La IA y el mayor robo laboral: los documentos que comprometen a Microsoft y OpenAI

Última actualización: septiembre 19, 2026
Autor: Isaac
  • Documentos desclasificados del juicio del NYT contra OpenAI y Microsoft muestran que un ejecutivo de Microsoft llamó "mayor robo laboral" al uso de noticias.
  • Las empresas defienden el "uso legítimo", pero sus propios empleados admiten que los chatbots sustituyen a los medios.
  • El caso podría sentar precedente global sobre derechos de autor en IA.

Robo laboral en entrenamiento de IA

El avance imparable de la inteligencia artificial generativa ha puesto sobre la mesa un debate que parecía reservado a la ciencia ficción: ¿hasta qué punto las máquinas pueden alimentarse del trabajo humano sin pagar por ello? Un reciente giro judicial en Estados Unidos ha sacado a la luz correos internos de Microsoft y OpenAI en los que sus propios directivos admiten, con palabras duras, que la práctica de usar noticias y otros contenidos protegidos para entrenar modelos como ChatGPT podría considerarse «el mayor robo de trabajo de la historia de la humanidad».

Estos documentos, desclasificados en el marco de la demanda interpuesta por The New York Times y otros medios, muestran una contradicción evidente entre el discurso público de las tecnológicas, que defienden el «uso legítimo» de los materiales, y las inquietudes privadas de sus ingenieros. El caso, que acumula reclamaciones por miles de millones de dólares, puede redefinir las reglas del juego para toda la industria de la IA y, por extensión, para el futuro del periodismo en Europa.

Vista superior de documentos, portátil y café sobre un escritorio de oficina, representando la gestión de archivos digitales.
Related article:
Archivos en ChatGPT: Guía de Privacidad y Uso Seguro

Las revelaciones que comprometen a Microsoft y OpenAI

Entre los correos desvelados destaca el escrito de Brent Hecht, director de ciencia aplicada de Microsoft, que en 2023 ya alertaba de que el aprovechamiento masivo de artículos periodísticos sin autorización era un «robo asombroso de proporciones sin precedentes». Hecht no se quedó ahí: en otro memorando interno insistió en que el plan para recopilar contenido se burlaba por completo del concepto de «uso justo» (fair use), uno de los pilares de la defensa legal de las compañías.

Entrenamiento de modelos de IA con contenido protegido

El responsable de producto de ChatGPT, Nick Turley, también se pronunció en términos muy gráficos: calificó el impacto de la IA generativa sobre los editores como una «amenaza existencial» y admitió que los productos de OpenAI son «en gran medida sustitutivos» del periodismo tradicional. Las palabras de Turley reflejan una preocupación que también aparece en los análisis de Microsoft: si los chatbots responden directamente a las preguntas de los usuarios, el tráfico hacia los sitios de noticias se desploma, y con él los ingresos publicitarios.

Los datos que manejan los demandantes son demoledores. Según un informe de Microsoft citado en el procedimiento, la tasa de clics de los usuarios que acceden a un artículo desde el asistente Copilot cae entre un 83% y un 93% respecto a los que llegan por una búsqueda tradicional. Además, el propio consejero delegado de Microsoft, Satya Nadella, declaró bajo juramento que los chatbots han «sustituido» a las webs de los medios y que el contenido tras los muros de pago debería licenciarse antes de usarse para entrenar modelos. Unas afirmaciones que chocan con la postura oficial de su compañía.

Representación simbólica de la unión entre una mano humana y una mano robótica, simbolizando la colaboración simbiótica entre el talento humano y la inteligencia artificial.
Related article:
Habilidades Estratégicas y Competencias Humanas en la Era de la Inteligencia Artificial

Un pulso legal con implicaciones globales

El caso, que se dirime en el Distrito Sur de Nueva York, ha dado un giro inesperado con la decisión del Departamento de Justicia de Estados Unidos de apoyar a OpenAI y Microsoft. En un escrito presentado a principios de mes, el Gobierno argumenta que restringir el entrenamiento de modelos con material protegido «amenaza la seguridad nacional» y otorga ventaja a competidores extranjeros. Una postura que ha provocado el malestar de los editores: el portavoz del Times lamentó que la administración se ponga «del lado de un puñado de empresas de IA valoradas en billones de dólares».

El otro gran concepto que ha salido de los papeles desclasificados es el temido «doom loop» o bucle de autodestrucción. Los ingenieros de Microsoft ya lo describieron internamente: si el rastreo masivo de contenidos acaba con la viabilidad de los medios, el flujo de datos frescos y de calidad se seca, y los futuros modelos de IA se degradan. En otras palabras, el mismo proceso que alimenta a la inteligencia artificial podría acabar matando a su principal fuente de información. Un problema de suministro que algunos gigantes tecnológicos intentan resolver firmando acuerdos de licencia con grandes grupos editoriales.

Litigio por derechos de autor en entrenamiento de IA

En Europa, el debate no es nuevo. La directiva de derechos de autor de la UE y el reciente Reglamento de Inteligencia Artificial ya han abordado la necesidad de transparencia en el uso de datos para entrenar modelos, aunque todavía no se ha establecido un sistema de compensación obligatorio. Algunos medios españoles, como los grandes grupos editoriales, han reclamado en los últimos años una regulación que garantice el pago por el uso de sus contenidos, tal y como ocurre con el canon AEDE, que en su día generó un duro enfrentamiento con Google. La solución, apuntan muchos expertos, podría pasar por un sistema de licencias obligatorias que dé a los editores un poder de negociación real.

Lo sucedido en los juzgados neoyorquinos ha puesto sobre la mesa una cuestión de calado que va más allá de las batallas legales entre gigantes: la necesidad de definir un marco justo para el uso del trabajo humano en la era de la IA. Las declaraciones de los propios ejecutivos de Microsoft y OpenAI, desveladas en los documentos, demuestran que nadie ignora el problema. Queda por ver si los tribunales, la regulación o los acuerdos comerciales serán capaces de atajarlo antes de que el bucle de autodestrucción del que hablaban internamente se convierta en una realidad.