Meta registrará los movimientos del ratón y teclado de sus empleados para entrenar su IA

Última actualización: abril 23, 2026
Autor: Isaac
  • Meta desplegará el software interno Model Capability Initiative (MCI) en ordenadores de empleados en EE. UU.
  • El sistema capturará movimientos de ratón, clics, pulsaciones de teclado y algunas capturas de pantalla en aplicaciones de trabajo.
  • Los datos se usarán para entrenar agentes de IA que ejecuten tareas laborales de forma autónoma en el ordenador.
  • Juristas europeos advierten de que una vigilancia tan intrusiva podría chocar con el GDPR y normas laborales en la UE.

Oficinas y ordenadores con software de seguimiento

Meta ha decidido dar un paso más en su apuesta por la inteligencia artificial y va a instalar un software de seguimiento en los ordenadores de parte de su plantilla en Estados Unidos. El programa registrará con detalle cómo trabajan frente a la pantalla: movimientos del ratón, clics, pulsaciones de teclado e incluso algunas capturas de lo que aparece en el monitor.

El objetivo declarado es utilizar toda esa actividad diaria como materia prima para entrenar nuevos modelos y agentes de IA capaces de manejar un ordenador casi como lo haría una persona, desde navegar por menús hasta usar atajos de teclado. La iniciativa ha encendido las alarmas sobre la vigilancia laboral, la protección de datos y el futuro de muchos puestos de trabajo, especialmente si esta estrategia llegara a extenderse a Europa.

Qué es el programa Model Capability Initiative (MCI)

La herramienta que Meta está desplegando se llama Model Capability Initiative (MCI). Según memorandos internos citados por varias fuentes y la agencia Reuters, se trata de un software interno que se ejecutará únicamente en una lista de aplicaciones y páginas web relacionadas con el trabajo, y que se encargará de registrar de forma continua la interacción de los empleados con el ordenador.

En la práctica, MCI capturará movimientos del ratón, clics, combinaciones de teclas y patrones de navegación por interfaces gráficas, además de realizar capturas de pantalla ocasionales para dar contexto a esos datos. No se trata de un keylogger clásico orientado a controlar la productividad, sino de un sistema diseñado específicamente para generar datos de entrenamiento para la IA.

El programa ha sido anunciado internamente en canales específicos del equipo Meta SuperIntelligence Labs, la división responsable de los modelos de lenguaje y de los agentes avanzados de la compañía. Desde ahí se ha explicado que los empleados no tendrán que hacer nada extraordinario: basta con que sigan realizando su trabajo habitual para que el sistema recopile la información necesaria.

En uno de los textos internos, los ingenieros señalan de forma explícita que “todos los empleados de Meta pueden ayudar a que nuestros modelos mejoren simplemente realizando su trabajo diario”. Es decir, el trabajo cotidiano se convierte en un gigantesco conjunto de datos para refinar los algoritmos de la casa.

Pantalla con interfaz de inteligencia artificial

Para qué quiere Meta registrar ratón, teclado y pantalla

Meta enmarca MCI dentro de una estrategia más amplia para desarrollar agentes de inteligencia artificial que puedan realizar tareas laborales de forma autónoma en un ordenador. La idea es que estos sistemas no solo redacten textos o programen, sino que también sean capaces de moverse por aplicaciones corporativas, completar formularios, manejar sistemas internos o interactuar con webs empresariales, como si fueran un empleado más sentado frente a un PC.

Hoy por hoy, los grandes modelos de IA funcionan razonablemente bien cuando se trata de escribir un correo, resumir un informe o generar código, pero siguen teniendo dificultades para operar interfaces gráficas complejas. Elegir la opción adecuada en un menú desplegable, gestionar ventanas, utilizar accesos directos de teclado o seguir una secuencia de pasos en una aplicación corporativa no es tan trivial para una máquina como parece.

Para salvar ese escollo, la compañía ha optado por aprovechar la actividad real de su plantilla como guía de comportamiento. Los movimientos del ratón, la cadencia de las pulsaciones, los errores que se corrigen y las rutas que sigue un trabajador por la interfaz son, para la IA, ejemplos valiosos de cómo interactúa un humano con una computadora en entornos reales.

Andy Stone, portavoz de Meta, lo resume así en sus declaraciones: si la empresa está construyendo agentes que ayuden a las personas a completar tareas cotidianas con un ordenador, esos modelos necesitan ejemplos reales de uso. No bastan simulaciones; hace falta el uso auténtico que se produce en el día a día de miles de empleados.

Trabajadores usando ordenadores en entorno de oficina

La nueva arquitectura interna: agentes de IA y «Acelerador de Transformación de Agentes»

La recopilación masiva de datos a través de MCI no es un movimiento aislado, sino una pieza de lo que Meta denomina Agent Transformation Accelerator (ATA), antes conocido como “IA para el trabajo”. Este programa pretende reorganizar procesos internos y puestos alrededor de la inteligencia artificial, apoyándose en agentes que asuman una parte creciente de las tareas del día a día.

En un memorando aparte, el director de tecnología de Meta, Andrew Bosworth, trasladó a la plantilla que la compañía va a intensificar la recogida interna de datos en todos los frentes, precisamente para acelerar este giro. En sus propias palabras, la visión hacia la que se dirige la empresa es aquella en la que “nuestros agentes realizan el trabajo principal y nuestra función es dirigirlos, supervisarlos y ayudarlos a mejorar”.

Eso significa que el ser humano pasaría a desempeñar, sobre todo, un papel de supervisor y entrenador de sistemas automáticos, más que de ejecutor directo de tareas. En teoría, estos agentes serían capaces de identificar por sí mismos en qué puntos necesitan que una persona intervenga, aprender de esa corrección y hacerlo mejor en la siguiente ocasión.

De forma paralela, Meta ha creado y reforzado equipos como la Ingeniería de IA Aplicada (AAI) y ha ido borrando fronteras entre determinados roles bajo etiquetas genéricas como “AI builder” o “creador de IA”. Ingenieros de software han sido reubicados para trabajar casi en exclusiva en proyectos de agentes, automatización y nuevas herramientas internas de IA, con la idea de que estos sistemas sean capaces de construir, probar y lanzar productos con la mínima intervención humana.

En este contexto, la empresa anima activamente a su personal a utilizar agentes de IA para tareas como la programación o la redacción, incluso si a corto plazo eso provoca que algunos procesos sean más lentos. El mensaje implícito es que lo importante ahora es entrenar estos modelos y acostumbrar a la compañía a trabajar con ellos, aunque el retorno de productividad no sea inmediato.

Código y panel de inteligencia artificial en pantalla

Privacidad, límites del seguimiento y dudas legales en Europa

La llegada de MCI abre un debate espinoso sobre privacidad y vigilancia laboral. Meta insiste en que el sistema no se utilizará para evaluar el rendimiento individual ni para otros propósitos distintos del entrenamiento de modelos de IA. Según la compañía, se han implantado medidas de seguridad para proteger el “contenido sensible” y el software solo se ejecutará en aplicaciones y sitios vinculados al trabajo.

Sin embargo, la empresa no ha detallado con precisión qué datos quedarán excluidos de la captura ni cómo se filtran posibles informaciones delicadas o personales que puedan aparecer en la pantalla durante la jornada. Esa falta de concreción deja una laguna importante y alimenta la sensación de que la frontera entre formación de la IA y control de la plantilla puede llegar a ser difusa.

Fuera de la compañía, expertos en derecho laboral y protección de datos avisan de que este modelo choca de frente con la regulación europea. El profesor Valerio De Stefano, especialista en derecho laboral comparado, ha apuntado que prácticas como el registro continuo de pulsaciones o la monitorización detallada de la actividad digital probablemente serían ilegales en varios países de la Unión Europea.

En Italia, por ejemplo, la monitorización electrónica de la productividad está expresamente prohibida salvo supuestos muy concretos, mientras que en Alemania solo se permite en circunstancias excepcionales y con condiciones estrictas. Además, el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la UE impone límites muy claros al tratamiento de datos personales en el entorno laboral, especialmente cuando existe un desequilibrio de poder tan acusado entre empresa y trabajador.

La profesora de derecho Ifeoma Ajunwa, de la Universidad de Yale, recuerda que las empresas llevan años utilizando herramientas de registro de pantalla y actividad para casos de mala conducta, pero subraya que pasar a registrar pulsaciones de teclado de manera sistemática supone un salto cualitativo en la intensidad de la vigilancia. Según Ajunwa, este tipo de medidas traslada todavía más el equilibrio de poder en el lugar de trabajo hacia el empleador y genera una sensación de supervisión constante difícil de compatibilizar con la autonomía profesional.

Ilustración de vigilancia digital y trabajo con IA

Temor a despidos y posible impacto en el mercado laboral europeo

La preocupación de fondo va más allá de la privacidad: muchos trabajadores ven en este movimiento un paso más hacia la automatización de sus puestos. En los memorandos internos, Bosworth dibuja un escenario en el que los agentes de IA realicen “la mayor parte del trabajo” y las personas se limiten a dirigir y revisar, un esquema que alimenta la sensación de que buena parte de la plantilla actual podría acabar siendo prescindible a medio plazo.

Todo esto ocurre mientras Meta mantiene un proceso de reestructuración y recortes a escala global. Documentos internos hablan de la posibilidad de despedir alrededor del 10% de la plantilla mundial, con un calendario que comenzaría a partir del 20 de mayo y opciones de aplicar nuevos ajustes más adelante. Solo este año ya se han producido miles de salidas, y la empresa ha ido endureciendo los criterios de productividad y presencia en oficina.

En paralelo, las grandes tecnológicas refuerzan su inversión en IA y automatización. El sector ha visto cómo compañías como Amazon o Block acometían despidos masivos mientras anunciaban nuevos proyectos basados en agentes inteligentes y sistemas automáticos. Meta, por su parte, ha destinado miles de millones de dólares a infraestructuras de IA, ha adquirido empresas especializadas y ha ofrecido condiciones muy competitivas a ingenieros expertos en la materia.

En Europa, la combinación de automatización creciente, vigilancia digital intensiva y marcos laborales más protectores dibuja un escenario complejo. Si una iniciativa similar a MCI llegara a implantarse en la UE, probablemente se toparía de inmediato con los reguladores de protección de datos y con la normativa laboral de varios Estados miembros. El futuro Reglamento de IA europeo y las directrices de las autoridades de control podrían obligar a Meta a plantear un enfoque mucho más restrictivo o, directamente, renunciar a este tipo de seguimiento.

De fondo late una cuestión que aún no tiene respuesta clara: hasta qué punto las empresas podrán sustituir trabajo humano por agentes de IA entrenados con los propios datos de sus empleados sin provocar tensiones sociales, conflictos legales y un impacto profundo en las condiciones laborales, tanto en Estados Unidos como en España y el resto de Europa.

El movimiento de Meta ilustra de forma bastante cruda hacia dónde se dirige una parte de la industria tecnológica: aprovechar cada clic y cada pulsación de la plantilla para alimentar sistemas de IA que, con el tiempo, aspiran a realizar buena parte de esas mismas tareas. Entre promesas de eficiencia y advertencias sobre salvaguardas de privacidad, el equilibrio entre innovación, derechos laborales y protección de datos se perfila como uno de los grandes campos de batalla regulatorios y sociales de los próximos años.

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