- La Comisión Europea aplica la Ley de Mercados Digitales para evitar que Gemini tenga ventajas exclusivas en Android
- Bruselas quiere que los servicios de IA rivales accedan al hardware, software y funciones clave del sistema en igualdad de condiciones
- Google alerta de riesgos de seguridad y privacidad si se abre Android a integraciones profundas de terceros
- La consulta pública está abierta hasta mayo y la decisión final deberá adoptarse antes de finales de julio

La Comisión Europea ha dado un paso más en su pulso con Google al plantear cambios profundos en cómo se integra la inteligencia artificial en Android. Bruselas considera que el sistema operativo móvil de la compañía estadounidense está demasiado volcado en favorecer a Gemini, su propio asistente y plataforma de IA, lo que dejaría a sus competidores en clara desventaja.
El movimiento se ampara en el Reglamento de Mercados Digitales (DMA), una normativa pensada para frenar los abusos de posición dominante de las grandes tecnológicas en la Unión Europea. Según las conclusiones preliminares del Ejecutivo comunitario, Android no estaría ofreciendo a los servicios de IA rivales el mismo nivel de acceso a las funciones del dispositivo que disfruta Gemini, limitando así la capacidad real de competir en el día a día de los usuarios.
Qué exige Bruselas exactamente a Google
En el centro de la investigación se encuentra la sospecha de que Google ha construido un “carril rápido” para Gemini dentro de Android, con APIs privilegiadas, permisos especiales del sistema e integraciones mucho más profundas que las disponibles para otros asistentes o modelos de IA. De confirmarse, esto iría en contra de las obligaciones que la DMA impone a los llamados “guardianes de acceso”.
La Comisión quiere que los servicios de inteligencia artificial de terceros puedan interactuar con las aplicaciones del teléfono y con el propio sistema con la misma naturalidad que Gemini. Eso incluye tareas tan habituales como enviar correos electrónicos con la app preferida por el usuario, gestionar el calendario, pedir comida, compartir fotos con contactos o coordinarse entre distintas aplicaciones instaladas.
Hasta ahora, Bruselas sostiene que Google se reserva buena parte de estas capacidades clave para su propia IA, de modo que opciones rivales como ChatGPT, Copilot u otros asistentes no pueden ofrecer una experiencia igualmente integrada en móviles y tabletas Android. En la práctica, esto se traduce en que un usuario puede hablar con un asistente alternativo, pero este no tiene las mismas “llaves del sistema” que el de Google.
Por ello, las propuestas comunitarias apuntan a que Android deberá ofrecer a los proveedores de IA competidores un acceso efectivo y gratuito a las mismas funciones de hardware y software de las que se beneficia Gemini. El objetivo es que haya igualdad técnica a la hora de integrarse con el dispositivo y que la ventaja de Google no venga dada por privilegios de plataforma.
Dentro de este paquete también se incluye el acceso a recursos que hoy son fundamentales para los modelos avanzados, como determinadas capacidades del sistema operativo o datos operativos que alimentan las funciones inteligentes. La idea de Bruselas es clara: si Gemini puede hacer algo gracias a Android, un servicio rival también debería poder hacerlo, siempre que respete las normas de seguridad y privacidad.
Más libertad para elegir y activar asistentes de IA
Uno de los puntos que más insiste la Comisión Europea es la forma en que los usuarios activan sus asistentes en el móvil. Actualmente, el sistema de activación por voz está ligado de forma muy estrecha al ecosistema de Google, lo que dificulta que un rival ocupe ese espacio. Bruselas pretende que los consumidores puedan configurar palabras clave o comandos de voz personalizados para iniciar asistentes alternativos, sin tener que renunciar a funcionalidades.
Esto significa que, si prosperan las medidas, un usuario de Android podría elegir con facilidad que sea otro servicio de IA —por ejemplo, un modelo europeo o una solución especializada— el que responda al decir una frase concreta, y no necesariamente Gemini. La intención del regulador es derribar las barreras prácticas que desincentivan la adopción de soluciones distintas a las de Google.
Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión responsable de Competencia, ha subrayado que los servicios de IA “son cada vez más relevantes en la interacción diaria de los ciudadanos con sus dispositivos móviles”. A su juicio, es imprescindible que la normativa proteja la capacidad de innovar de empresas de todos los tamaños, y no solo de los gigantes consolidados del sector.
Ribera considera que, con los cambios propuestos, los usuarios de Android en la Unión Europea dispondrán de “más opciones” reales sobre qué servicios de IA utilizan e integran en sus terminales. No se trata únicamente de poder instalar una app más, sino de que esas alternativas tengan el mismo nivel de integración profunda que las soluciones de Alphabet, entre ellas Gemini.
En la misma línea, Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva para Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, ha defendido que la interoperabilidad es el elemento clave para desbloquear todo el potencial de estas tecnologías. Según Virkkunen, abrir Android a una gama más amplia de servicios permitirá que cada persona elija las herramientas que mejor encajen con sus necesidades y valores, “sin sacrificar funcionalidad”.
Seguridad, privacidad y la defensa de Google
Google, por su parte, no comparte el diagnóstico de Bruselas y ha hecho llegar su malestar por la vía oficial. La compañía recuerda que Android ya funciona como plataforma abierta donde los fabricantes pueden seleccionar qué servicios integran, y alerta de que acceder indiscriminadamente a funciones críticas del sistema podría tener efectos indeseados, y recuerda la demanda en España contra Google por recopilar datos.
Desde el entorno de la empresa se argumenta que obligar a dar a terceros el mismo nivel de acceso al hardware y a los permisos sensibles del dispositivo puede encarecer los costes de desarrollo y, sobre todo, aumentar los riesgos para la privacidad y la seguridad de los usuarios europeos. En un contexto donde los modelos de IA manejan información personal, datos financieros o consultas de salud, Google sostiene que hay que ser extremadamente prudente.
La tecnológica teme que una apertura excesiva termine generando brechas de seguridad si proveedores menos cuidadosos acceden a elementos del sistema que hasta ahora estaban muy controlados. Además, recuerda que las obligaciones del DMA se suman a otras órdenes recientes, como las relativas a compartir datos de búsqueda con motores rivales para que puedan entrenar y mejorar sus propios servicios.
Pese a estas advertencias, Bruselas mantiene que la interoperabilidad es condición indispensable para que exista una competencia de verdad en el ecosistema móvil. Desde la Comisión se insiste en que las medidas buscarán un equilibrio entre abrir el mercado y preservar estándares de seguridad y protección de datos, lo que previsiblemente obligará a perfilar con detalle los requisitos técnicos que deberá cumplir cada proveedor.
En caso de que Google no adapte Android a las exigencias finales dentro de los plazos marcados, la empresa se arriesga a sanciones económicas elevadas bajo la DMA, que contemplan multas de hasta un 10 % de la facturación global anual por infracciones graves y persistentes. Este escenario se sumaría a las importantes sanciones que el grupo ya ha recibido en los últimos años en Europa por otros casos vinculados a Android y a su servicio de compras.
Un nuevo capítulo en la aplicación de la Ley de Mercados Digitales
El expediente abierto contra Google en materia de inteligencia artificial en Android forma parte de una estrategia más amplia de la Unión Europea para reordenar el poder de las grandes plataformas digitales. El DMA no solo fija obligaciones específicas, sino que permite a Bruselas intervenir antes de que un comportamiento potencialmente abusivo termine consolidando un monopolio de facto.
La Comisión ya había actuado anteriormente frente a Google por su política en búsquedas y por la imposición de determinadas aplicaciones en Android, con multas multimillonarias. La diferencia ahora es que el foco está en un terreno emergente, la IA, donde las decisiones tomadas en los próximos años pueden determinar qué actores controlan las interfaces y servicios clave del futuro.
En este contexto, la investigación sobre el trato preferente a Gemini se interpreta como un intento de evitar que la inteligencia artificial se convierta en una nueva palanca de bloqueo para los usuarios, dificultando que cambien de proveedor o que experimenten con soluciones innovadoras. Desde Bruselas se quiere actuar cuando todavía hay margen para moldear el mercado, y no únicamente sancionar comportamientos ya consolidados.
Además, la controversia con Android se suma a otros frentes abiertos, como las indicaciones sobre cómo debe compartir Google determinados datos de consulta con buscadores rivales o cómo Meta debe permitir la integración de chatbots de terceros en servicios como WhatsApp sin imponer comisiones o condiciones discriminatorias. Todo ello conforma una misma línea de actuación orientada a reducir las ventajas estructurales de las grandes plataformas.
Para el ecosistema tecnológico europeo, estas medidas son observadas con atención. Startups y desarrolladores ven en la DMA una oportunidad para entrar en un mercado dominado por gigantes estadounidenses con recursos muy superiores, siempre que el terreno de juego se nivele también en el plano técnico, tal y como pretende el paquete de cambios sobre Android y la IA.
Calendario, consulta pública y próximos pasos
El procedimiento abierto contra Google se encuentra todavía en una fase preliminar. La Comisión ha remitido a la compañía un conjunto de conclusiones e indicaciones iniciales donde se detallan las áreas de preocupación y las posibles obligaciones para corregirlas. A partir de ahí, se ha puesto en marcha una consulta pública en la que pueden participar tanto la propia empresa como otras partes interesadas.
Las compañías del sector, organizaciones de consumidores, expertos en competencia y actores industriales tienen hasta el mes de mayo para presentar aportaciones y observaciones que ayuden a perfilar las medidas definitivas. Este periodo de consulta se considera clave para ajustar los requisitos técnicos, calibrar los riesgos y evitar efectos no deseados sobre la seguridad o la innovación.
Una vez cerrado ese plazo, el Ejecutivo comunitario evaluará todo el material recibido y procederá a fijar las obligaciones definitivas que deberá cumplir Google si quiere considerarse en línea con la DMA. El calendario previsto marca como fecha límite antes de finales de julio para hacer pública la decisión final sobre este expediente concreto.
Si al término de ese periodo la Comisión concluye que las propuestas de cumplimiento de Google son insuficientes o meramente cosméticas, podrá requerir cambios adicionales en Android. En última instancia, y si persiste el desacuerdo, el regulador europeo mantiene la facultad de abrir una investigación formal por posible incumplimiento de la DMA, con el consecuente riesgo de sanciones económicas y nuevas imposiciones estructurales.
En todo caso, las actuaciones actuales se desarrollan, tal y como subraya Bruselas, sin perjuicio de la potestad de la institución para constatar en el futuro un eventual incumplimiento de las obligaciones legales por parte de Google. Es decir, la fase de “asistencia” y diálogo no excluye que el asunto pueda escalar si no se logran avances sustanciales en la apertura del ecosistema Android a la competencia en IA.
Con este movimiento, la Unión Europea refuerza su papel como laboratorio regulatorio en materia de economía digital, y lanza un mensaje claro a los grandes grupos tecnológicos: el despliegue de la inteligencia artificial en el móvil no puede reproducir esquemas de cierre que ya se han criticado en otras áreas. Para los usuarios de Android en España y en el resto de la UE, el desenlace de este proceso determinará hasta qué punto podrán elegir libremente qué cerebro inteligente acompaña a su dispositivo en los próximos años.