- Death Stranding 2 ofrece un apartado técnico puntero con motor Decima actualizado, Ray Tracing para reflejos y oclusión ambiental y amplia compatibilidad con DLSS 4, FSR 4 y XeSS.
- El rendimiento es excelente en una amplia gama de GPUs: desde GTX 1650/1060 y tarjetas de 4 GB con ajustes bajos y reescalado, hasta RTX 5090 a 4K con Ray Tracing y frame generation.
- El consumo de VRAM es razonable y la ocupación es en gran parte preventiva, permitiendo jugar sin problemas con 8 GB, aunque 12 GB son aconsejables para 4K con RT.
- La versión de PC destaca por su estabilidad, ausencia de stuttering relevante y menús muy completos, consolidándose como uno de los ports mejor optimizados del momento.

La llegada de Death Stranding 2: On the Beach a PC se ha convertido en uno de los lanzamientos técnicos más interesantes de los últimos tiempos. El primer juego ya era una referencia en optimización, pero esta secuela viene con una versión actualizada del motor Decima, soporte completo para las últimas tecnologías de reescalado y generación de fotogramas, y la guinda del trazado de rayos centrado en reflejos y oclusión ambiental. La buena noticia es que todo este despliegue visual no exige un equipo desorbitado para disfrutarlo con solvencia.
Aunque sobre el papel los requisitos oficiales pueden asustar un poco, las pruebas independientes dejan claro que estamos ante un título muy bien afinado para una amplia gama de tarjetas gráficas, desde las GPU más modestas como una GTX 1650 de 4 GB hasta auténticos monstruos como la RTX 5090. Además, el juego se lleva especialmente bien con las últimas Radeon de AMD, lo que equilibra bastante el panorama para quienes no están en el ecosistema de NVIDIA.
Motor Decima, versión PC y características gráficas clave
Death Stranding 2: On the Beach está desarrollado por Kojima Productions y utiliza el motor Decima de Guerrilla Games, el mismo estudio detrás de Horizon Zero Dawn. La adaptación a PC corre a cargo de Nixxes Software, un equipo con fama de mimar mucho sus ports, y aquí se nota. El título funciona sobre la API DirectX 12, incorpora mejoras visuales frente a la primera parte y añade Ray Tracing para reflejos y oclusión ambiental, aunque sin llegar al Path Tracing completo ni a reconstrucción de rayos.
A nivel visual el juego ofrece HDR, soporte ultrapanorámico 21:9 y 32:9 y un tratamiento de las cinemáticas muy cercano al cine. Las animaciones faciales y de personajes en escenas de historia son de lo mejor que se puede ver hoy en día, con texturas de altísima calidad y un acabado que roza lo fotorealista. Los entornos abiertos también ganan en densidad y diversidad respecto al primer Death Stranding, con más elementos, más situaciones y una atmósfera muy cuidada. Los interiores siguen siendo escasos y menos relevantes, pero visualmente resultan solventes.
Una decisión polémica es que las cinemáticas siguen limitadas a 60 FPS, igual que en la primera entrega. Aunque el resto del juego puede ir muy por encima, las secuencias de vídeo mantienen ese tope e incluso se han detectado algunos microparones en ellas que no parecen estar ligados a la compilación de shaders. Durante el gameplay normal, sin embargo, la experiencia es muy fluida y no se aprecian tirones relevantes.
El menú de opciones de Death Stranding 2 en PC es de los que dan gusto. Se puede elegir entre ventana, pantalla completa y pantalla completa exclusiva, algo que últimamente se echa de menos en muchos lanzamientos. Es posible activar o desactivar el V-Sync, la generación de fotogramas y las funciones de reducción de latencia de forma independiente, lo que permite ajustar el comportamiento según el tipo de monitor o el gusto de cada uno.
En el apartado visual, el juego ofrece cinco preajustes de calidad principales (desde un modo orientado a portátiles hasta Muy alto) a los que se suma la posibilidad de activar el trazado de rayos. Además se pueden ajustar parámetros como Motion Blur, profundidad de campo y otros múltiples deslizadores avanzados. Una ventaja importante es que los cambios se aplican al vuelo, sin necesidad de reiniciar el juego, lo que facilita encontrar el equilibrio deseado entre calidad y rendimiento.
Hay, eso sí, una pega notable: el título no admite resoluciones 16:10 de forma nativa. En monitores de ese formato aparecen las clásicas bandas negras arriba y abajo tanto en juego como en cinemáticas, algo que puede resultar molesto si usas esa relación de aspecto. Por lo demás, incluso con el preajuste más bajo la imagen mantiene un nivel bastante digno, lejos del aspecto borroso o pobre que se ve en otros títulos en sus ajustes mínimos.
Para visualizar el impacto real de cada nivel de calidad, algunas pruebas han empleado galerías interactivas comparando los distintos presets con y sin Ray Tracing. Tomando como referencia el ajuste máximo sin RT, bajar la calidad puede aportar hasta un 37% de rendimiento extra, mientras que activar el trazado de rayos sobre ese mismo preset conlleva una pérdida de alrededor del 33% de FPS. Es un coste aceptable para las mejoras visuales que ofrece, pero no imprescindible si tu prioridad absoluta es la fluidez.
Uno de los pilares de la optimización de Death Stranding 2 en PC es la batería de tecnologías de imagen disponibles. El motor Decima incorpora su propio sistema interno llamado PICO (Progressive Image Compositor), que actúa de base como antialiasing nativo y técnica de reconstrucción interna de imagen. No se puede desactivar por completo, pero sí se puede dejar en modo «AA nativo» para minimizar su influencia en la nitidez.
Junto a PICO, el juego ofrece soporte completo para NVIDIA DLSS 4 (incluida generación de fotogramas) y optimización con drivers NVIDIA, AMD FSR 4 e Intel XeSS, con la posibilidad de activar Multi-Frame Generation (MFG) hasta 4x en las tres plataformas. Esto significa que puedes multiplicar el número de FPS percibidos sin tocar apenas la resolución base, algo especialmente útil para exprimir monitores de alta tasa de refresco o sacar más partido a tarjetas de gama media.
En pruebas concretas, por ejemplo, una Radeon RX 9060 XT de 8 GB pasa de unos 57 FPS a 1080p nativo con calidad máxima a rondar los 78 FPS al activar FSR 4 en modo calidad. A su vez, la RTX 5090 en 4K con DLSS 4.5 y MFG x4 puede alcanzar cifras cercanas a los 280 FPS en escenarios concretos, partiendo de unos 90-100 FPS sin Ray Tracing activo. El comportamiento es sorprendentemente estable, con muy poco stuttering incluso al entrar en nuevas zonas.
Eso sí, conviene tener en cuenta que la generación de fotogramas requiere una base de FPS suficientemente alta. En pruebas con una GTX 1060 de 6 GB utilizando XeSS con frame generation partiendo de menos de 60 FPS nativos, se han observado artefactos visuales y cierta inestabilidad en la imagen. La norma general sería: si tu GPU llega de forma constante a unos 50-60 FPS sin generación, la experiencia con MFG suele ser muy buena; si te mueves claramente por debajo, el resultado puede no merecer la pena.
Uno de los miedos habituales hoy en día es si un juego «se va a comer» la memoria de la gráfica. En el caso de Death Stranding 2, las pruebas indican que la gestión de VRAM es muy razonable y no debería ser un problema para la mayoría de usuarios. Con los detalles al mínimo, el título se mueve entre unos 5,5 y 7 GB de VRAM en función de la resolución, mientras que con la calidad al máximo las cifras oscilan entre 9 y 11 GB aproximadamente.
Al activar el trazado de rayos el consumo aumenta ligeramente, pero sin descontrolarse. En un escenario exigente, a 4K con calidad máxima, Ray Tracing y Multi-Frame Generation activo, el juego se reserva algo más de 12 GB de VRAM en una RTX 5090. Ahora bien, es importante remarcar que buena parte de esa ocupación es preventiva: el motor tiende a reservar memoria «por si acaso», sin que ello implique que la esté usando de manera efectiva en todo momento.
Esto explica que tarjetas con 8 GB de memoria gráfica, como algunas variantes de la RTX 4060 Ti o de la RX 9060, puedan mover el juego sin ahogarse incluso a 4K con ajustes sensatos. En enfrentamientos directos, por ejemplo, una RTX 5060 Ti con 8 GB y otra con 16 GB muestran un rendimiento prácticamente igual a 1080p, con diferencias que solo se abren un poco al subir a 1440p o 4K con RT, y aun así nunca marcan la frontera entre «jugable» y «injugable».
Algo parecido se observa en la comparativa entre RTX 3080 de 10 GB y RTX 4070 de 12 GB: la segunda apenas saca una ligera ventaja, que a 4K incluso puede invertirse según la escena. También entre las Radeon RX 9060 XT de 8 y 16 GB vemos que las diferencias vienen más por la potencia bruta de la GPU que por la cantidad de memoria disponible. La conclusión clara es que Death Stranding 2 está muy lejos de ser un «devorador de VRAM» mal optimizado.
En 1080p, el juego demuestra que no necesita una gráfica de última generación para ofrecer una experiencia sólida. Con el preset de calidad máxima sin trazado de rayos, la tarjeta elegida en los requisitos recomendados, la GeForce RTX 3060 de 12 GB, se mueve en torno a los 46 FPS. Es perfectamente jugable, aunque no llega a los ansiados 60 FPS de media si no se toca nada.
Si el objetivo son 60 FPS estables a 1080p con todo al máximo sin RT, las pruebas marcan como punto de partida una RTX 3060 Ti, una Intel Arc B580 o una Radeon RX 9060 XT. La RX 7600 XT se queda rozando esa cifra con algo más de 56 FPS, por lo que con un ligero ajuste de calidad o tirando de FSR 4 en modo calidad se pone rápidamente en la franja de los 60.
También se ha comprobado que las Radeon RX 7000 y RX 9000 rinden especialmente bien en este título. Una RX 7900 GRE llega a superar a la RTX 3090 Ti en 1080p, pese a que en otros juegos la NVIDIA suele tener alrededor de un 20% más de rendimiento medio. La RX 9070 XT compite muy de cerca con la RTX 5080, lo que refuerza la idea de que el motor Decima está muy afinado para la arquitectura RDNA reciente.
En la gama más alta, la combinación de un Ryzen 9 7950X3D con una RTX 5090 permite jugar en 4K a 60 FPS rocosos con RT activado, y en 1080p hablamos ya de cifras muy por encima de los 200 FPS si se aprovechan las opciones de DLSS 4.5 con Multi-Frame Gen. No es un escenario realista para la mayoría, pero sirve para ilustrar que el motor escala muy bien hacia arriba y no se queda CPU-bound a la mínima.
Subiendo a 2560×1440, la carga gráfica aumenta pero el juego sigue siendo muy razonable. Con calidad máxima sin RT, una RTX 3060 de 12 GB ronda los 33 FPS, lo que deja una experiencia aceptable pero algo justa para quienes buscan una fluidez alta en todo momento. Aquí es donde el uso de reescalado (DLSS/FSR/XeSS) marca claramente la diferencia.
Para alcanzar la barrera de los 60 FPS a 1440p con todo al máximo, las pruebas sitúan como mínimo una RTX 5060 Ti de 16 GB o una Radeon RX 9060 XT de 16 GB. No obstante, para disponer de algo más de margen y evitar caídas puntuales, lo ideal sería moverse ya en el terreno de una GeForce RTX 4070 o una Radeon RX 7800 XT, que ofrecen una mezcla muy equilibrada entre consumo, precio y rendimiento.
Si activamos el trazado de rayos en esta resolución, el listón sube un peldaño. Con RT activo, se logran unos 30 FPS aproximadamente a partir de una RTX 3060 Ti, una Intel Arc B580 o una RX 9060 XT de 8 GB. Para dar el salto a los 60 FPS en esas mismas condiciones es recomendable irse, como poco, a una RTX 4070 Ti o una Radeon RX 7900 XT, que ya tienen músculo de sobra para digerir el coste adicional del Ray Tracing sin despeinarse.
Combinando Ray Tracing en 1440p con reescalado en modo calidad o equilibrado, muchas gráficas de gama media-alta logran un equilibrio excelente entre calidad de imagen y rendimiento. Es probablemente la resolución donde el juego luce mejor en relación a los recursos necesarios, sobre todo si se dispone de un monitor de 27″ o similar.
Donde realmente se separa el grano de la paja es en 4K. Con calidad máxima y sin Ray Tracing, las pruebas muestran que se alcanzan alrededor de 30 FPS a partir de una RTX 5060 Ti de 8 GB o una RX 9060 XT de 16 GB. El juego es jugable, pero quien se compra un monitor 4K suele aspirar a más que a 30 imágenes por segundo.
Para moverse en la franja de los 60 FPS en 4K sin RT hacen falta ya tarjetas como la RTX 4080 o la Radeon RX 7900 XT/9070 XT. A partir de ahí, el margen mejora de forma notable, y si además entra en juego el reescalado (especialmente DLSS 4.5 en las RTX 50 o FSR 4 en las Radeon modernas), es bastante sencillo liberar todavía más rendimiento sin perder demasiada nitidez.
Con el trazado de rayos activado a 4K, en cambio, la cosa se complica bastante. El impacto sobre la tasa de frames es notable, hasta el punto de que en el caso de la RTX 5090 el rendimiento puede caer prácticamente a la mitad frente al modo sin RT. Según los datos disponibles, la única gráfica capaz de superar con holgura los 60 FPS de media en 4K, calidad máxima y Ray Tracing es precisamente esa RTX 5090, que ronda los 78 FPS. Una RTX 4090 se queda sobre los 56 FPS, un aprobado más que digno, pero ya sin ese colchón extra.
Si aceptamos bajar el listón a 30 FPS estables con Ray Tracing en 4K, una RTX 5070 o una Radeon RX 7900 GRE son suficientes, y con la ayuda de DLSS/FSR en modo rendimiento se pueden alcanzar cifras superiores. En cualquier caso, la conclusión es que, aunque el juego escale muy bien, 4K con RT a tope sigue siendo terreno de gama muy alta.
Uno de los puntos más llamativos de las pruebas independientes es que Death Stranding 2 se defiende sorprendentemente bien en hardware antiguo. Oficialmente, los requisitos mínimos hablan de una GeForce GTX 1660 o una Radeon RX 5500 XT, pero hay testers que se han lanzado a probarlo con gráficas por debajo de ese umbral.
Con una GeForce GTX 1060 de 6 GB, por ejemplo, el juego no solo arranca, sino que es jugable. A 1080p, mezclando ajustes bajos, medios y altos y utilizando Intel XeSS en modo calidad, se han obtenido medias de unos 38 FPS. En zonas menos cargadas gráficamente el contador sube por encima de los 50 FPS, mientras que el consumo real de VRAM ronda los 4,3 GB. En nativo, sin reescalado, esa misma configuración bajaría de los 30 FPS, por lo que conviene mantener algún sistema de reconstrucción de imagen activo.
Activando la generación de fotogramas de XeSS sobre esa base, la media puede subir hasta unos 58 FPS, pero a costa de experimentar fallos visuales y cierta inestabilidad en la imagen, precisamente por partir de un framerate nativo demasiado bajo. Aun así, queda claro que los requisitos oficiales están algo inflados y que el juego es bastante más amable de lo que podrían sugerir las especificaciones publicadas.
También se ha puesto a prueba el motor con tarjetas de solo 4 GB de VRAM, concretamente una GeForce GTX 1650 (modelo GDDR6). A 1080p en calidad baja, con FSR 3.1.5 en modo calidad, el consumo real de VRAM se sitúa sobre los 2,8 GB, aunque la reserva sube hasta 3,4 GB. La RAM del sistema ronda los 6,3 GB de uso real (9,9 GB reservados). En una zona montañosa poco exigente, esta combinación rinde alrededor de 37 FPS de media, con mínimos en torno a los 28 FPS; con frame generation la media sube a unos 63 FPS y los mínimos a 48 FPS.
Probando Intel XeSS en modo calidad sobre esa GTX 1650, la media se mueve ligeramente por encima de los 39 FPS con unos mínimos de 30 FPS, lo que deja una experiencia aceptable si se prioriza fluidez sobre fidelidad visual. La conclusión: si tu gráfica de 4 GB rinde en torno al nivel de una GTX 1650 GDDR6 o una GTX 970, podrás jugar a Death Stranding 2 con calidad baja o media y reescalado sin que se convierta en un suplicio.
El Ray Tracing en Death Stranding 2 se centra en dos elementos: reflejos y oclusión ambiental (RTAO). No hay iluminación global completa por rayos, pero el salto respecto a los reflejos basados en SSR (Screen Space Reflections) de la primera entrega es considerable. Los charcos, superficies metálicas y elementos brillantes reflejan ahora el entorno con mucha más coherencia y sin esos artefactos típicos de las soluciones de espacio de pantalla.
En términos de rendimiento, el RT está sorprendentemente bien ajustado. A 1080p, la RTX 3060 de 12 GB logra unos 34 FPS con Ray Tracing activo, rindiendo incluso algo mejor que la RTX 4060 en determinadas escenas. Para alcanzar los 60 FPS con esta resolución y RT, la referencia vuelve a ser una RTX 5060 Ti de 16 GB o una Radeon RX 9060 XT de 16 GB, que aportan la potencia necesaria para compensar el coste extra de los rayos.
Al pasar a 1440p con RT, las cifras cambian: se alcanzan 30 FPS a partir de una RTX 3060 Ti, una Arc B580 o una RX 9060 XT de 8 GB. Para mantener 60 FPS en esa combinación de resolución y Ray Tracing es recomendable optar por una RTX 4070 Ti o una Radeon RX 7900 XT, que son las que mejor balance ofrecen en estas condiciones sin subir hasta las GPU tope de gama.
En la cúspide, la RTX 5090 es la única capaz de mover 4K con RT y calidad máxima por encima de los 60 FPS, alcanzando aproximadamente 78 FPS de media. En comparación, una RTX 4090 ronda los 56,4 FPS, lo que no está nada mal pero deja claro que el trazado de rayos a esa resolución y con todo a tope sigue siendo un reto incluso para las tarjetas más potentes del mercado.
Eso sí, aunque el impacto en FPS es relativamente contenido para lo que se suele ver, el salto visual del RT aquí es más bien sutil: mejora reflejos y sombras, pero no revoluciona la escena como en otros títulos con implementaciones más ambiciosas. Para muchos jugadores, sobre todo si van justos de GPU, desactivarlo y tirar de reescalado puede ser una decisión muy razonable.
Más allá de los números puros, lo importante es cómo se siente Death Stranding 2 en marcha. En este apartado, las distintas pruebas coinciden: la versión de PC es excelente. No se han detectado microparones asociados a compilación de shaders durante la partida, los tiempos de carga son muy bajos (especialmente en SSD NVMe modernos) y el frame pacing es estable, lo que se traduce en una sensación de fluidez muy agradable durante los largos trayectos que propone el juego.
Las primeras horas con configuraciones de gama alta, como la combinación de Ryzen 9 7950X3D y RTX 5090, hablan de una experiencia soberbia en 4K, con o sin Ray Tracing, y prácticamente sin tirones ni fallos de streaming de texturas. Nixxes ha afinado el motor Decima para que el streaming de datos se haga de forma suave, manteniendo la tasa de frames estable incluso al atravesar zonas complejas o al cargar cinemáticas encadenadas.
En cuanto a la jugabilidad, esta secuela mantiene la esencia de «walking simulator» del primer Death Stranding, pero con mecánicas de combate mejoradas, mapas mejor diseñados y más densidad de eventos, lo que da como resultado un mundo algo más rico sin traicionar la propuesta original. La dificultad se puede ajustar tanto al principio como a mitad de partida, permitiendo adaptar la experiencia a quienes solo quieren disfrutar del paisaje y la historia o a los que buscan un reto más intenso.
La sensación general es que estamos ante un port de PC muy cuidado, que no sacrifica rendimiento en nombre del espectáculo visual pero tampoco renuncia a sacarle partido a las tecnologías más modernas cuando el hardware acompaña. Desde equipos modestos, con algunos sacrificios en calidad y tirando de reescalado, hasta auténticas bestias capaces de mover el juego a más de 200 FPS, Death Stranding 2 consigue amoldarse sin perder su identidad.
Al final, este título se sitúa como un ejemplo de cómo debería llegarnos un gran lanzamiento a PC: amplio abanico de opciones gráficas, soporte para todas las tecnologías de resolución dinámica y frame generation importantes, consumo de VRAM contenido y una optimización sólida tanto para NVIDIA como para AMD e Intel. Si buscabas un juego para poner a prueba tu tarjeta gráfica —o para comprobar que tu vieja GPU aún puede dar mucha guerra—, aquí tienes un candidato muy serio que combina músculo técnico con uno de los apartados audiovisuales más llamativos del momento.
