Clawdbot y la nueva ola de asistentes de IA que navegan y hacen clic por el usuario

Última actualización: enero 28, 2026
Autor: Isaac
  • Clawdbot irrumpe como asistente de IA autónomo capaz de controlar el ordenador y actuar en la web por el usuario.
  • Sus posibilidades de automatización son enormes, pero los riesgos de seguridad y privacidad también lo son.
  • Funciona como un “sistema operativo de IA personal”, con memoria persistente y conexión a múltiples canales de mensajería.
  • La llegada de estos agentes anticipa un cambio profundo en cómo reservamos, trabajamos y nos relacionamos con servicios online.

asistente de IA que navega por la web

Los llamados asistentes de IA que navegan y hacen clic por el usuario han dejado de ser una promesa futurista para convertirse en herramientas reales que cualquiera puede instalar en su ordenador. Ya no hablamos solo de chatbots que responden dudas: son agentes capaces de abrir aplicaciones, moverse por páginas web, pulsar botones, escribir correos o incluso completar compras online de forma autónoma.

En este contexto ha aparecido Clawdbot, un agente de inteligencia artificial de código abierto que está generando gran expectación en la comunidad tecnológica, también en España. Su propuesta es simple y a la vez inquietante: un asistente que vive en nuestro PC o servidor, conectado a WhatsApp, Telegram u otras plataformas, y que puede hacer prácticamente cualquier cosa que haríamos nosotros frente a la pantalla.

Qué es realmente un asistente de IA que navega y hace clic por ti

asistente de IA que controla el ordenador

La idea de fondo es clara: ya no interactuamos con la IA solo escribiendo preguntas, sino que le delegamos acciones completas en nuestro ordenador y en la web. Estos agentes reciben una instrucción en lenguaje natural (por ejemplo, “búscame un hotel en Madrid para este fin de semana y reserva el más barato con cancelación gratuita”) y se encargan de todo el proceso: abrir el navegador, visitar distintas webs, comparar, hacer clic, rellenar formularios y confirmar la operación.

Frente a los asistentes clásicos, que se limitaban a darnos información, estos nuevos sistemas actúan como una mezcla entre secretario personal digital y sistema operativo inteligente. El usuario deja de “navegar y comparar” manualmente: el asistente interpreta la intención, decide qué pasos seguir y los ejecuta de forma autónoma en nuestro dispositivo.

Este enfoque tiene implicaciones directas para sectores como el turismo, el comercio electrónico o los servicios financieros en Europa, donde buena parte de los procesos siguen girando en torno al clic humano. Si el agente decide y ejecuta por nosotros, la batalla ya no se libra solo en Google o en las webs corporativas, sino en quién consigue ser la opción recomendada dentro de esa conversación con la IA.

En el ámbito de la distribución hotelera, por ejemplo, los grandes buscadores y las OTAs han dominado durante años el embudo de búsqueda, comparación y reserva. Con la llegada de estos asistentes, el viajero podría limitarse a pedir una recomendación concreta y una reserva inmediata, sin pasar por múltiples pestañas ni revisar decenas de ofertas. La IA sustituye el ritual de buscar y hacer clic por uno nuevo: preguntar, recibir una respuesta cerrada y confirmar con un solo mensaje.

Clawdbot: el asistente que controla tu ordenador (y la web) por ti

Clawdbot se ha posicionado como uno de los ejemplos más claros de este nuevo paradigma. Se trata de un asistente personal de IA gratuito y autoalojado que se instala en un ordenador o servidor (Windows, Linux o macOS) y al que luego se accede desde canales como WhatsApp, Telegram, Slack, Discord, Google Chat o iMessage.

Una vez en marcha, el agente tiene permiso para abrir aplicaciones, hacer clic, escribir, leer y modificar archivos, usar el navegador, interactuar con servicios en la nube y, en general, ejecutar cualquier comando que pueda realizar un usuario con acceso completo a la máquina. Desde programar tareas hasta hacer reservas en restaurantes o gestionar documentos, casi todo es delegable si se configura correctamente.

A diferencia de otros productos cerrados, Clawdbot no incorpora su propio modelo de IA, sino que se apoya en modelos externos como Anthropic Claude, OpenAI GPT o LLMs autoalojados. El motor de IA se encarga de decidir qué responder, cuándo usar memoria, qué acciones ejecutar y cuándo pedir aclaraciones al usuario. Esta separación entre “cerebro” y “cuerpo” permite flexibilidad: se puede usar tanto con servicios comerciales como con modelos locales, algo especialmente relevante en Europa por cuestiones de privacidad y cumplimiento normativo.

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Además, el agente está diseñado para funcionar de forma persistente. Mantiene un proceso activo que escucha los mensajes que llegan desde las aplicaciones de mensajería conectadas y actúa en segundo plano, sin necesidad de que el usuario esté delante del teclado. De este modo, se convierte literalmente en un ayudante digital que vive en el ordenador y que podemos “despertar” con un mensaje de chat en cualquier momento.

Desde un punto de vista práctico, esto significa que podríamos enviar un WhatsApp al asistente para pedirle que descargue determinados informes, que prepare un resumen de novedades de varios sitios web europeos o que reserve una mesa en un restaurante de Madrid, y al cabo de unos minutos encontrar todo hecho en nuestro equipo.

Memoria persistente y comportamiento de “sistema operativo de IA”

Uno de los aspectos más llamativos de Clawdbot es su enfoque de la memoria. En lugar de “simular” que recuerda, como hacen muchos chatbots, utiliza una memoria persistente en disco dividida en varias capas: memoria episódica (conversaciones anteriores), memoria semántica (datos relevantes sobre el usuario), memoria de tareas (pendientes) y memoria contextual (hábitos, horarios, preferencias, herramientas que usamos).

Gracias a esa estructura, el asistente puede retomar conversaciones días después sin perder el hilo, recordar en qué proyectos trabajamos, qué comandos usamos con frecuencia o qué tipo de webs consultamos para determinadas tareas. Este contexto es clave cuando el agente actúa en nuestro nombre al navegar y hacer clic, porque reduce la necesidad de repetir instrucciones y ayuda a afinar decisiones.

Además de la memoria, Clawdbot destaca por su capacidad para interactuar con otras herramientas. No se limita a generar texto: puede ejecutar scripts, acceder a APIs, leer y escribir archivos, automatizar flujos internos y orquestar tareas complejas dividiéndolas en pasos, comprobando resultados y corrigiendo errores sobre la marcha.

Este tipo de operativa aproxima a Clawdbot y a otros agentes similares a algo muy cercano a un sistema operativo de IA personal. Gestionan recordatorios, procesan información, actúan sobre el entorno digital y, en muchos casos, toman la iniciativa con notificaciones proactivas, por ejemplo enviando resúmenes diarios de agenda y tiempo o alertas cuando un sitio web que monitorizamos en Europa presenta incidencias.

La combinación de memoria real, capacidad de acción y conexión a múltiples canales de mensajería hace que estos asistentes puedan acompañar al usuario en el trabajo, en sus reservas de viaje, en la gestión de documentos o en la automatización de la atención al cliente, sin necesidad de abrir nuevas interfaces específicas.

Instalación, canales y requisitos técnicos

Aunque el concepto resulta muy potente, poner en marcha un asistente de este tipo no es todavía un proceso pensado para todo el mundo. Clawdbot requiere ciertos conocimientos técnicos, especialmente en la parte inicial de instalación y configuración de permisos.

Sus creadores han publicado un script que funciona en los principales sistemas operativos (macOS, Linux y Windows mediante WSL2). Basta con tener instalado Node.js en versión 22 o superior, abrir un terminal y ejecutar un comando que descarga e instala el agente. A partir de ahí, un asistente guiado ayuda a definir rutas de memoria, introducir las claves de API de la IA elegida (Claude, OpenAI u otras) y seleccionar los canales de chat que queremos vincular.

Entre los canales soportados destacan Telegram, WhatsApp, Discord, Slack o Signal, muy populares en Europa. En cada caso, hay que generar los tokens o credenciales correspondientes: crear un bot en Telegram con @BotFather, configurar una API de WhatsApp, añadir un bot a un servidor de Discord o a un workspace de Slack, etc. Una vez completado ese paso, el agente quedará a la espera de mensajes y podremos verificar que responde con pruebas sencillas (por ejemplo, enviando un comando “!ping” y esperando el clásico “Pong!”).

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En cuanto a hardware, Clawdbot puede funcionar incluso en dispositivos modestos como una Raspberry Pi, siempre que no se cargue un modelo de IA local demasiado exigente. Esto facilita que pequeñas empresas o usuarios particulares en España y otros países europeos puedan probarlo en servidores económicos, VPS o máquinas dedicadas sin un gran desembolso.

Para usos avanzados —como ejecutar modelos LLM locales por motivos de privacidad o cumplimiento del RGPD— sí será necesario contar con equipos más potentes. No obstante, muchos usuarios optan por combinar el agente local con modelos alojados en la nube, al menos en fases iniciales de experimentación.

Riesgos de seguridad: un asistente sin apenas límites

El potencial de estos asistentes viene acompañado de riesgos de seguridad muy relevantes. Dar a una IA acceso total a la máquina implica que, si algo sale mal, las consecuencias pueden ser serias: pérdida de datos, fuga de credenciales, ejecución de comandos peligrosos o incluso uso malicioso del agente como puerta de entrada a otras máquinas de la red.

El propio instalador de Clawdbot muestra advertencias claras al usuario, insistiendo en que se trata de una herramienta “poderosa e inherentemente arriesgada” y recomendando probarla primero en entornos aislados, con privilegios mínimos. Muchos expertos sugieren utilizar máquinas virtuales, portátiles antiguos o servidores dedicados solo a este tipo de pruebas, evitando equipos donde haya información sensible.

Uno de los peligros más comentados es el llamado prompt injection. Si el agente recibe un documento o visita una web que incluye instrucciones ocultas, podría ser engañado para ignorar las órdenes originales del usuario y ejecutar acciones no deseadas, como copiar claves privadas, extraer cookies del navegador o enviar información confidencial a una dirección externa.

Este tipo de ataques resulta especialmente delicado en Europa, donde la normativa de protección de datos es estricta y las empresas pueden enfrentarse a sanciones importantes si no protegen adecuadamente la información de sus clientes. Un asistente de IA con acceso al correo corporativo, al calendario, a los sistemas internos y al navegador debe estar rodeado de medidas de seguridad adicionales, desde redes segmentadas hasta políticas de mínimos privilegios y auditoría constante.

Algunos desarrolladores han comenzado a publicar scripts y guías para reforzar la seguridad del entorno donde se instala Clawdbot: limitar el acceso a ciertas carpetas, restringir comandos, utilizar túneles SSH, separar cuentas personales y de pruebas, o recurrir a números de teléfono desechables al conectarlo a servicios como WhatsApp.

Posibilidades prácticas: del uso personal a la empresa

Una vez asumidos los riesgos y configurado con cierto cuidado, las aplicaciones prácticas de estos asistentes son muy amplias. Clawdbot, por ejemplo, puede actuar como un centro de automatización accesible desde el móvil, capaz de ejecutar tareas que antes exigían sentarse delante del ordenador.

En el plano personal, el agente puede organizar ficheros y directorios, crear documentos, programar scripts, descargar contenido de la web o vigilar determinados temas de interés y preparar resúmenes para la mañana siguiente. Si se conecta a sensores domóticos, puede actuar sobre luces, calefacción u otros dispositivos siguiendo parámetros definidos por el usuario.

En entornos profesionales, las opciones se multiplican: el asistente puede transcribir reuniones, generar resúmenes ejecutivos, extraer compromisos, analizar documentos (incluidos ficheros CSV con datos) y responder preguntas sobre su contenido. También puede monitorizar webs o servicios críticos y enviar alertas cuando detecta anomalías, algo especialmente útil para empresas tecnológicas y de servicios online en Europa.

Otra aplicación destacada es la automatización de la atención al cliente. Clawdbot puede integrarse con canales como WhatsApp o Discord para atender consultas básicas, recopilar feedback, escalar incidencias o disparar flujos internos (por ejemplo, abrir un ticket en un sistema de soporte). Al contar con memoria persistente, evita repetir constantemente las mismas preguntas y puede mantener un contexto rico de la relación con cada usuario.

En el ámbito del comercio electrónico y las reservas, la combinación de navegación autónoma, clics y escritura de formularios abre la puerta a que el asistente gestione procesos completos: desde buscar productos o servicios hasta cerrar compras o reservas en nombre del usuario, siempre que se configuren adecuadamente los límites y las autorizaciones.

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Impacto en la experiencia online en España y Europa

La aparición de agentes como Clawdbot se cruza con otra tendencia clave: la creciente presencia de respuestas generadas por IA en buscadores. En plataformas como Google, una parte importante de las búsquedas ya muestra resúmenes automáticos en la parte superior, reduciendo el número de clics en los resultados tradicionales.

Si a ese fenómeno se suma la capacidad de los asistentes para navegar y hacer clic por el usuario, el modelo clásico basado en atraer tráfico a la web y optimizar tasas de conversión empieza a quedarse corto. El usuario deja de explorar múltiples opciones y pasa a confiar en una recomendación concreta, muchas veces sin salir del entorno conversacional donde ha planteado su petición.

Para hoteles, comercios o proveedores de servicios en España y el resto de Europa, esto implica que no basta con aparecer bien posicionados en buscadores. Tendrán que asegurarse de que la información oficial y estructurada sobre sus precios, políticas, disponibilidad y condiciones esté accesible y conectada a los asistentes de IA, ya sea mediante APIs, estándares abiertos o integraciones específicas.

En el sector hotelero, por ejemplo, se empieza a hablar de métricas como el “share of answer”: con qué frecuencia un establecimiento forma parte de las respuestas que un asistente ofrece para un destino concreto, qué narrativa utiliza para describirlo y qué canal sugiere para cerrar la reserva (directo u OTA). Quienes no aparezcan en esas respuestas verán caer la demanda sin necesariamente notar una gran bajada de visitas en su web, porque la decisión se tomará antes.

En paralelo, surgen estándares como el Model Context Protocol (MCP), que buscan facilitar la conexión entre modelos de IA y sistemas de negocio sin depender de integraciones a medida. Para empresas europeas, aprovechar este tipo de tecnologías puede marcar la diferencia entre ser “legibles” para los asistentes que navegan y hacen clic, o quedar relegadas a un segundo plano frente a intermediarios que sí están preparados.

Un cambio de mentalidad: de los clics a las instrucciones

Más allá de las cuestiones técnicas, estos asistentes obligan a replantear cómo entendemos la interacción con los servicios digitales. El usuario se acostumbra a dar instrucciones en lenguaje natural y esperar resultados tangibles (una reserva confirmada, un documento generado, un informe enviado) sin preocuparse de los pasos intermedios.

Si esta dinámica se consolida, muchas interfaces web podrían acabar siendo consumidas principalmente por agentes automáticos que navegan y hacen clic por nosotros, mientras que las personas solo verían una parte del proceso, normalmente el inicio (la petición) y el final (la confirmación). Esto ya empieza a verse en pruebas con asistentes que completan formularios de manera automática o que gestionan trámites administrativos en línea.

En Europa, donde conviven normativas complejas, portales públicos heterogéneos y múltiples idiomas, un asistente capaz de “traducir” la burocracia digital en instrucciones sencillas podría aliviar muchos dolores de cabeza, siempre que se combinen bien su potencia con medidas robustas de seguridad y protección de datos.

Para los profesionales y las empresas, el reto será encontrar el equilibrio entre automatizar tareas repetitivas mediante estos agentes y mantener un control suficiente sobre las decisiones críticas. No todo proceso es delegable, y no todos los entornos son adecuados para dar carta blanca a una IA con acceso total al sistema.

Todo apunta a que los asistentes de IA que navegan y hacen clic por el usuario, como Clawdbot y otros que vendrán, van a desempeñar un papel cada vez más importante en nuestro día a día digital, desde el trabajo hasta las reservas de ocio. Sus posibilidades son enormes, pero también sus riesgos, y gran parte del debate en España y Europa girará en torno a cómo aprovechar su capacidad sin perder de vista la seguridad, la privacidad y la transparencia en las decisiones que toman en nuestro nombre.

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