Windows 11: el secreto mejor guardado para ganar velocidad

Última actualización: enero 23, 2026
Autor: Isaac
  • Actualizar Windows 11, drivers y firmware es la base para mejorar estabilidad y rendimiento.
  • Desactivar programas de inicio, apps en segundo plano y efectos visuales libera recursos clave.
  • Limpiar archivos temporales, usar Sensor de almacenamiento y cuidar la indexación acelera el sistema.
  • Plan de energía adecuado, Modo juego y, si hace falta, mejoras de RAM o SSD marcan la diferencia.

Truco secreto para acelerar Windows 11

Si notas que tu PC con Windows 11 va cada vez más lento, pesado o con tirones, no estás solo; de hecho una comparativa de velocidad muestra que en ciertos escenarios Windows 11 puede quedarse atrás. El sistema es más exigente que versiones anteriores y, cuando se junta con programas de arranque, efectos visuales y discos llenos, la experiencia puede volverse desesperante.

La buena noticia es que Windows 11 esconde varios “secretos” y ajustes poco visibles que permiten exprimir el rendimiento sin necesidad de ser un experto ni de instalar aplicaciones dudosas. A continuación tienes una guía muy completa, basada en los mejores trucos que recomiendan portales especializados y el propio Microsoft, para que tu ordenador pase de ir “a trompicones” a funcionar mucho más fluido.

Actualiza Windows 11 y los controladores antes de nada

Antes de tocar nada más, conviene asegurarse de que Windows 11 y los drivers estén al día, porque muchas actualizaciones incluyen correcciones de rendimiento y estabilidad que marcan la diferencia.

Para actualizar el sistema, abre la configuración y entra en Windows Update desde el menú de Inicio > Configuración > Windows Update. Desde ahí, pulsa en Buscar actualizaciones y deja que el sistema descargue e instale todo lo pendiente, reiniciando si es necesario.

No te quedes solo con lo básico: entra en las Opciones avanzadas de Windows Update y revisa la sección de Actualizaciones opcionales. Muchas veces ahí se esconden controladores no críticos (sobre todo de hardware) que pueden aportar un plus de compatibilidad y rendimiento.

Además de lo que ofrece Windows Update, es muy recomendable acudir a la web del fabricante de tu placa base o portátil para instalar los últimos drivers de chipset, BIOS/UEFI y controladores de la GPU integrada o dedicada, especialmente si utilizas tarjetas de vídeo de Nvidia, AMD o Intel. No olvides también los controladores de red y, si tienes problemas de conexión, consultar una solución para LAN lenta en Windows 11.

Desinstala programas que no utilizas y libera lastre

Con el tiempo, el ordenador se llena de programas que instalaste “por probar” y que ya no usas, pero que siguen ocupando espacio y, a veces, cargan servicios en segundo plano.

En Windows 11, entra en Inicio > Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas. Allí verás la lista completa de software instalado y podrás desinstalar todo lo que no necesites pulsando en los tres puntos de cada aplicación y eligiendo la opción adecuada.

Si echas en falta alguna aplicación en esa lista, puedes buscar el clásico Panel de control en el menú de inicio y entrar en Desinstalar un programa. Esa vista suele mostrar herramientas antiguas o de escritorio que no aparecen en la nueva interfaz de Configuración.

Eliminar este software sobrante, además de liberar varios gigas de espacio, ayuda a reducir procesos en segundo plano innecesarios, algo que se nota en equipos con poca memoria RAM.

Evita que medio mundo arranque con Windows

Uno de los grandes culpables de que Windows tarde una eternidad en iniciarse son los programas que se cargan automáticamente al arrancar el sistema. Muchos se autoañaden sin que apenas te des cuenta.

La forma rápida de revisarlos es abrir el Administrador de tareas con Ctrl + Shift + Esc y entrar en la pestaña Inicio o Aplicaciones de arranque. Verás una lista de aplicaciones con su impacto en el inicio (bajo, medio, alto) y podrás deshabilitar las que no te interesen con clic derecho > Deshabilitar.

Otra ruta es ir a Inicio > Configuración > Aplicaciones > Inicio. Desde ahí también puedes gestionar qué apps tienen permiso para iniciarse junto al sistema, apagando el interruptor de aquellas que no necesitas desde el primer segundo.

Céntrate sobre todo en las que aparezcan con impacto alto y en programas que solo usas de vez en cuando, como clientes de juegos, aplicaciones de edición o herramientas auxiliares. Deja activas solo las imprescindibles (antivirus, drivers de sonido o gráfica, etc.).

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Controla y limita las apps en segundo plano

Muchas aplicaciones siguen funcionando cuando las cierras, manteniendo procesos en segundo plano que consumen CPU, RAM y a veces red. En máquinas modestas, esto se nota muchísimo.

Para controlar este comportamiento, abre Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas, pulsa en los tres puntos de la app que te interesa y entra en Opciones avanzadas. En el apartado Permisos de aplicaciones en segundo plano puedes elegir que no se ejecuten nunca cuando no están abiertas.

Conviene ser selectivo: desactiva el segundo plano en apps que no requieran estar siempre activas (por ejemplo, editores, juegos, utilidades varias) y mantenlo en aquellas en las que necesites notificaciones instantáneas, como clientes de correo, mensajería o sincronización.

El “botón secreto”: Ajustar Windows para el mejor rendimiento

Uno de los trucos más potentes de todo este listado es un ajuste que muchos usuarios pasan por alto: la opción de “Ajustar para obtener el mejor rendimiento”, que desactiva de golpe la mayoría de efectos visuales y animaciones de Windows.

Para llegar a él, puedes usar el buscador de la barra de tareas y escribir algo como “configuración avanzada del sistema” o “avanzada”. Abre la opción Ver configuración avanzada del sistema. Se abrirá la ventana clásica de Propiedades del sistema.

En la pestaña Opciones avanzadas, dentro del apartado Rendimiento, haz clic en Configuración. En la pestaña de Efectos visuales, marca la casilla Ajustar para obtener el mejor rendimiento y confirma con Aceptar.

Desde ese momento Windows 11 dejará de mostrar muchas animaciones, sombras y transiciones elegantes, y se verá algo más “espartano”, pero ganarás fluidez general y algún fps extra en juegos, sobre todo en equipos justos de recursos.

Desactiva animaciones y efectos visuales desde Accesibilidad

Si no quieres ir tan al extremo, puedes afinar los efectos visuales desde la configuración moderna. Windows 11 trae animaciones, transparencias y sombras que, aunque bonitas, pueden introducir pequeños tirones o cuellos de botella.

Abre Configuración > Accesibilidad > Efectos visuales. Allí encontrarás el interruptor de Efectos de animación; al desactivarlo, se eliminan las transiciones al abrir y cerrar ventanas, moverte por la barra de tareas, etcétera, lo que suele hacer que el sistema responda con más inmediatez.

También puedes entrar en Configuración > Personalización > Colores y apagar los efectos de transparencia. Esto reduce la carga gráfica, especialmente útil si usas una GPU integrada o un equipo con poca RAM.

Si prefieres ajustar a tu gusto, vuelve a la herramienta clásica de “Ajustar la apariencia y rendimiento de Windows” (buscándola por nombre) y desmarca solo los efectos más pesados: animar ventanas al minimizar y maximizar, animaciones en la barra de tareas, sombras bajo ventanas, atenuar menús, etc.

Limpia archivos temporales, cachés y basura del sistema

A medida que usas el ordenador, se acumulan archivos temporales, restos de actualizaciones, miniaturas y cachés que pueden ocupar varios gigas y ralentizar el acceso al disco, sobre todo si usas un HDD tradicional.

En Windows 11, entra en Configuración > Sistema > Almacenamiento y pulsa en Recomendaciones de limpieza o Archivos temporales, según la versión. Desde ahí podrás seleccionar papelera de reciclaje, restos de instalaciones, archivos temporales de apps, etc., y luego pulsar en Quitar archivos.

Además, tienes el clásico Liberador de espacio en disco. Búscalo en el menú Inicio, elige la unidad del sistema, marca los tipos de archivo que quieras eliminar y, para profundizar, pulsa en Limpiar archivos del sistema. Es una forma rápida de recuperar varios gigas.

En equipos con disco duro mecánico (HDD), conviene también ejecutar de vez en cuando la herramienta de Desfragmentar y optimizar unidades, que reorganiza los datos para que el acceso sea más rápido. En los SSD no es necesario desfragmentar gracias a TRIM.

Activa y configura el Sensor de almacenamiento

Windows 11 incluye una función muy útil, poco conocida, llamada Sensor de almacenamiento, que se encarga de borrar automáticamente archivos temporales y datos prescindibles para evitar que el disco se sature.

Para activarlo, abre Configuración > Sistema > Almacenamiento y en la sección de Administración de almacenamiento enciende el interruptor de Sensor de almacenamiento. Después, entra en Configurar Sensor de almacenamiento o ejecutarlo ahora para decidir cada cuánto se limpia y qué se elimina.

Automatizar este proceso ayuda a mantener un mínimo de espacio libre, lo que repercute positivamente en el rendimiento general, sobre todo en portátiles con SSD pequeños.

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Reduce notificaciones y distracciones del sistema

Las notificaciones de Windows, navegadores y aplicaciones pueden convertir tu escritorio en un árbol de Navidad y, de paso, consumir recursos que podrías dedicar a tareas importantes.

Entra en Configuración > Sistema > Notificaciones y desactiva todas aquellas alertas que no te aporten nada: sugerencias del sistema, recomendaciones, apps que apenas utilices o que ya estén controladas por otras vías.

Conviene hacer lo mismo en los navegadores, especialmente en Chrome o Edge, que permiten a muchas webs enviar notificaciones push. Reducir este ruido ayuda tanto al rendimiento como a tu concentración.

Optimiza la energía para priorizar rendimiento

En portátiles, Windows 11 tiende a buscar un equilibrio entre rendimiento y autonomía, lo que está bien para uso ligero, pero puede limitar el potencial cuando necesitas exprimir el equipo.

Abre Configuración > Sistema > Energía y batería y revisa el modo de energía. Si necesitas el máximo músculo, selecciona un plan más agresivo o entra en Configuración de energía adicional para elegir el plan de Alto rendimiento o similar.

Desde ahí también puedes personalizar ajustes avanzados para que el procesador no baje tanto de frecuencia o para que el disco y la pantalla tarden más en entrar en suspensión mientras trabajas o juegas.

Activa el Modo de juego y optimiza gráficos por aplicación

Si juegas o usas programas exigentes, Windows 11 incorpora herramientas específicas para priorizar recursos en juegos y aplicaciones pesadas.

Entra en Configuración > Juegos > Modo de juego y activa la opción. Con ello, Windows limitará tareas en segundo plano, evitará instalar actualizaciones mientras juegas y reducirá notificaciones para dedicar más recursos a lo que importa.

Además, en Configuración > Sistema > Pantalla > Gráficos (o desde la propia sección de Juegos, según versión) verás una lista de aplicaciones. Selecciona las que quieras y cambia su preferencia de gráficos a Alto rendimiento para que usen la GPU más potente disponible.

Ten en cuenta que este ajuste puede aumentar el consumo y reducir la batería en portátiles, pero a cambio mejora los fps y la fluidez en juegos y programas gráficos.

Desactiva telemetría y opciones de envío de datos

Windows 11 viene con muchas funciones destinadas a recopilar datos de uso, diagnósticos y sugerencias personalizadas, que trabajan en segundo plano y suponen una pequeña carga adicional.

Ve a Configuración > Privacidad y seguridad y revisa apartados como General, Voz, Personalización de entrada manuscrita y escritura, Diagnóstico y comentarios. Desactiva cualquier opción que no necesites, como el envío de datos de uso, las experiencias personalizadas o la recopilación exagerada de diagnósticos.

Esto no solo ayuda a reducir procesos en segundo plano, sino que también mejora ligeramente tu privacidad al limitar la información que se comparte con Microsoft.

Revisa OneDrive, búsqueda e indexación y otras utilidades pesadas

Algunas funciones integradas de Windows, aunque útiles, pueden suponer un lastre en equipos limitados. Una de ellas es la sincronización constante de OneDrive, que puede saturar disco y red.

Si sospechas que está afectando al rendimiento, localiza el icono de OneDrive en la bandeja del sistema, haz clic y entra en Ayuda y configuración > Pausar sincronización. Puedes elegir durante cuánto tiempo pausarla y comprobar si el equipo va más suelto, o verificar la velocidad de descarga y carga para asegurarte de que la red no es el problema.

Otro gran consumidor de recursos en ciertos escenarios es el servicio de búsqueda e indexación. Windows mantiene un índice de archivos para hacer las búsquedas más rápidas, pero eso implica procesos trabajando en segundo plano.

Para desactivarlo globalmente, escribe services.msc en la búsqueda, abre la aplicación Servicios, localiza Búsqueda de Windows o Servicio de indización, haz doble clic y detén el servicio. También puedes cambiar el tipo de inicio para que no arranque automáticamente.

Si prefieres un enfoque intermedio, busca Opciones de indización en el Panel de control y desmarca solo las ubicaciones que no necesitas que se indexen (por ejemplo, Microsoft Outlook o ciertas carpetas), reduciendo el impacto sin renunciar del todo a las búsquedas rápidas.

Administra memoria, procesos y malware desde el Administrador de tareas

El Administrador de tareas es una herramienta clave para detectar cuellos de botella. Ábrelo con Ctrl + Shift + Esc y revisa las pestañas de Procesos y Rendimiento para ver qué está consumiendo CPU, memoria, disco y red.

Si ves programas que apenas usas y que aparecen con un consumo alto, puedes finalizar la tarea desde aquí, y después plantearte desinstalarlos o impedir que se inicien con Windows.

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En equipos que se han vuelto especialmente lentos sin razón aparente, no hay que descartar la presencia de virus o malware. Usa Seguridad de Windows desde Configuración > Privacidad y seguridad > Seguridad de Windows, ejecuta un examen rápido y, si es necesario, un análisis completo o sin conexión con Microsoft Defender.

Eliminar software malicioso suele suponer un salto importante en rendimiento, ya que muchos de estos programas se dedican a consumir recursos o a generar tráfico de red de forma constante.

Cuida el escritorio, la barra de tareas y los fondos

Parece un detalle menor, pero un escritorio lleno de iconos, accesos directos y archivos sueltos puede ralentizar ligeramente el inicio, ya que Windows tiene que renderizar todos esos elementos.

Procura dejar en el escritorio solo lo imprescindible y, si necesitas tener muchas cosas a mano, crea una carpeta única para agrupar documentos y accesos dentro de ella. Recuerda que puedes encontrar cualquier app desde el menú inicio escribiendo su nombre.

En cuanto a la barra de tareas, entra en Configuración > Personalización > Barra de tareas y desactiva elementos que no utilices, como widgets, botón de chat o buscador independiente. Son pequeños detalles que, sumados, reducen algo de carga.

También ayuda usar un fondo de pantalla simple. Evita fondos animados o carruseles de imágenes que cambian constantemente. Un color sólido o una imagen estática ligera requieren menos recursos, algo que se aprecia sobre todo en PCs de gama baja.

Libera memoria y mejora rendimiento con reinicios regulares

Puede sonar obvio, pero muchos usuarios dejan el PC semanas sin apagar, solo suspendiendo. Con el tiempo, procesos que se quedan colgados, fugas de memoria y servicios acumulados hacen que el sistema se vuelva más lento.

Reiniciar el equipo de forma periódica permite liberar RAM, cerrar procesos zombis y terminar instalaciones de actualizaciones que requieren reinicio. Es una de las formas más sencillas de recuperar fluidez sin tocar ninguna configuración.

Programa de terceros de código abierto: Optimizer

Si quieres ir un paso más allá sin meterte tú manualmente en cada ajuste, existe software de terceros capaz de aplicar varios de estos trucos de forma automatizada. Uno de los más interesantes es Optimizer, una herramienta gratuita y de código abierto.

Lo puedes encontrar en github.com/hellzerg/optimizer. Permite desactivar servicios de Windows innecesarios, reducir telemetría, optimizar la red, activar un modo de juego más agresivo, desinstalar apps nativas y mucho más, todo desde una interfaz centralizada.

Dado que ofrece decenas de opciones sensibles, conviene ir con calma, leer cada descripción y no marcar cosas “a lo loco”. La ventaja es que puedes aplicar cambios concretos cuando necesites un extra de rendimiento y revertirlos más tarde.

Cuándo es momento de mejorar hardware o restablecer el PC

Si tras aplicar todos estos ajustes tu ordenador sigue arrastrándose, quizá el problema ya no sea de configuración, sino de limitaciones físicas del hardware.

En equipos con menos de 8 GB de RAM, ampliar hasta al menos esa cifra (o 16 GB si trabajas con edición, juegos modernos o multitarea intensa) suele suponer un salto enorme. Y si aún usas un disco duro mecánico para el sistema, cambiarlo por un SSD es, probablemente, la mejora de rendimiento más brutal que puedes hacer.

En algunos casos extremos, puede merecer la pena restablecer Windows 11 y dejarlo como recién instalado. Desde la configuración de Sistema > Recuperación (o el apartado de restablecer este PC), puedes devolverlo a estado de fábrica, eligiendo si conservar o no tus archivos personales.

Antes de dar ese paso, eso sí, asegúrate de hacer copias de seguridad de todo lo importante en la nube o en un disco externo, porque perderás aplicaciones, configuraciones y posiblemente datos locales.

Combinando los ajustes internos de Windows 11 con buenas prácticas de mantenimiento y, cuando proceda, pequeñas mejoras de hardware, es perfectamente posible conseguir que un PC que parecía condenado a la obsolescencia vuelva a ofrecer una experiencia ágil, estable y acorde a lo que necesitas cada día, sin necesidad de cambiar de ordenador de inmediato.

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