplantación de identidad, difusión de datos sensibles o incluso pérdidas económicas importantes. Por eso resulta clave entender qué cambios está introduciendo WhatsApp en materia de contraseñas y cómo encajan dentro de una estrategia de seguridad más amplia que combine tecnología y buenos hábitos por parte del usuario.
Por qué WhatsApp refuerza sus contraseñas frente al robo de cuentas
En los últimos años se ha disparado el número de ciberataques y estafas apoyadas en aplicaciones de mensajería, con especial impacto en regiones donde WhatsApp es casi omnipresente, como América Latina o Europa. Delincuentes digitales aprovechan cualquier fallo humano o de configuración para secuestrar cuentas y usarlas en estafas económicas o de robo de datos.
Aunque WhatsApp ya ofrece cifrado de extremo a extremo y funciones como el PIN de seis dígitos y la verificación en dos pasos, Meta está dando un paso más. La empresa está trabajando en un nuevo sistema de contraseñas más robusto, pensado para complicar al máximo la vida a quienes intentan apropiarse de cuentas ajenas utilizando ingeniería social, clonación de tarjetas SIM o suplantación de soporte técnico.
La lógica es simple: si robar una cuenta deja de ser un proceso relativamente rápido y cómodo para el atacante, muchos de estos fraudes dejan de ser rentables. Cuando hay más barreras de acceso, los intentos automatizados o masivos pierden eficacia y aumenta el margen de reacción del usuario legítimo.
Esta apuesta por la seguridad no se limita a cambios internos de la app. La compañía busca equilibrar un mayor nivel de protección con una experiencia de uso razonablemente sencilla, para que tanto usuarios particulares como empresas puedan reforzar su privacidad sin complicarse la vida más de la cuenta.
Así funcionarán las nuevas contraseñas alfanuméricas de WhatsApp

Hasta ahora, la protección de la cuenta se apoyaba principalmente en el código de verificación por SMS, el PIN de seis dígitos de la verificación en dos pasos y el cifrado de extremo a extremo para los mensajes. Según avances filtrados por el portal especializado WABetaInfo, WhatsApp está probando ahora un sistema de contraseñas alfanuméricas de hasta 20 caracteres que funcionará como una capa de seguridad adicional.
Esta nueva clave permitirá combinar letras mayúsculas, minúsculas, números y símbolos, y, junto a gestores de contraseñas, hace mucho más difícil que un atacante pueda descifrarla mediante ataques de fuerza bruta o pruebas automáticas de contraseñas sencillas. No se trata solo de alargar el número de caracteres, sino de abrir la puerta a combinaciones significativamente más complejas.
Importante: esta contraseña avanzada no sustituirá a la verificación en dos pasos ni al PIN actual. La idea es que actúe como un refuerzo, de forma que quien intente entrar a una cuenta necesite pasar por más candados: código SMS, PIN de seis dígitos y, en su caso, la nueva contraseña alfanumérica.
Además, esta clave servirá como mecanismo de recuperación en situaciones delicadas. Si el usuario pierde acceso al correo electrónico asociado o al PIN de seguridad, la nueva contraseña puede ser la última barrera que le permita retomar el control y evitar que alguien se quede con su cuenta durante días.
El objetivo final es reducir la exposición frente a ataques externos, protegiendo datos sensibles como listas de contactos, conversaciones, documentos y archivos multimedia que se comparten a diario. Para un ciberdelincuente, una sola cuenta comprometida puede ser la puerta a decenas de víctimas adicionales a través de estafas a contactos.
Características principales del nuevo sistema de seguridad
Los primeros detalles conocidos dibujan un sistema relativamente flexible para el usuario pero mucho más exigente con los posibles atacantes. Entre las funciones previstas, destacan varios puntos clave que conviene tener presentes desde ya:
- Contraseñas alfanuméricas de hasta 20 caracteres: esta longitud, combinada con letras, números y símbolos, multiplica las posibilidades y hace inviable “probar suerte” de forma automatizada con claves básicas.
- Complemento de la verificación en dos pasos: la nueva contraseña no elimina el PIN de seis dígitos ni otros mecanismos de seguridad existentes; actúa como un candado adicional que cierra aún más la puerta a accesos no autorizados.
- Gestión flexible: el usuario podrá crear, modificar o eliminar esta contraseña avanzada cuando lo necesite, adaptando el nivel de protección a su situación personal o profesional.
- Doble comprobación al iniciar sesión: en los escenarios más restrictivos, se exigirá tanto el PIN de seis dígitos como la nueva contraseña alfanumérica para acceder, garantizando que solo la persona que conoce todas las claves pueda usar la cuenta.
Contraseña ligada al dispositivo: más difícil clonar y suplantar
Además de las contraseñas largas, WhatsApp está desplegando una funcionalidad que permite vincular un código de acceso o contraseña directamente al dispositivo del usuario. Esta llave digital reside en el móvil, lo que complica que alguien pueda activar la cuenta en otro terminal sin autorización.
Hasta ahora, el eslabón más débil era con frecuencia el SMS de verificación. Mediante técnicas de ingeniería social o acceso físico al teléfono, los atacantes podían ver el código y registrar la cuenta en otro dispositivo en cuestión de segundos. Con un código asociado al propio móvil, este tipo de maniobra se vuelve mucho menos viable.
La idea se complementa con el uso de métodos biométricos ya presentes en la mayoría de terminales modernos. En muchos casos, será posible usar la misma clave que se emplea para desbloquear el teléfono (huella dactilar, reconocimiento facial o PIN del sistema), de modo que la seguridad se refuerza sin obligar al usuario a memorizar una lista interminable de contraseñas distintas.
Esta aproximación encaja con las normativas de protección de datos y las recomendaciones europeas de seguridad, donde se impulsa cada vez más el uso de autenticación multifactor y métodos ligados a un dispositivo concreto para reducir el impacto de robos de credenciales o filtraciones de datos.
A la práctica, quien intente apropiarse de una cuenta deberá superar varias verificaciones simultáneas: tener el número de teléfono, conseguir el código SMS, conocer el PIN y, en algunos casos, acceder físicamente al dispositivo legítimo. Un escenario mucho más incómodo para el atacante que el modelo actual basado casi exclusivamente en el código por SMS.
¿Serán obligatorias estas nuevas contraseñas en WhatsApp?
Por el momento, todo apunta a que la activación de estas contraseñas avanzadas será opcional, al menos en la primera fase de despliegue. Es decir, cada usuario podrá decidir si quiere sumar esta capa extra de protección o mantenerse con la configuración de seguridad estándar.
Esta decisión responde a un equilibrio delicado entre seguridad y facilidad de uso. No todos los usuarios tienen el mismo nivel de exposición ni las mismas necesidades: no es lo mismo alguien que usa WhatsApp de forma personal que una empresa que gestiona pedidos, pagos o datos de clientes a través de la app.
Quienes opten por activar la nueva contraseña deberán acostumbrarse a introducir tanto su PIN de seis dígitos como la clave alfanumérica cuando inicien sesión o registren el número en un nuevo dispositivo. A cambio, ganarán una protección mucho más sólida frente a secuestros de cuenta, algo especialmente relevante para personas que manejan información delicada o utilizan WhatsApp para coordinar pagos y transferencias.
En cualquier caso, incluso sin ser obligatoria, es previsible que las propias políticas de seguridad y las recomendaciones oficiales animen encarecidamente a activarla, sobre todo en entornos profesionales, empresas y administraciones públicas que usan la mensajería como canal de comunicación con ciudadanos o clientes.
La experiencia con otras herramientas de seguridad, como la verificación en dos pasos, demuestra que cuando una opción aporta una mejora clara en la protección y está bien explicada, la adopción crece de forma constante, aunque al principio pueda generar algo de rechazo por “complicar” el acceso.
Disponibilidad: fase beta y despliegue progresivo
La función de contraseñas avanzadas y el nuevo sistema vinculado al dispositivo se encuentran actualmente en fase de pruebas en la versión Beta de WhatsApp. Esto significa que solo los usuarios registrados en este programa pueden experimentar con la novedad, reportar fallos y sugerir mejoras.
Por ahora, no hay una fecha oficial para la llegada de estas funciones a la versión estable, pero lo habitual en estos casos es un despliegue gradual, primero en algunos países y plataformas, y después al resto de usuarios de iOS y Android. Este tipo de lanzamiento escalonado permite reaccionar rápidamente ante cualquier problema que surja.
El proceso de pruebas sirve para comprobar que la función no genera conflictos con copias de seguridad, cambios de móvil o restauraciones de cuenta, ni provoca bloqueos indeseados. También se pulen los mensajes y avisos que verán los usuarios, clave para que la activación sea clara y no genere confusiones.
Una vez completada esta fase, se espera que la actualización llegue tanto a Europa como a otras regiones, en línea con las tendencias globales de ciberseguridad. WhatsApp, con más de 2.000 millones de usuarios activos en el mundo, no puede permitirse un sistema de acceso débil en un contexto de fraudes cada vez más sofisticados.
Este refuerzo se alinea, además, con las exigencias regulatorias y las expectativas ciudadanas sobre protección de datos en la Unión Europea, donde la seguridad de las comunicaciones y la privacidad de la información personal son un punto central de la agenda digital.
El papel del usuario: hábitos de seguridad que seguirán siendo imprescindibles
Por muy avanzada que sea la tecnología, el eslabón más frágil suele ser el mismo: la persona que está al otro lado de la pantalla. La mayoría de intrusiones en cuentas de WhatsApp o correo no se deben a fallos graves en la app, sino a errores de seguridad básicos cometidos por los propios usuarios.
Entre las recomendaciones generales, destaca evitar conectarse a WhatsApp desde redes WiFi públicas o abiertas, especialmente si no cuentan con cifrado ni contraseña. Estas conexiones facilitan ataques de interceptación y phishing, donde el atacante intenta colarse en medio de la comunicación para robar datos.
También es fundamental tener activada la verificación en dos pasos y no compartir jamás el código de verificación ni el PIN con nadie, aunque el mensaje parezca llegar de un contacto conocido o de un supuesto “servicio técnico”. Los fraudes más efectivos hoy en día se basan precisamente en engañar a la víctima para que entregue ella misma las llaves de su cuenta.
Conviene, asimismo, revisar con frecuencia los dispositivos vinculados a WhatsApp Web y cerrar cualquier sesión que no reconozcamos, así como mantener tanto la app como el sistema operativo del móvil siempre actualizados para corregir posibles vulnerabilidades.
Por último, cuidar la seguridad del propio dispositivo (bloqueo con PIN, patrón, huella o reconocimiento facial) y configurar una contraseña robusta en el buzón de voz ayuda a cortar otras vías menos evidentes de ataque, como la recuperación de códigos a través de mensajes de voz.
Más allá de WhatsApp: contraseñas y doble factor en el correo electrónico
WhatsApp no es el único frente a proteger. El correo electrónico sigue siendo una pieza central de la identidad digital, ya que sirve de puerta de entrada a la recuperación de contraseñas y al acceso a otros servicios, desde redes sociales hasta banca online.
Crear contraseñas robustas y únicas para cada servicio, combinando letras, números y símbolos, es una medida básica que sigue plenamente vigente. Reutilizar la misma clave en todas partes convierte cualquier filtración en un problema en cadena, porque un atacante puede probar esa contraseña en múltiples plataformas hasta encontrar alguna que no tenga protección extra.
La autenticación en dos factores mediante aplicaciones como Google Authenticator o mediante claves físicas aporta una barrera decisiva: incluso si la contraseña se filtra, el atacante seguiría necesitando un segundo elemento que normalmente está en el propio dispositivo del usuario.
En paralelo, conviene ser muy cauto con los correos sospechosos: no hacer clic en enlaces ni abrir adjuntos de remitentes desconocidos y, aunque el mensaje parezca legítimo, escribir manualmente la dirección web en el navegador en lugar de fiarse de un hipervínculo acortado o manipulado.
Para registros poco importantes, se pueden usar correos temporales y servicios que avisan si tu email aparece en bases de datos filtradas. Ante cualquier aviso de este tipo, lo razonable es cambiar la contraseña de inmediato y activar o revisar el doble factor de autenticación.
Errores habituales que abren la puerta al cibercrimen
Aunque se añadan nuevas contraseñas y sistemas ligados al dispositivo, muchos ataques seguirán explotando errores cotidianos. Algunos fallos de configuración y de comportamiento siguen estando detrás de buena parte de los robos de cuentas.
El primero es no activar la confirmación en dos pasos en WhatsApp. Muchos usuarios creen que el código de seis dígitos enviado por SMS es todo lo que protege su cuenta. Los estafadores lo saben y se hacen pasar por empresas, hoteles o incluso soporte técnico para convencer a la víctima de que comparta ese código. Sin el segundo factor, el acceso a la cuenta está prácticamente servido.
Otro error recurrente es hacer clic en enlaces que prometen premios, descuentos imposibles u ofertas urgentes. Detrás suele haber páginas que imitan webs oficiales para robar datos personales o bancarios, o bien descargar malware capaz de registrar todo lo que se teclea en el móvil, incluidas claves de banca y contraseñas de apps.
También se subestima el riesgo de dejar la foto de perfil a la vista de cualquiera. Con una imagen reconocible y el nombre, un delincuente puede crear un perfil nuevo y hacerse pasar por un familiar o amigo, alegando que ha cambiado de número para pedir dinero urgentemente. No roban la cuenta, pero sí la identidad, con un impacto muy similar para la víctima.
A todo esto se suma la falta de protección de las copias de seguridad en la nube. Si las copias que WhatsApp guarda en Google Drive o iCloud no están cifradas con su propia contraseña, alguien que consiga entrar en la cuenta de Google o Apple podría descargar el historial de conversaciones sin tocar la app.
Buenas prácticas básicas para reducir riesgos
Junto a las nuevas contraseñas de WhatsApp, hay una serie de medidas sencillas que cualquier usuario puede aplicar en minutos y que reducen drásticamente la probabilidad de ser víctima de un robo de cuenta o de una estafa.
Una de las más efectivas es desactivar la vista previa de mensajes en la pantalla bloqueada, tanto para SMS como para WhatsApp. Así se evita que alguien pueda ver a simple vista un código de verificación cuando el móvil está sobre la mesa de un bar, en la oficina o en cualquier lugar público.
Asimismo, es recomendable ajustar la privacidad para que la foto de perfil solo sea visible para los contactos y desconfiar siempre de supuestos “números nuevos” que piden dinero de manera urgente. Ante la duda, una llamada de voz o videollamada suele despejar sospechas al instante.
Activar el cifrado de extremo a extremo en las copias de seguridad de WhatsApp también marca la diferencia: de este modo, ni siquiera el proveedor de nube ni un posible atacante que acceda a esa cuenta podrán leer el contenido sin la contraseña definida por el usuario.
Por último, conviene recordar algunas reglas básicas que no pasan de moda: no compartir información sensible por canales sin cifrado, cerrar sesiones en dispositivos ajenos y mantenerse al día de nuevas estafas reportadas por organismos oficiales y medios especializados. Estar informado es, en muchas ocasiones, la mejor vacuna.
La combinación de estas medidas con las nuevas contraseñas que WhatsApp está preparando dibuja un escenario en el que robar o suplantar cuentas será significativamente más difícil y costoso para los ciberdelincuentes. Aun así, la seguridad final dependerá en gran parte de las decisiones del propio usuario: configurar bien la app, desconfiar de mensajes sospechosos y adoptar hábitos prudentes marcará la diferencia entre ser una víctima fácil o mantener a raya la mayoría de ataques.