- España obtiene sus peores resultados históricos en lectura, matemáticas y ciencias en el informe PISA de 2025.
- La OCDE relaciona el desplome con el uso excesivo de pantallas y la inteligencia artificial.
- Los estudiantes que utilizan IA sin orientación rinden peor, pero mejoran si se les enseña a evaluar la información.
- El Gobierno descarta que la LOMLOE sea la causa y pide cooperación entre administraciones.
Los estudiantes españoles de 15 años han cosechado en la última edición del Informe PISA de la OCDE sus calificaciones más bajas desde que se realiza la prueba. En lectura, matemáticas y ciencias, el país se sitúa claramente por debajo de la media de la OCDE y de la Unión Europea, y los datos reflejan una caída sostenida que los expertos ya no atribuyen solo a la pandemia. El organismo internacional apunta directamente al uso de dispositivos digitales y a la inteligencia artificial como factores que estarían erosionando la capacidad de atención y el esfuerzo del alumnado.
El estudio, que evalúa a cerca de 760.000 estudiantes de 91 países y territorios, deja a España con 451 puntos en comprensión lectora, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Son los peores registros de su serie histórica, con descensos de 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias respecto a la edición de 2022. Además, el país se aleja aún más de los promedios internacionales: en lectura, por ejemplo, la diferencia con la OCDE alcanza los 10 puntos, y con la UE, 8.
Un desplome generalizado que preocupa a los expertos
Los datos muestran que el deterioro no es un capricho puntual, sino una tendencia que se agrava con el tiempo. En la última década, la lectura ha caído 45 puntos en España, el equivalente a más de dos cursos escolares. La OCDE subraya que las dificultades se concentran en tareas que requieren comprender textos largos y mantener la atención durante un periodo prolongado. De hecho, el analista de la OCDE Tue Halgreen señaló que los estudiantes presentan problemas a partir de las 400 palabras, una cifra que refleja la influencia de la lectura fragmentada que imponen las redes sociales.
El responsable del estudio también vinculó la caída con el hecho de que los alumnos se han acostumbrado a responder de manera impulsiva, sin reflexionar, algo que se asocia al ‘scroll’ infinito y a la inmediatez de las aplicaciones de mensajería. La proporción de «lectores precipitados» –que contestan rápido pero mal– ha aumentado cinco puntos porcentuales desde 2018, mientras que los lectores precisos y fluidos han disminuido siete puntos. Esta dinámica se observa en la mayoría de los países, pero en España es especialmente acusada.
En matemáticas y ciencias, la tendencia es similar. Aunque el descenso es algo menor, las puntuaciones siguen estando por debajo de los estándares europeos. La OCDE destaca que el rendimiento cae sobre todo en los estudiantes más aventajados, un fenómeno que preocupa porque indica que se está reduciendo la cantera de talentos de alto nivel necesarios para afrontar los retos del futuro. Mientras tanto, las comunidades autónomas del norte (Madrid, Asturias, Cantabria y Castilla y León) mantienen mejores resultados que las del sur, aunque todas han empeorado.
Pantallas e inteligencia artificial: los nuevos sospechosos
El informe PISA de este año dedica un capítulo específico a la influencia de la tecnología en el aprendizaje. Las conclusiones son contundentes: los estudiantes que utilizan dispositivos digitales durante más de una hora al día para ocio obtienen peores puntuaciones. En los países de la OCDE, un 28% de los alumnos asegura que sus compañeros se distraen con el móvil en la mayoría de las clases de ciencias, y esa distracción se traduce en una diferencia media de 11 puntos en los resultados. La OCDE advierte de que el problema no son las pantallas en sí, sino el uso que se hace de ellas, casi siempre para redes sociales o juegos en lugar de para actividades educativas.
En cuanto a la inteligencia artificial, los datos revelan una doble cara. Los estudiantes que emplean herramientas como ChatGPT o Gemini para tareas como resumir textos o redactar trabajos tienden a obtener peores resultados. Sin embargo, entre los usuarios habituales, aquellos que han recibido formación sobre cómo evaluar la calidad de la información generada por estas herramientas muestran un rendimiento superior. La OCDE concluye que la IA no es buena ni mala por sí misma, sino que depende de cómo se utilice. Si se recurre a ella para evitar el esfuerzo, resulta perjudicial; si se usa como apoyo para aprender, puede ser beneficiosa.

El informe también señala que el tiempo dedicado a las pantallas con fines de ocio ha aumentado en los últimos años. En la OCDE, los estudiantes pasan una media de 3,4 horas diarias frente a la pantalla para actividades no académicas, frente a las tres horas que dedican a estudiar durante los días lectivos. Esta brecha es aún mayor en España, donde el uso de chatbots de IA para aprender se ha popularizado: mientras que en la OCDE un 46% de los alumnos los utiliza al menos semanalmente, en España la cifra alcanza el 54%. A pesar de ello, los responsables del estudio insisten en que hay que enseñar a los jóvenes a usar estas herramientas de forma crítica.
El Gobierno y los expertos buscan explicaciones
La ministra de Educación, Milagros Tolón, ha reconocido que los resultados son «a mejorar» y ha hecho hincapié en que la comprensión lectora «es la base de todos los problemas», por lo que «hay que reforzar la lectura». No obstante, ha descartado que la LOMLOE sea la causa, argumentando que el descenso es un fenómeno internacional y que la ley no estaba totalmente implantada cuando se evaluó a estos alumnos. En la misma línea se ha pronunciado el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, quien ha subrayado que España no puede analizarse de forma aislada y que la caída se debe entender en un contexto global.
Por su parte, el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, ha afirmado que «la tecnología y la IA pueden reforzar el aprendizaje, pero solo si se utilizan con criterio, y no en detrimento de la atención, el esfuerzo y la comprensión». Los expertos consultados por distintos medios coinciden en que hay que cambiar el enfoque pedagógico para integrar estas herramientas de forma educativa y no prohibitiva. Algunos apuntan a que España necesita invertir más en formación docente y en infraestructuras digitales, especialmente en aquellas comunidades que han quedado rezagadas como Extremadura, que presenta el peor índice de capacidad de los centros para aprovechar los recursos digitales.
Un futuro laboral incierto
El impacto de estos resultados trasciende el ámbito académico. Diversos análisis advierten de que la pérdida de competencias básicas, especialmente en lectura y matemáticas, puede dificultar la empleabilidad de los jóvenes en un mercado laboral cada vez más exigente. Según la OCDE, los estudiantes que obtienen mejores puntuaciones a los 15 años tienen más probabilidades de completar estudios superiores y de acceder a empleos cualificados. En España, el porcentaje de alumnos que alcanza los niveles más altos es muy reducido: apenas un 4% en matemáticas y ciencias, y un 2% en lectura, frente a la media del OCDE del 7%, 8% y 6% respectivamente.
Esta escasez de talento de alto nivel se produce justo cuando Europa aspira a liderar la transformación digital y verde, que requerirá de profesionales con sólidas competencias en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. La Comisión Europea se ha fijado el objetivo de que al menos un 15% de los alumnos alcance un rendimiento alto en estas áreas en 2030, pero España parte de cifras muy inferiores. El resultado, si no se corrige, podría traducirse en más desempleo y en dificultades para que las empresas encuentren perfiles especializados, un problema que ya se manifiesta en sectores como la programación o el análisis de datos.
Por último, la OCDE recuerda que la lectura crítica es la habilidad más importante en un mundo dominado por la desinformación y la IA generativa. Sin capacidad para evaluar fuentes, detectar sesgos y razonar sobre textos complejos, los ciudadanos serán más vulnerables a la manipulación. Por eso, los responsables del estudio insisten en que los centros educativos no deben demonizar la tecnología, sino enseñar a usarla de manera responsable y complementaria al aprendizaje tradicional. La educación del siglo XXI no puede ignorar la digitalización, pero tampoco debe sacrificar por ella esas destrezas fundamentales que permiten pensar por uno mismo.


