Bliss, el fondo de pantalla de Windows XP que cambió la historia digital

Última actualización: enero 12, 2026
Autor: Isaac
  • “Bliss” nació como una foto casual en una carretera de California y acabó siendo el fondo de pantalla más visto de la historia en Windows XP.
  • La imagen fue tomada por el fotógrafo de National Geographic Chuck O’Rear durante sus viajes para visitar a Daphne Larkin, con quien vivía una historia de amor marcada por experiencias duras previas.
  • Microsoft compró la fotografía a través de la agencia Corbis y la convirtió en icono global sin apenas retoque digital, más allá de recortes y ligeros ajustes de color.
  • La colina real ha cambiado con los años, pero la foto sigue siendo un símbolo de la era Windows XP y de cómo un paisaje cotidiano puede convertirse en memoria colectiva.

Fondo de pantalla Bliss de Windows XP

Durante los primeros años 2000, millones de ordenadores en todo el mundo se encendían mostrando la misma escena: una ladera verde y suave, coronada por un cielo azul impecable y nubes algodonosas. Esa imagen, aparentemente sencilla y casi cotidiana, acabó por convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de la informática doméstica: el famoso fondo de pantalla de Windows XP conocido como “Bliss”.

Lo curioso es que detrás de esa colina idílica no había un complejo montaje digital, sino una foto real tomada casi por casualidad en una carretera de California. Su autor, el fotógrafo estadounidense Chuck O’Rear, no imaginaba entonces que aquel disparo improvisado marcaría no solo una época en la tecnología, sino también su propia biografía y la de su pareja, Daphne Larkin.

La foto que dio la bienvenida a la era Windows XP

Colina verde Bliss de Windows XP

A mediados de los años 90, Microsoft buscaba una imagen que transmitiera calma, modernidad y una cierta idea de futuro amable para acompañar el lanzamiento de Windows XP. No se trataba solo de un fondo bonito: debía ser una especie de puerta visual a un sistema operativo que pretendía ser más accesible y cercano al gran público.

La fotografía que terminaría bautizada como Bliss —originalmente registrada con el nombre de Bucolic Green Hills— encajó a la perfección con esa intención. Una composición limpia, sin edificios ni personas, con una colina perfectamente ondulada y un cielo despejado bastó para que millones de usuarios asociaran la experiencia de encender su PC con esa sensación de paisaje infinito.

Windows XP llegó a los hogares y oficinas en 2001 y se convirtió en uno de los sistemas operativos más populares de la historia. La consecuencia directa fue que Bliss terminó siendo, según múltiples especialistas, la fotografía más vista del planeta, colándose a diario en despachos, aulas, cibercafés y casas de medio mundo, también en España y el resto de Europa.

Con el paso del tiempo, aquella colina verde se transformó en un icono generacional: para muchos usuarios fue la primera «cara» reconocible de un ordenador personal, algo así como la puerta de entrada cotidiana al universo digital.

Dónde y cómo se tomó la imagen más vista del mundo

Lejos de cualquier estudio de diseño, la foto de Bliss se captó en 1996 en una zona de colinas entre los valles de Napa y Sonoma, en el norte de California (EE. UU.). Era, en esencia, un paisaje agrícola, sin carteles ni construcciones que distrajeran la vista.

Por entonces, Chuck O’Rear vivía al norte de San Francisco y recorría cada viernes unos 80 kilómetros en coche a través del Valle de Napa para ir a ver a Daphne Larkin, que residía en el condado de Marin. Ese trayecto rutinario se convirtió en el escenario del momento en que la historia del fondo de pantalla de Windows XP empezó a fraguarse.

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O’Rear, con una larga trayectoria como fotógrafo de National Geographic, tenía la costumbre de detenerse a retratar paisajes que le llamaban la atención. Aquel día, el cielo acababa de despejarse tras una tormenta, las nubes se habían quedado dispersas y la hierba lucía un verde inusualmente intenso.

Con su cámara de formato medio Mamiya RZ67 cargada, se orilló en la carretera, bajó del vehículo, tomó varias fotografías de la colina y volvió a ponerse en marcha. Para él fue solo una parada más en un viaje de fin de semana; para la cultura visual de las siguientes décadas, fue el nacimiento de un icono.

Por qué el césped parece tan verde y el cielo tan perfecto

Desde que Bliss empezó a aparecer en millones de pantallas, muchos usuarios y expertos sospecharon que la imagen estaba fuertemente retocada por ordenador. El verde casi exagerado de la ladera y el cielo impecable alimentaron la idea de que se trataba de un montaje digital o de una composición creada desde cero.

Sin embargo, el propio O’Rear ha explicado en varias entrevistas que la foto original no tiene Photoshop ni manipulación agresiva. La clave está en el contexto agrícola del Valle de Napa: en aquel periodo, los agricultores estaban replantando parte de la zona para combatir una plaga de filoxera que había afectado a los viñedos.

Ese proceso hizo que la colina estuviera cubierta por un césped nuevo, denso y uniforme, en su punto máximo de esplendor. Coincidió, además, con unos días de lluvia intensa típicos del invierno californiano, que saturan el color de la hierba y dejan el ambiente especialmente limpio.

En cuanto al cielo, su aspecto se debió sobre todo al momento meteorológico: la tormenta acababa de remitir, el aire estaba claro y solo quedaban unas cuantas nubes blancas flotando de forma dispersa. El resultado fue esa combinación casi «demasiado perfecta» que muchos tomaron, durante años, por una recreación digital.

De la carretera de Napa a las oficinas de Microsoft

Tras hacer la foto, O’Rear la incorporó a su archivo profesional y la envió a Corbis, la agencia de fotografía fundada a finales de los 80 por Bill Gates. Allí quedó catalogada entre miles de imágenes de paisaje y documentación gráfica.

Con el tiempo, Microsoft adquirió los derechos de la fotografía a través de Corbis para utilizarla en el nuevo sistema operativo que estaba preparando. El contrato, valorado en una cifra de seis dígitos, está protegido por un acuerdo de confidencialidad, por lo que el importe exacto no ha trascendido.

Aunque la compañía tecnológica realizó ciertas adaptaciones, la base que se ve en las pantallas de Windows XP procede de esa toma en película de 1996. Se recortó ligeramente la composición para encajarla en el formato horizontal del escritorio y se ajustó algo el contraste y la intensidad del verde para que luciera más viva en los monitores de la época, de menor calidad que los actuales.

Más allá de estos retoques técnicos, la estructura esencial de Bliss —la colina limpia, el horizonte y las nubes— sigue siendo completamente real. Y fue esa mezcla de naturalidad y claridad lo que, probablemente, la hizo tan eficaz como imagen de bienvenida a un entorno informático pensado para ser estable y «amable».

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La historia de amor que hizo posible Bliss

Si se rebobina un poco más atrás, la fotografía de Bliss no se entiende del todo sin la historia personal entre Chuck O’Rear y Daphne Larkin. Ambos se conocieron en 1994 durante un almuerzo en el Valle de Napa organizado por amigos comunes que pensaron que, por sus trayectorias periodísticas, podían conectar.

Daphne había trabajado como periodista en Naciones Unidas y, en aquel momento, ocupaba un puesto de alta dirección en comunicación corporativa en un gran banco estadounidense. O’Rear, por su parte, llevaba unos 25 años viajando por todo el mundo para National Geographic, con varias portadas en su currículum y anécdotas que iban desde vuelos en ultraligero hasta situaciones límite en destinos remotos.

Ambos venían de matrimonios anteriores, divorcios dolorosos y la experiencia compartida de criar hijos con discapacidades. El hijo de Chuck requiere cuidados continuos y nunca ha podido caminar; el hijo de Daphne, Lucien, falleció a los 10 años tras complicaciones derivadas de una cirugía cardíaca fallida, lo que marcó profundamente su vida familiar y profesional.

Esa acumulación de pérdidas y responsabilidades hizo que se definieran a sí mismos como «desafortunados afortunados»: habían atravesado situaciones muy duras, pero a la vez habían encontrado a alguien que entendía de primera mano ese tipo de dolor. La relación empezó como una amistad, con cenas esporádicas cuando él regresaba de sus viajes fotográficos, y poco a poco fue tomando forma.

Con el tiempo, decidieron embarcarse juntos en un gran proyecto: documentar la vendimia en distintas regiones del mundo durante un año. Viajaron, trabajaron codo con codo, compartieron paisajes, bodegas y horas de carretera. A su vuelta, Chuck seguía haciendo el trayecto de fin de semana por el Valle de Napa para ir a ver a Daphne. En uno de esos viajes cotidianos nació la fotografía de Bliss.

Del anonimato al icono global

Durante varios años, la imagen de la colina estuvo archivada sin mayor relevancia. Daphne ni siquiera sabía que su pareja había tomado aquella foto concreta. No fue hasta 2001, justo un día antes de su boda, cuando el agente de O’Rear llamó para comunicarles que Microsoft había cerrado la compra de la imagen por una suma importante.

A partir del lanzamiento de Windows XP, la pareja empezó a encontrarse con Bliss en los lugares más insospechados. Chuck reconoce haberla visto en ferris en Grecia, en hoteles, en aeropuertos de diferentes países, en oficinas y en espacios públicos por todo el mundo. Daphne cuenta que la imagen les «perseguía» en muchos de sus viajes posteriores.

Mientras tanto, ambos continuaron trabajando juntos en proyectos editoriales, publicando libros sobre regiones vinícolas en Estados Unidos que combinaban las fotos de él con los textos de ella. Bliss, sin embargo, quedó como una especie de hito paralelo: una imagen que pertenecía ya a la memoria colectiva más que a su archivo privado.

Hoy en día, residen en las montañas Blue Ridge, en Carolina del Norte, en una reserva natural conocida como Sherwood Forest. Llevan una vida tranquila junto a un lago, rodeados de bosque y de una comunidad pequeña y cercana.

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O’Rear se ha pasado a la fotografía con el móvil, más por placer que por obligación profesional, mientras que Daphne imparte talleres de escritura de memorias y colabora con un periódico local, donde a veces relata episodios de su vida en común. Incluso ha escrito un texto extenso sobre su relación, con la idea, algún día, de adaptarlo a un guion cinematográfico.

Cómo ha cambiado hoy la colina de Bliss

Para quienes crecieron o trabajaron con Windows XP, es tentador imaginar que la colina de Bliss sigue ahí, intacta, esperando ser reencontrada. La realidad, sin embargo, es algo distinta: el paisaje ha evolucionado con los años.

Diversos creadores de contenido y aficionados a la fotografía han rastreado la ubicación exacta del lugar —ayudándose de herramientas como Google Maps— y han comprobado que hoy la ladera está ocupada por viñedos. Las hileras de cepas han sustituido al prado continuo y abierto que se ve en la imagen original, modificando por completo la sensación de amplitud.

Esas comparaciones del «antes y después» se han difundido ampliamente por internet y han despertado cierta nostalgia, especialmente en quienes asocian Bliss a sus primeras experiencias con un ordenador. En Europa, y también en España, no son pocos quienes recuerdan aulas de informática, locutorios o primeras oficinas equipadas con PCs que mostraban, invariablemente, esa misma colina.

Este contraste entre la foto inmóvil y el paisaje real en constante transformación resume bien cómo la tecnología puede congelar un instante y convertirlo en referencia visual para millones de personas, mientras el mundo físico sigue su curso y se reinventa.

Un paisaje cotidiano convertido en memoria colectiva

Mirando con perspectiva, Bliss condensa varias historias simultáneas: la de una pareja que se encuentra en un momento complicado de sus vidas, la de un fotógrafo experimentado que hace una parada más en una carretera rural y la de una gran tecnológica que busca una imagen sencilla para vestir su sistema operativo.

El resultado fue una fotografía que se integró en la vida diaria de usuarios de todo el planeta sin que muchos llegaran a preguntarse de dónde venía. Para algunos fue el fondo de pantalla de su primer ordenador en casa; para otros, la vista fija que acompañaba horas de trabajo, estudios o juegos en red.

Daphne suele decir que, cuando alguien mira Bliss, la imagen acaba mezclándose con la historia personal de cada uno. Remueve recuerdos concretos: el primer empleo, los años de universidad, un divorcio, los inicios de internet en el hogar o aquellas tardes frente a un viejo PC con Windows XP. Todo ello queda asociado, de manera casi inconsciente, a una colina verde y un cielo azul que, en realidad, pertenecen a un rincón acotado de California.

Esa colina ya no es solo un paisaje norteamericano, sino una especie de punto en común para varias generaciones de usuarios, también europeos y españoles, que descubrieron el mundo digital bajo esa misma ventana verde y azul. La historia de Bliss recuerda que a veces una simple fotografía, tomada sin grandes pretensiones, puede convertirse en un símbolo compartido que sobrevive a sistemas operativos, versiones de software y cambios tecnológicos constantes.

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