El procesador no es compatible con Windows 11: qué opciones tienes

Última actualización: noviembre 30, 2025
Autor: Isaac
  • Windows 11 exige procesadores modernos, TPM 2.0, Secure Boot y al menos 4 GB de RAM, lo que deja fuera a muchos PCs antiguos.
  • Es posible forzar la instalación en equipos no compatibles, pero Microsoft no garantiza estabilidad ni futuras actualizaciones.
  • Si tu PC no cumple los requisitos, puedes seguir en Windows 10 un tiempo, actualizar hardware, pasarte a Linux o comprar un equipo nuevo.

Procesador no compatible con Windows 11

Cuando Windows 11 llegó al mercado, muchos usuarios se encontraron con el mensaje de que su procesador no es compatible con Windows 11 o que el PC no cumple los requisitos mínimos. Y claro, la duda es lógica: ¿tengo que cambiar de ordenador, forzar la instalación o seguir con Windows 10 aunque ya no tenga soporte completo?

En este artículo vamos a desgranar, con calma, qué significa realmente que el procesador no sea compatible con Windows 11, qué riesgos asumes si lo instalas igualmente, qué alternativas tienes (desde seguir con Windows 10 hasta pasarte a Linux o comprar un PC nuevo) y qué posibilidades hay de que en realidad tu equipo sí sea apto pero lo esté detectando mal el asistente.

¿Por qué tu PC dice que el procesador no es compatible con Windows 11?

El mensaje de que el procesador no es compatible no es un simple capricho; detrás hay una lista oficial de CPUs admitidas por Microsoft y una serie de requisitos de hardware pensados para seguridad y nuevas funciones, especialmente todo lo que gira en torno a la inteligencia artificial, Copilot y la integración con la nube.

La realidad es que Windows 11 exige, como base, procesadores Intel Core de 8ª generación o superior y AMD Ryzen 2000 o superior, siempre de 64 bits. Si tu CPU es anterior (por ejemplo, un Intel Core i5 de 6ª o 7ª generación, o un Ryzen 1000), el sistema de comprobación lo marcará como no compatible aunque, en la práctica, el sistema operativo pueda arrancar y funcionar.

Además del procesador, el sistema revisa otros puntos clave como la memoria RAM, el chip TPM 2.0, el arranque seguro UEFI y la compatibilidad gráfica con DirectX 12. Si cualquiera de estos elementos falla o está desactivado, verás el temido aviso de no compatibilidad.

Hay otro matiz importante: Micosoft ha diseñado los requisitos de Windows 11 pensando en un escenario “ideal” para ellos, con fuerte uso de la nube (Windows 365), autenticación biométrica (Windows Hello), cifrado con BitLocker y una experiencia muy centrada en Copilot y la IA. Eso hace que los requisitos de seguridad sean bastante agresivos comparados con Windows 10.

Mucha gente con experiencia en Windows desde hace décadas ha comprobado que Windows 11 puede funcionar perfectamente en equipos antiguos, incluso ejecutando programas de hace más de 20 años, pero Microsoft prefiere apoyarse en esa lista de CPUs y requisitos para marcar una línea oficial muy clara.

¿Qué ocurre si tu PC no es compatible con Windows 11?

Cuando un PC no pasa la comprobación de requisitos, lo que está diciendo el sistema es que el hardware no garantiza una experiencia estable, segura y soportada según los criterios de Microsoft. Eso se puede traducir en varios escenarios distintos, dependiendo de si intentas forzar la instalación o no.

En el mejor de los casos, si respetas las indicaciones, el asistente de actualización desde Windows 10 simplemente bloqueará el proceso y no te dejará avanzar. Es decir, seguirás con Windows 10 y no ocurrirá nada raro; el equipo no se estropea ni deja de arrancar por ello.

Si, pese a las advertencias, decides instalar Windows 11 en un ordenador que “no es apto”, puedes encontrar diversos problemas de rendimiento y estabilidad: cuelgues, ralentizaciones, drivers que fallan (sobre todo de vídeo y WiFi), funciones que no aparecen o actualizaciones que dan error.

Microsoft, en su documentación oficial, deja meridianamente claro que no recomienda instalar Windows 11 en dispositivos que no cumplan los requisitos mínimos y avisa de que, en estos casos, no puede garantizar que el equipo reciba futuras actualizaciones, incluidas las de seguridad.

Además, al forzar la instalación, durante el proceso verás un disclaimer muy claro donde se indica que el fabricante no se hace responsable de los daños que pueda sufrir el equipo por falta de compatibilidad. Es decir, si aún tienes garantía, se puede dar la situación de que el soporte oficial la rechace por haber instalado un sistema no soportado.

Errores típicos en PCs no compatibles con Windows 11

Cuando un PC intenta ejecutar Windows 11 sin cumplir los requisitos, pueden aparecer varios síntomas, algunos leves y otros bastante molestos. Entre los más habituales destacan:

  • El instalador ni siquiera reconoce el sistema operativo como instalable en tu máquina y corta el proceso nada más empezar.
  • Bloqueos frecuentes, cuelgues aleatorios y una sensación general de lentitud en tareas que antes iban fluidas en Windows 10.
  • Aplicaciones o funciones que directamente no se instalan o no funcionan, ya sea por falta de soporte de drivers o por limitaciones del hardware.
  • Actualizaciones acumulativas de Windows 11 que se descargan pero no pueden completarse, dejando el sistema en un estado raro o inestable.
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Todo esto suele intensificarse en equipos con procesadores muy antiguos (anteriores a la 7ª gen de Intel o Ryzen 1000), con poca RAM, discos duros mecánicos lentos o tarjetas gráficas sin soporte moderno de DirectX. En casos así, el salto a Windows 11 puede convertir el día a día en un infierno.

Requisitos mínimos y recomendados para Windows 11

Para entender bien dónde está el problema, conviene repasar qué pide exactamente Microsoft para considerar un PC como compatible con Windows 11. A grandes rasgos, los requisitos mínimos (y recomendados) son estos:

  • Procesador: CPU de 64 bits con al menos 1 GHz de velocidad, 2 o más núcleos y, según Microsoft, Intel Core de 8ª generación o superior, AMD Ryzen 2000 o superior, o modelos equivalentes incluidos en la lista oficial de CPUs soportadas.
  • Memoria RAM: mínimo 4 GB. Para muchas funciones avanzadas (IA, subsistema Android, multitarea intensa) es muy recomendable contar con 8 GB o más.
  • Almacenamiento: 64 GB como mínimo. En la práctica, entre sistema, actualizaciones y programas, cuanto menos de 256 GB tengas, antes te quedarás corto.
  • Firmware: UEFI compatible con Arranque seguro (Secure Boot).
  • TPM: chip o firmware TPM 2.0, o soluciones integradas en CPU como fTPM (AMD) o PTT (Intel).
  • Gráficos: compatibilidad con DirectX 12 y controlador WDDM 2.0 o superior.
  • Sistema previo: para actualizar, el equipo debe tener Windows 10 versión 2004 o posterior, y contar al menos con el parche de seguridad del 14 de septiembre de 2021 o uno más reciente.

Todos estos requisitos pueden variar ligeramente con el tiempo y según la edición concreta de Windows 11, por lo que siempre es buena idea consultar la página oficial de requisitos de Microsoft antes de actualizar o hablar con un servicio técnico especializado si tienes dudas con tu modelo concreto.

Cómo comprobar si tu PC es realmente compatible con Windows 11

Aunque el mensaje típico del asistente pueda asustar, no siempre es definitivo. Hay casos en los que Windows 11 marca como no compatible a un equipo que en realidad sí cumple los requisitos, normalmente porque ciertas funciones como TPM 2.0 o Secure Boot están desactivadas en la BIOS/UEFI.

El primer paso es revisar, uno por uno, los requisitos del sistema: procesador, RAM, espacio en disco y tarjeta gráfica. Puedes cotejar tu CPU con la lista oficial de procesadores admitidos en la web de Microsoft y verificar que tu versión de Windows 10 sea, como mínimo, la 2004 con los últimos parches.

Después, conviene usar la herramienta oficial de Microsoft para esta tarea, «Comprobación de estado del PC» o el asistente de compatibilidad de hardware, que te indicará de forma más detallada qué componente concreto está bloqueando el salto a Windows 11.

Tampoco hay que olvidar los drivers: algunos dispositivos, sobre todo de red o vídeo, pueden no tener aún soporte estable para Windows 11. Verificar en la web del fabricante si existen controladores actualizados es clave antes de dar el salto.

Por último, si todo parece correcto pero el asistente insiste en que tu PC no es compatible, es momento de entrar en la BIOS/UEFI y revisar si el TPM 2.0 y el Arranque seguro están activados.

Comprobar y activar TPM 2.0 y Arranque Seguro

En muchos equipos relativamente modernos, el problema de compatibilidad se reduce a que el TPM 2.0 o el Secure Boot no están habilitados. Es una configuración que se hace a nivel de firmware (la antigua BIOS, ahora UEFI) y que, por defecto, a veces viene desactivada.

Para acceder a la UEFI, debes reiniciar el ordenador y pulsar la tecla específica de tu modelo (F2, F10, F12, Supr, etc.). Si no la recuerdas, lo más rápido es buscar en Internet “tecla BIOS + modelo de tu placa o portátil”.

Una vez dentro, tendrás que rebuscar entre los menús de Seguridad, Avanzado o similares una opción llamada algo tipo TPM, Intel PTT, AMD fTPM, Dispositivo de seguridad o Trusted Computing. Si está en “Disabled”, cámbiala a “Enabled”.

En esa misma línea, busca la opción de Arranque seguro (Secure Boot) y actívala si aparece deshabilitada. Asegúrate de guardar los cambios (normalmente con “Save changes and exit”) para que el equipo se reinicie con la nueva configuración.

En algunos PCs es necesario, además, actualizar la UEFI/BIOS para poder disponer de TPM 2.0 o para que se active correctamente por defecto. Muchos fabricantes han lanzado firmware nuevo que añade o mejora el soporte de TPM 2.0, e incluso permite saltar de TPM 1.2 a 2.0 mediante actualización, aunque esto depende de cada modelo.

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Tras estos cambios, vuelve a ejecutar la herramienta de comprobación de compatibilidad de Windows 11. Si ahora aparece todo en verde, significa que la negativa anterior era un falso negativo y que ya puedes actualizar con relativa tranquilidad.

Instalar Windows 11 en un PC no compatible: opciones y trucos

Aunque Microsoft lo desaconseja, lo cierto es que existen varias formas de instalar Windows 11 en un equipo que oficialmente no cumple los requisitos. Esto implica asumir ciertos riesgos, tanto a nivel de estabilidad como de soporte futuro, pero puede ser una opción si quieres exprimir un poco más tu hardware.

Una de las formas más sencillas es utilizar la herramienta oficial Media Creation Tool para descargar la imagen ISO de Windows 11 y crear un pendrive de instalación. Desde esa unidad USB puedes arrancar el equipo y hacer una instalación limpia, eludiendo parte de los bloqueos del asistente de actualización.

Otra posibilidad muy extendida consiste en usar la edición del Registro de Windows durante el proceso de instalación. Cuando el instalador te indique que el equipo no es compatible, puedes pulsar Shift + F10 para abrir la consola y luego escribir “regedit” para lanzar el editor del Registro.

Dentro del Registro, hay que navegar hasta HKEY_LOCAL_MACHINE\SYSTEM\Setup y crear tres valores DWORD (32 bits) con el valor 1 llamados: BypassTPMCheck, BypassRAMCheck y BypassSecureBootCheck. Al cerrar el editor y volver al asistente, en muchos casos permite continuar como si el PC fuera compatible.

Si prefieres algo más amigable, existen herramientas como Rufus, que permiten generar un USB de instalación de Windows 11 a partir de la ISO oficial y, además, desactivar de forma automática los requisitos de TPM, RAM o cuenta Microsoft. Basta con cargar la ISO en Rufus, configurar las opciones para deshabilitar las comprobaciones y crear el pendrive.

En todos estos casos, debes tener muy presente que, al forzar la instalación, Microsoft podría dejar de enviar actualizaciones a tu instalación o incluso lanzar parches que afecten negativamente al rendimiento en equipos no soportados. El sistema puede funcionar bien hoy, pero no hay garantías a largo plazo.

¿Merece realmente la pena actualizar a Windows 11?

La respuesta depende mucho del tipo de equipo que tengas y de tus necesidades. En ordenadores con procesadores relativamente modernos (por ejemplo, Intel Core 12ª gen o similares) y buen hardware, el salto a Windows 11 suele tener sentido: mejor gestión de energía, nuevas funciones, interfaz más pulida y una base preparada para la IA.

Sin embargo, si tu PC es más veterano, aunque cumpla por los pelos los requisitos, puede que no aproveches todas las novedades de Windows 11. Algunas funciones avanzadas de seguridad, el subsistema Android o ciertas características gráficas pueden no estar disponibles o ir justas de rendimiento.

Si intentas forzar la actualización en equipos antiguos y notas que el sistema va a trompicones, que abrir y cerrar aplicaciones es un suplicio o que la interfaz va a tirones, lo más sensato es dar marcha atrás y volver a Windows 10 mientras todavía puedas.

Microsoft permite, durante un breve periodo tras la instalación, volver a Windows 10 desde la propia configuración de Windows 11. Solo tienes que ir a Inicio > Configuración > Sistema > Recuperación y usar la opción «Volver» o «Volver a Windows 10» siempre que estés dentro de la ventana de reversión (habitualmente unos 10 días).

Si ese plazo ha pasado, seguirás pudiendo regresar a Windows 10, pero únicamente mediante una instalación limpia, lo que implica formatear la unidad, reinstalar desde un USB de instalación y restaurar después tus copias de seguridad.

¿Puedo seguir con Windows 10 si mi procesador no es compatible con Windows 11?

Aunque Windows 10 haya dejado de recibir soporte general, eso no significa que tu PC vaya a dejar de funcionar de un día para otro. Windows 10 seguirá arrancando y podrás usar tus programas como siempre, igual que ocurre con Windows 7 u 8.1 a día de hoy.

Eso sí, la falta de soporte implica que Microsoft ya no corrige errores ni añade novedades, y solo en algunos casos concretos proporciona parches de seguridad críticos a través de programas especiales de “Actualizaciones de seguridad extendidas”.

Existen servicios de terceros, como 0patch y otros similares, que ofrecen actualizaciones de seguridad de pago para sistemas sin soporte, dirigidos principalmente a empresas o usuarios avanzados. Suelen centrarse en parches para vulnerabilidades graves, no en nuevas funciones.

Mientras tus programas principales (como navegadores, suite ofimática, etc.) sigan dando soporte a Windows 10, puede ser viable aguantar un tiempo más con este sistema, siempre extremando las precauciones: buenas copias de seguridad, evitar software abandonado y tener especial cuidado con correos y webs sospechosas.

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En cualquier caso, a medida que pasen los años, Windows 10 se irá volviendo cada vez más vulnerable a ataques, pues los ciberdelincuentes suelen apuntar a sistemas sin soporte donde los agujeros de seguridad no se parchean.

Actualizar hardware, pasar a Linux o comprar un PC nuevo

Si tu procesador no es compatible con Windows 11, pero no quieres quedarte anclado en Windows 10 sin soporte, tienes varias salidas antes de tirar el equipo:

Por un lado, en muchos casos es posible actualizar solo el procesador para dar el salto a una generación soportada. Por ejemplo, en ciertas placas base AM4, cambiar de un Ryzen 1000 a un Ryzen 2000 o superior puede hacer compatible el PC sin tocar memoria ni almacenamiento.

En Intel la cosa es más delicada porque, muchas placas de chipsets antiguos no soportan CPUs de 8ª generación, así que podría implicar cambio de placa base y quizá de RAM, acercándose mucho al coste de un equipo nuevo.

Otra alternativa muy interesante es instalar una distribución Linux moderna (Ubuntu, Manjaro, OpenSUSE, Debian, etc.) en equipos que se quedan fuera de Windows 11. Estas distros suelen ir sorprendentemente bien en hardware modesto y cuentan con suites ofimáticas como LibreOffice que, para muchos usos, reemplazan perfectamente a Microsoft Office.

Si tus necesidades son ofimática, navegación, correo, algo de multimedia y poco más, Linux puede ser una salida fantástica sin gastar un euro en licencias ni tener que tocar el hardware. Solo conviene comprobar si dependes de algún programa muy específico solo disponible en Windows.

Y, por supuesto, siempre está la opción de comprar un PC nuevo o un mini PC económico. El mercado actual ofrece equipos capaces de mover Windows 11 por menos de 200 euros en formato mini PC, y portátiles de gamas muy distintas que ya vienen con Windows 11 preinstalado y soporte garantizado durante años.

Probar Windows 11 en máquina virtual antes de lanzarte

Si te da respeto formatear y no tienes claro cómo se comportará Windows 11 en tu hardware, una opción intermedia es probarlo primero en una máquina virtual. Con programas como VirtualBox o VMware Workstation Player puedes instalar Windows 11 dentro de tu Windows actual.

La máquina virtual usará parte de tu CPU, RAM y disco, por lo que nunca funcionará tan rápido como en una instalación nativa. Aun así, si ves que el sistema va razonablemente fluido en la VM, es buena señal de que en una instalación real se comportará mejor.

Esta prueba no es perfecta, pero puede evitarte el caos de formatear, instalar, ver que va fatal y tener que volver atrás. Eso sí, no te olvides de hacer copia de seguridad de tus datos importantes igualmente, uses o no la máquina virtual.

Ten en cuenta que, incluso para la máquina virtual, necesitarás una clave válida si quieres usar Windows 11 de forma continuada. Para un simple test corto no suele haber problema, pero para uso diario sí hará falta licencia.

¿Qué dice realmente Microsoft sobre instalar Windows 11 sin compatibilidad?

La postura oficial de Microsoft es muy clara: no es recomendable instalar Windows 11 en hardware que no cumple los requisitos mínimos. En su propia web avisan de que pueden surgir problemas de compatibilidad, fallos de rendimiento y pérdida de soporte.

Durante la instalación, si el sistema detecta que el PC no es apto, muestra un mensaje en el que se indica que no se garantiza que el dispositivo reciba actualizaciones, incluidas las de seguridad, y que cualquier daño derivado de la falta de compatibilidad no estará cubierto por la garantía del fabricante.

Esto no significa que Windows 11 vaya a dejar de arrancar de la noche a la mañana, pero sí deja claro que estás por tu cuenta. Si una futura actualización provoca errores graves en tu equipo no compatible, puede que te toque volver a Windows 10 o buscar otra alternativa.

Por eso, incluso si decides forzar la instalación, conviene que tengas muy claro el riesgo que asumes, mantengas copias de seguridad al día y estés dispuesto a hacer marcha atrás si empiezas a notar problemas serios.

Todo se reduce a valorar cuánto te compensa exprimir un poco más tu PC actual frente a las posibles molestias de fallos, falta de soporte y pérdidas de tiempo ajustando y reinstalando sistemas. Con la información adecuada sobre procesadores compatibles, requisitos reales, trucos de instalación y alternativas como Linux o el soporte extendido, puedes tomar una decisión mucho más consciente sin ir a ciegas.