Ubuntu eleva sus requisitos y supera a Windows 11 en RAM

Última actualización: abril 8, 2026
Autor: Isaac
  • Ubuntu 26.04 LTS eleva la memoria recomendada a 6 GB de RAM, por encima de los 4 GB que exige Windows 11 sobre el papel.
  • El cambio no es un mínimo estricto: el sistema sigue pudiendo instalarse con menos memoria, aunque con una experiencia menos fluida.
  • La subida responde al mayor consumo de recursos del escritorio moderno (GNOME, navegadores y apps actuales), no a un "engorde" repentino de Ubuntu.
  • Ubuntu continúa siendo compatible con muchos equipos antiguos, pero las variantes ligeras pasan a ser la opción lógica para PCs con 4 GB o menos.

Escritorio Ubuntu requisitos sistema

La próxima gran versión de la distribución de Canonical, Ubuntu 26.04 LTS, ha llegado a su fase beta con un cambio que está dando bastante que hablar: la revisión al alza de sus requisitos recomendados de hardware. Sobre el papel, el sistema Linux más popular para el escritorio pasa ahora a pedir más memoria RAM que Windows 11, algo que hasta hace poco muchos habrían considerado impensable.

Según las notas oficiales, la edición de escritorio de Ubuntu fija ahora como referencia un procesador de doble núcleo a 2 GHz, 6 GB de RAM y 25 GB de almacenamiento. El dato que ha encendido el debate está claro: en la web de soporte de Microsoft, Windows 11 sigue marcando como requisito mínimo 4 GB de RAM y una CPU de doble núcleo a 1 GHz. A simple vista parece que Ubuntu se ha vuelto más exigente que el sistema de Redmond, pero la historia es algo más matizada.

Ubuntu 26.04 LTS sube a 6 GB de RAM: qué ha cambiado realmente

Lo primero que conviene aclarar es que estos 6 GB de RAM no son una barrera infranqueable, sino una recomendación para un uso de escritorio razonable. Canonical mantiene sin cambios la cifra de 25 GB de espacio en disco y sigue apuntando a un procesador de doble núcleo a 2 GHz, por lo que el único ajuste visible está en la memoria. El sistema, de hecho, puede arrancar con menos, e incluso es posible instalarlo con 4 GB o, en casos más extremos, con 2 GB, aunque la experiencia será bastante más limitada.

En las propias notas de lanzamiento se insiste en que se trata de un ajuste «honesto» a la realidad del escritorio actual. Navegadores como Firefox o Chrome, el escritorio GNOME 50, aplicaciones de ofimática como LibreOffice y los servicios en segundo plano se comen la memoria a un ritmo muy superior al de hace unos años. Canonical viene a decir, en la práctica, que prometer una buena experiencia con 4 GB en 2026 sería hacerse trampas al solitario.

Históricamente, Ubuntu ha ido moviendo el listón a medida que el software crecía en complejidad. Ubuntu 14.04 LTS funcionaba con 1 GB de RAM (frente a los 512 MB que pedía Ubuntu 12.04), mientras que con Ubuntu 18.04 LTS la referencia subió a 4 GB, cifra que se había mantenido hasta la última versión estable previa. Ahora, con 26.04 LTS, el salto a 6 GB refleja que un escritorio moderno mínimamente desahogado ya no puede vivir con lo que antes se consideraba aceptable.

Este cambio coincide además con una actualización importante del propio sistema: la nueva LTS llegará con Kernel Linux 7.0 y GNOME 50, además de un ciclo de soporte prolongado que en Europa y el resto del mundo resulta crítico para empresas y administraciones. Canonical promete 5 años de soporte estándar, hasta abril de 2031, a los que se suman otros 5 años adicionales a través de Ubuntu Pro para quienes necesiten alargar todavía más la vida de sus despliegues.

Comparación con Windows 11: más RAM en Ubuntu, más trabas en Windows

El contraste con Windows 11 ha alimentado buena parte de la polémica. Sobre el papel, Microsoft mantiene 4 GB de RAM como requisito oficial, una cifra inferior a los 6 GB que recomienda Ubuntu. Pero centrarse solo en ese número puede llevar a una conclusión engañosa, porque los criterios de acceso de uno y otro sistema no son equiparables.

En el caso de Windows 11, además de los 4 GB de RAM y el procesador de doble núcleo a 1 GHz, entran en juego requisitos que en Europa han dejado a muchos PCs fuera de la actualización: TPM 2.0, arranque seguro (Secure Boot), firmware UEFI y al menos 64 GB de almacenamiento. Y, más allá de la lista oficial, la compatibilidad real se limita a una gama relativamente reciente de CPUs, de modo que no son pocos los equipos potentes que se quedan sin soporte por tener unos años de más.

Ubuntu, en cambio, sigue funcionando sin exigir TPM ni arranque seguro obligatorios, y se conforma con 25 GB de espacio en disco. Esto significa que es perfectamente posible encontrarse con un PC con 4 GB de RAM que no admite Windows 11 de forma oficial por culpa del TPM o el firmware, pero que sí puede ejecutar Ubuntu 26.04 LTS. La diferencia está en que, con esa memoria tan ajustada, la experiencia diaria ya no será tan cómoda como muchos usuarios esperan hoy.

También hay un matiz importante en cómo se aplican estos límites. Si un equipo cuenta con menos de 6 GB de RAM, Ubuntu no bloquea la instalación; simplemente avisa de que no se ajusta a la recomendación para un uso fluido. En el ecosistema Windows la situación suele ser más rígida: si el sistema detecta que el hardware no cumple las condiciones mínimas, la instalación se rechaza salvo que se recurran a trucos y métodos no oficiales, como guías para instalar Ubuntu desde Windows, algo poco recomendable para usuarios domésticos o empresas.

En la práctica, quienes han probado Windows 11 en ordenadores con 4 GB describen un funcionamiento muy lento y frustrante. En escenarios equivalentes, versiones recientes de Ubuntu con 4 GB no vuelan precisamente, pero se han movido con cierta dignidad para tareas básicas. Canonical viene ahora a alinear su documento de requisitos con esa experiencia real, en lugar de mantener una cifra optimista que muchos equipos ya no pueden cumplir en condiciones.

¿Ubuntu se ha vuelto pesado o el software pide más recursos?

El debate no gira tanto en torno a que Ubuntu se haya convertido de la noche a la mañana en un sistema pesado, sino a algo más amplio: todo el escritorio moderno consume más recursos. La combinación de navegadores cargados de pestañas, aplicaciones web, clientes de mensajería, suites ofimáticas y servicios sincronizando en segundo plano hace que esos 4 GB que hace tiempo nos parecían razonables se queden muy cortos en el día a día.

Desde el punto de vista técnico, Canonical insiste en que Ubuntu 26.04 LTS puede arrancar con 2 GB de RAM y funcionar con menos de los 6 GB recomendados, siempre que el usuario acepte las limitaciones. Es decir, el sistema no ha multiplicado mágicamente su consumo de memoria; simplemente se reconoce que, para abrir varias aplicaciones a la vez sin que todo se arrastre, es preferible dar un poco más de margen.

La cuestión se vuelve especialmente sensible en un contexto en el que, según previsiones del sector, la crisis de precios de la RAM podría prolongarse hasta 2030. En España y el resto de Europa, ampliar la memoria de un portátil antiguo no siempre es tan sencillo ni tan barato como muchos usuarios querrían: algunos equipos llevan módulos soldados, otros requieren piezas difíciles de encontrar y, en general, el desembolso puede no compensar si el ordenador ya tiene bastantes años a sus espaldas.

Al mismo tiempo, en los últimos meses se ha observado cierta relajación en los precios de la memoria, aún lejos de una situación plenamente normalizada, pero suficiente como para que la subida de requisitos de Ubuntu no se traduzca automáticamente en una catástrofe para todos los bolsillos. Aun así, cualquier incremento en las cifras oficiales se mira con lupa, especialmente cuando el argumento de Linux como refugio para equipos antiguos sigue muy presente en la comunidad.

En este escenario, la jugada de Canonical puede interpretarse menos como un endurecimiento agresivo y más como una puesta al día de lo que ya era evidente: 4 GB hace tiempo que dejaron de ser una base sólida para un escritorio generalista. Para una experiencia que podamos considerar «decente» —ni siquiera óptima—, muchos técnicos y usuarios llevan años señalando los 8 GB de RAM como punto de partida realista, tanto en Windows como en Linux.

¿Qué pasa ahora con los PCs antiguos y los equipos modestos?

Una de las grandes dudas, especialmente en hogares y pequeñas oficinas en España o en otros países europeos con muchos ordenadores reciclados, es qué ocurre con esos equipos con 4 GB de RAM o menos que hasta ahora se rescataban instalando Ubuntu como sistema “salvavidas”. La respuesta no es tan dramática como podría parecer a primera vista.

Ubuntu 26.04 LTS no se niega a instalarse en máquinas con menos de 6 GB. Si se dispone de 4 GB, el sistema arrancará y permitirá usar el escritorio, pero conviene ajustar expectativas: abrir muchas pestañas del navegador, tener varias aplicaciones pesadas en marcha o trabajar con archivos grandes se traducirá en tirones y tiempos de espera más largos. En la práctica, el sistema deja de considerar esa memoria como la base pensada para “ir fino”, pero no cierra la puerta.

Para quienes manejan portátiles de 2010, mini PCs sencillos o torres de oficina veteranas, sigue existiendo un abanico amplio dentro del propio ecosistema Ubuntu. Las variantes ligeras como Lubuntu (con escritorio LXDE/LXQt) o Xubuntu, así como otras distribuciones pensadas para equipos con pocos recursos, continúan siendo una alternativa perfectamente válida para dar una segunda vida a hardware modesto sin los problemas de rendimiento que muchos asocian a Windows 10 u 11.

Esto encaja con una realidad que los desarrolladores de Canonical llevan tiempo subrayando: la edición principal de Ubuntu ya no está pensada para ser el «último refugio» de cualquier PC viejo. Juega en lo que algunos describen como “primera división” del escritorio, orientada a usuarios que quieren un sistema moderno, con GNOME completo, buena integración de aplicaciones y un soporte prolongado, y que disponen de una máquina mínimamente actualizada.

Eso no quita para que Linux en general siga siendo una buena opción para alargar la vida de ordenadores que Windows 11 ha dejado fuera por requisitos como el TPM 2.0 o el arranque seguro. La diferencia está en que ahora Ubuntu Desktop comparte más perfil con sistemas actuales como Windows o macOS, mientras que la labor de “rescate extremo” recae en distros y sabores más ligeros, tanto dentro como fuera de la familia Ubuntu.

Una polémica muy sonora para un cambio menos radical

La reacción al anuncio ha sido ruidosa en foros y redes sociales, con titulares del tipo «Ubuntu ya pide más que Windows». Sin embargo, al rascar un poco la superficie se ve que la modificación es menos revolucionaria de lo que sugieren algunos comentarios. Los requisitos mínimos oficiales de casi cualquier sistema moderno llevan años siendo, más que una promesa de comodidad, una referencia técnica para poder instalarlo.

En ese sentido, que Ubuntu pase de 4 a 6 GB en su ficha no cambia demasiado la foto general. Ya antes, intentar trabajar a diario con 4 GB de RAM y un escritorio completo se traducía, en muchos casos, en cuelgues ocasionales, cambios permanentes al archivo de intercambio y una sensación general de ir “ahogado”. Lo que hace Canonical es alinear el discurso con lo que muchísimos usuarios ya venían experimentando.

Si ponemos el foco en el almacenamiento, por ejemplo, Ubuntu sale beneficiado: 25 GB frente a los 64 GB que Windows 11 exige como mínimo, una brecha que en portátiles con unidades SSD pequeñas o equipos muy económicos en el mercado europeo puede marcar la diferencia entre seguir usando una máquina o tener que sustituirla. Y lo mismo ocurre con las restricciones de firmware y procesador: muchos PCs que no pasan el filtro de Windows 11 siguen encontrando su sitio con Ubuntu.

Canonial, además, ha querido dejar claro que no está “castigando” a los usuarios de hardware modesto. La posibilidad de instalación en equipos por debajo de la recomendación permanece, y la compañía sigue favoreciendo la existencia de sabores oficiales y derivados que cubren segmentos de rendimiento muy variados. La subida a 6 GB funciona casi más como un reconocimiento explícito de cómo usamos hoy el ordenador que como una puerta que se cierra de golpe.

Para el usuario medio en España o en cualquier país europeo que ya dispone de 8 GB de RAM o más en su portátil o PC de sobremesa, este cambio tendrá un impacto prácticamente nulo. El equipo entra de lleno en el rango cómodo tanto para Ubuntu 26.04 LTS como para Windows 11, y la decisión entre uno u otro sistema seguirá dependiendo más de cuestiones de software, privacidad, ecosistema y preferencias personales que de los requisitos de hardware en sí.

Mirado con cierta perspectiva, que Ubuntu declare oficialmente mayor consumo de memoria que Windows 11 no significa que se haya convertido en un sistema más pesado o menos eficiente, ni que Windows sea ahora la opción “ligera”. Cada plataforma aprieta en puntos distintos: Microsoft mantiene baja la cifra de RAM, pero endurece la compatibilidad; Canonical flexibiliza la instalación en equipos veteranos, a costa de reconocer que la comodidad empieza a partir de un listón algo más alto.

La fotografía que queda es la de un ecosistema de escritorio en el que todos los grandes sistemas operativos han ido elevando sus exigencias a medida que el software y los hábitos de uso se hacían más complejos. Ubuntu 26.04 LTS no rompe esa tendencia, solo la hace más explícita en un momento en el que todavía hay muchos PCs intentando aguantar unos años extra. Para quienes valoran alargar la vida del hardware, la clave seguirá siendo elegir la edición o la distribución adecuada al equipo, más que fijarse únicamente en el número que aparece en la casilla de RAM.

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