Un vuelo con destino Palma de Mallorca obligado a dar media vuelta por un dispositivo Bluetooth llamado bomba

Última actualización: junio 1, 2026
Autor: Isaac
  • Un Boeing 767 de United Airlines tuvo que regresar a Nueva Jersey tras detectar una red Bluetooth sospechosa en pleno vuelo.
  • El incidente ocurrió cuando la aeronave ya sobrevolaba el Atlántico, activándose el código de emergencia general 7700.
  • El responsable resultó ser un menor de 16 años que había renombrado su dispositivo con la palabra inglesa 'BOMB'.
  • Tras una inspección exhaustiva de la Policía y el desembarco de 190 pasajeros, el vuelo pudo reanudarse horas después.

Avión de United Airlines en pista

Lo que parecía un trayecto nocturno tranquilo para cruzar el charco terminó convirtiéndose en una odisea para casi dos centenares de personas. Un avión de la compañía United Airlines, que había despegado con destino al aeropuerto de Palma de Mallorca, se vio forzado a interrumpir su ruta y regresar al punto de partida debido a una alerta de seguridad que puso en jaque a la tripulación. El motivo, aunque pueda parecer sacado de una película de enredos, fue la detección de una señal inalámbrica con un nombre que activó de inmediato todos los protocolos antiterroristas.

La aeronave, un imponente Boeing 767-400ER, se encontraba ya surcando las aguas del océano Atlántico cuando saltaron las alarmas en la cabina. Tras poco más de una hora de trayecto desde Newark, los pilotos decidieron que no podían continuar hacia España sin esclarecer qué estaba pasando a bordo. La situación generó una evidente incertidumbre entre los viajeros, que no entendían por qué un vuelo transatlántico daba un giro de 180 grados de forma tan repentina en mitad de la noche.

Una orden tajante: apagar el Bluetooth de inmediato

Interior de cabina de avión

El ambiente se caldeó cuando los auxiliares de vuelo empezaron a recorrer los pasillos con una instrucción muy poco habitual: todos los pasajeros debían desactivar la conexión Bluetooth de sus aparatos electrónicos sin excepción. Según cuentan los que allí estaban, la orden venía directamente de la central de operaciones de la aerolínea en Chicago. No se andaron con chiquitas, advirtiendo por megafonía que, si no se apagaban todos los dispositivos, no habría más remedio que regresar a tierra firme por precaución.

A pesar de la insistencia y de dar incluso un último minuto de margen para que el responsable recapacitara, el sistema seguía detectando al menos dos conexiones activas que no se daban por aludidas. Ante la falta de colaboración y el riesgo potencial que esto suponía según los estándares de seguridad aérea, el comandante no se lo pensó dos veces y activó el código 7700, que señala una emergencia general, para informar a los controladores de su vuelta inmediata al Aeropuerto Internacional Newark Liberty.

La raíz de todo este embrollo estaba en una palabra de cuatro letras. Al parecer, alguien había tenido la ocurrencia de bautizar su dispositivo como ‘BOMB’ (bomba en inglés), un nombre que era visible para cualquier teléfono o tableta que intentara buscar una conexión cercana. Esta clase de bromas, que a algunos les pueden parecer una tontería, se toman con extrema seriedad en un entorno tan sensible como el de la aviación comercial, donde cualquier sospecha debe ser tratada como una amenaza real hasta que se demuestre lo contrario.

Inspección a fondo tras el aterrizaje de emergencia

Pasajeros esperando en el aeropuerto

Una vez que el aparato tomó tierra en Nueva Jersey, la escena era digna de un despliegue de seguridad de alto nivel. Los 190 pasajeros y los 12 miembros de la tripulación tuvieron que abandonar el avión portando únicamente sus pasaportes y teléfonos móviles. El resto del equipaje de mano y las maletas facturadas se quedaron a bordo para ser revisadas minuciosamente por los agentes de la Autoridad Portuaria, que contaron con el apoyo de equipos especializados en detección de explosivos.

La policía no dejó rincón sin mirar, inspeccionando desde la cabina de pasajeros hasta las bodegas de carga para asegurar que no había ningún peligro tangible. Mientras tanto, los viajeros tuvieron que pasar de nuevo por todos los controles de la TSA y de aduanas, un proceso tedioso que alargó la espera durante varias horas. Fue en ese momento cuando las investigaciones apuntaron hacia un único culpable: un adolescente de 16 años que, supuestamente, era el dueño del dispositivo que originó todo el caos.

Personal de seguridad inspeccionando equipaje

El joven fue detenido por las autoridades locales para ser interrogado sobre sus intenciones. Aunque todavía no se han hecho públicos los cargos específicos, este tipo de actos suele acarrear consecuencias legales y económicas muy graves, ya que el coste de desviar un avión de estas dimensiones y movilizar a todo el personal de seguridad es astronómico. La aerolínea, por su parte, se limitó a seguir el protocolo para garantizar que nadie corría peligro real antes de dar luz verde a la reanudación del servicio.

Un vuelo de reemplazo para llegar a la isla

Vista aérea de un avión sobre el mar

Tras confirmarse que no existía ninguna amenaza y que todo había sido una desafortunada elección de nombre para un altavoz o un teléfono, United Airlines organizó la salida de los pasajeros en un vuelo de sustitución. Con una nueva tripulación al mando para cumplir con las normativas de descanso, el grupo finalmente pudo despegar de nuevo durante la madrugada del domingo. Al final, los turistas y residentes que se dirigían a Palma llegaron a su destino con bastantes horas de retraso y una historia increíble que contar sobre cómo un nombre de Bluetooth les arruinó la noche.

Este suceso nos recuerda lo importante que es ser consciente del impacto que pueden tener nuestras acciones en espacios compartidos. Lo que para un chaval puede ser una gracia sin importancia, para un sistema de seguridad internacional es una alerta roja que moviliza recursos federales y afecta a cientos de personas. Al final del día, el avión aterrizó sin novedad en Mallorca, pero el susto y el despliegue policial quedarán marcados como un ejemplo de por qué la seguridad aérea no admite ni la más mínima broma con términos prohibidos.