- La compañía ha activado por defecto una opción que permite recolectar imágenes, vídeos y grabaciones de voz de servicios como Maps o Translate.
- Este cambio afecta principalmente a las cuentas personales y busca alimentar los modelos de IA generativa como Gemini.
- Los usuarios pueden desactivar manualmente el guardado de contenido multimedia desde la configuración de privacidad de su cuenta.
- Google ha establecido periodos de eliminación automática opcionales de 3, 18 o 36 meses para estos datos.

Parece que a Google le ha entrado hambre de datos y no ha querido avisar demasiado alto. La compañía del buscador más famoso del mundo ha decidido dar una vuelta de tuerca a sus políticas de privacidad, ampliando el tipo de información que recopila para alimentar sus modelos de inteligencia artificial. Lo que antes se limitaba a textos o historiales de búsqueda ahora abre la puerta de par en par a archivos mucho más personales, como nuestras fotos, vídeos y hasta grabaciones de voz.
Esta actualización, que ya está aterrizando en las cuentas de los usuarios españoles y del resto de Europa, viene activada por defecto, lo que obliga a cualquiera que quiera mantener su intimidad a salvo a bucear entre menús de configuración bastante escondidos. No es que sea algo totalmente nuevo en el sector, pero la escala de Google hace que este movimiento ponga los pelos de punta a más de uno, especialmente cuando nos damos cuenta de que servicios tan cotidianos como Maps o el Traductor están metidos en el ajo.
El cambio silencioso en las reglas del juego de Google
Durante el pasado mes de junio, muchos recibimos un correo electrónico que pasó algo desapercibido entre tanto spam y promociones. En ese mensaje, la gran G informaba sobre la creación de un nuevo Historial de Servicios de Búsqueda. Aunque a simple vista parecía una forma de darnos más control sobre lo que buscamos, la realidad es que esta nueva capa de configuración permite a la empresa almacenar contenido multimedia que antes se gestionaba de forma distinta.

La letra pequeña no deja lugar a dudas: este contenido guardado se utiliza para desarrollar y mejorar sus tecnologías, lo que incluye de forma explícita el entrenamiento de modelos de IA generativa. Al estar activado de forma automática, Google se asegura una fuente masiva de datos reales provenientes de nuestras interacciones diarias, algo que resulta mucho más valioso para sus algoritmos que la información genérica que se puede encontrar rascando por la web pública.
Mapas, fotos y voz: los nuevos activos para la IA
El alcance de esta medida es sorprendentemente amplio y no se limita solo al buscador tradicional. Si utilizas Google Lens para identificar un objeto en una foto, esa imagen podría terminar formando parte de la base de datos de Gemini en Android. Lo mismo ocurre con las búsquedas por voz o las grabaciones de pronunciación en Google Translate; todo ese material de audio puede ser procesado para que la inteligencia artificial entienda mejor cómo hablamos los humanos.
La lista de servicios afectados incluye también aplicaciones como Google Maps, Shopping, Flights, Hotels y News. Es importante aclarar que, por el momento, Google Fotos se mantiene al margen de esta política específica, lo que supone un pequeño alivio para quienes guardan allí sus recuerdos más íntimos. Sin embargo, en otros servicios, la compañía admite que incluso podría haber revisores humanos echando un ojo a fragmentos de esta información para asegurar que la tecnología avanza por el buen camino.
Para los más precavidos, la empresa permite configurar un borrado automático. Los usuarios tienen la posibilidad de elegir que su actividad se elimine cada 3, 18 o 36 meses, aunque de entrada esta opción no siempre está configurada de la forma más restrictiva posible. Es una manera de dar libertad al usuario, pero requiere que este dé el primer paso para no dejar un rastro digital infinito en los servidores de Silicon Valley.
Cómo recuperar el control de tu privacidad
Si no te hace mucha gracia que tus archivos sirvan para que una máquina aprenda, la buena noticia es que se puede cortar el grifo. Para hacerlo, hay que entrar en la sección de Mi Actividad dentro de la cuenta de Google y buscar específicamente el apartado del Historial de los servicios de búsqueda. Una vez allí, se puede desactivar por completo o, si prefieres mantener ciertas funciones de personalización, desmarcar únicamente la casilla de «Guardar contenido multimedia».
Es fundamental tener en cuenta que si solo tocamos los ajustes antiguos de «Actividad web y de aplicaciones», no estaremos bloqueando este nuevo sistema. Google ha separado las aguas y ahora los datos de búsqueda tienen su propio mando de control independiente. Al desactivarlo, es posible que algunas funciones pierdan ese toque personalizado que tanto nos facilita la vida a veces, pero a cambio ganaremos en tranquilidad sobre el uso de nuestros archivos personales.

Esta tendencia no es exclusiva de Google, ya que otros gigantes como Meta o OpenAI también están bajo la lupa por prácticas similares. En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) pone las cosas un poco más difíciles a estas empresas, exigiendo que el consentimiento sea claro y transparente. Aun así, la estrategia de activar funciones por defecto sigue siendo el estándar de la industria, obligando al ciudadano de a pie a estar siempre alerta ante cada actualización de software que llega a su móvil.
Por otra parte, los usuarios de entornos profesionales como Google Workspace pueden respirar tranquilos, ya que la política para empresas suele ser mucho más estricta y no utiliza el contenido corporativo para entrenar modelos públicos de inteligencia artificial. Esta distinción subraya que, en el modelo de negocio actual, el usuario doméstico suele ser el que paga con sus datos la gratuidad de servicios que, de otro modo, tendrían un coste económico directo.
Al final del día, la evolución de la inteligencia artificial parece imparable y requiere de una cantidad ingente de ejemplos reales para funcionar con precisión. Estar informados sobre dónde terminan nuestras fotos y grabaciones es el único modo de decidir cuánta privacidad estamos dispuestos a sacrificar por la comodidad de un buscador inteligente. Revisar de vez en cuando los ajustes de nuestra cuenta se ha convertido en una tarea casi tan obligatoria como actualizar las contraseñas para no llevarnos sorpresas desagradables en el futuro.

